El Nobel de Medicina a investigadores de los neurotransmisores

Fue para Arvid Carlsson (Suecia), Paul Greengard y Eric Kandel (EE.UU.) Enfermos del Mal de Parkinson, principales beneficiarios de sus trabajos de años.

ESTOCOLMO (Reuters) – Un sueco y dos estadounidenses ganaron ayer el premio Nobel de Medicina 2000 por un estudio sobre la forma en que los mensajes se mueven en el sistema nervioso del organismo humano, lo que posibilita el desarrollo de fármacos para combatir el Mal de Parkinson y la esquizofrenia.

El científico sueco Arvid Carlsson y los estadounidenses Paul Greengard y Eric Kandel compartieron el premio Nobel de Medicina, valorado en alrededor de un millón de dólares.

«Estos descubrimientos han sido cruciales para entender la función normal del cerebro y cómo las perturbaciones en las señales que transmite el organismo humano al sistema nervioso pueden producir enfermedades neurólicas y siquiátricas», dijo el instituto sueco Karolinska. Los mensajes entre las células nerviosas del cerebro, que constituyen más de 100.000 millones, son transmitidas mediante impulsos generados por agentes químicos que actúan como transmisores entre puntos de contacto especiales llamados «sinapsis» entre una y otra célula nerviosa. Uno de estos «mensajeros químicos» es una sustancia parecida a una hormona, llamada dopamina, que cuando está presente en determinadas cantidades permite al cerebro funcionar normalmente.

Carlsson, de 77 años, ex profesor de farmacología de la Universidad de Gotemburgo, recibió el premio por sus estudios, comenzados desde la década de 1950, en los que demostró que la dopamina es un importante transmisor de los impulsos químicos hacia el cerebro y otros centros nerviosos del cuerpo humano.

Su investigación condujo al descubrimiento de que podría desarrollarse un fármaco eficiente, llamado L-dopa, contra el Mal de Parkinson, una enfermedad causada por la falta de dopamina en ciertas zonas del cerebro.

Greengard, de 74 años y jefe del laboratorio de Neurología Celular y Molecular de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, fue premiado por su descubrimiento sobre cómo la dopamina y otros agentes químicos sirven como transmisores de los impulsos nerviosos, explicó el Instituto en una declaración.

Greengard estudió las señales químicas que operan en el proceso de las células nerviosas llamado «transmisión sináptica lenta», que es muy importante para determinar el temperamento y la reacciones humanas ante los estímulos del medio, especialmente ante situaciones que requieren análisis y respuestas coordinadas por parte de la siquis.

La transmisión sináptica es responsable por la coordinación del discurso, el movimiento y la percepción sensorial. Los trabajos de Greengard ampliaron el conocimiento de la acción de varios fármacos sobre el sistema nervioso humano y la forma en que funcionan ciertos medicamentos antisicóticos.

«Esto hace posible que la industria farmacéutica desarrolle nuevos fármacos que colaboren a combatir las enfermedades del sistema nervioso sin afectar otros sistemas del organismo humano o a la propia siquis», explicó.

Por su parte, Kandel, de 70 años y nacido en Austria, recibió el premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos relacionados con la eficiencia de la sinapsis en la transmisión de los impulsos nerviosos y cómo estos puntos de contacto entre células pueden ser modificados para aumentar la efectividad de los agentes químicos que transmiten los impulsos.

Kandel, director del Centro de Investigaciones de Neurobiología y Conducta de la Universidad de Columbia, investigó la forma en que ciertos animales como las babosas, que tienen muchas menos células que un mamífero, desarrollan una serie de reflejos ante determinados impulsos externos, un proceso que constituye la forma básica del aprendizaje.

Kandel, utilizando la investigación llevada a cabo por Greengard sobre la acción de las proteínas en la transmisión sináptica, demostró las zonas exactas del cerebro donde están localizadas las células de la memoria y la forma en que éstas se van deteriorando, haciendo posible que se desarrollen en el futuro nuevos medicamentos para combatir enfermedades como la demencia y el Mal Alzheimer.

«Un trío formidable, muy bien escogido»

«Un trío formidable, muy bien escogido», comentó Wolf Singer, director del Instituto Max Planck de Investigaciones Cerebrales en Francfort.

Con emoción recibió el farmacólogo sueco Arvid Carlsson la noticia de su distinción. «Estoy impresionado», dijo.

El estadounidense Paul Greengard, por su parte, se declaró ayer «contentísimo» y «emocionado», pocas horas después de conocer su distinción.

Carlsson, Greengard y Kandel recibirán el próximo 10 de diciembre su diploma y medalla de oro en Estocolmo, de manos del rey de Suecia.

Los premios Nobel, que fueron otorgados por primera vez en 1901, fueron creados por el empresario sueco Alfred Nobel, quien inventó la dinamita y murió en 1896.

Hoy se darán a conocer los ganadores de los premios Nobel de Física y de Química

El argentino De Robertis fue un precursor

BUENOS AIRES (Télam).- El médico argentino Eduardo de Robertis fue uno de los precursores, hace más de cuatro décadas, de los estudios sobre células nerviosas que desarrollaron los dos científicos estadounidenses y el sueco que ayer obtuvieron el premio Nobel de Medicina.

De Robertis descubrió, en 1954, «la ultraestructura de la sinapsis y las vesículas» de las células nerviosas, que fueron trascendentes para la interpretación molecular de la trasmisión del impulso nervioso.

Estos estudios terminaron en 1962 con el aislamiento de los «sinaptomas y sus vesículas» y, en los últimos años de su vida, De Robertis se dedicó a aislar, localizar y verificar cómo era la regulación de esos receptores cerebrales.

El investigador fue considerado en ese momento como «uno de los médicos más eminentes del mundo» y su libros fueron traducidos en diversos idiomas.

A De Robertis se le adjudica haber descubierto, en esa oportunidad, «cómo se comunican las células», por lo que se supuso que podía recibir el premio Nobel. El célebre médico falleció el 1 de junio de 1988, a los 74 años.


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