El oso y el petróleo en el juego de ajedrez
COLUMNISTAS
El oso, símbolo tradicional ruso, se encuentra envuelto en un juego de ajedrez con el petróleo como arma en un tablero negro que genera peligrosos movimientos. En esta páginas advertimos (10/12/2014) que uno de los motivos de la artificial caída de los precios se vinculaba con afectar los ingresos de países con intereses contrarios a Estados Unidos. Hoy ha quedado claro que el principal objetivo de esta audaz y peligrosa jugada ha sido afectar principalmente los ingresos de Rusia (en alta proporción por exportaciones energéticas) y también los de Irán (y por extensión otros países considerados “no amigos” como Venezuela, Brasil, Siria etc.). Y es que ha vuelto a funcionar aceitadamente la alianza entre Estados Unidos y Arabia Saudita, en tanto no sólo el presidente Obama se ha jactado públicamente de las consecuencias buscadas sino que diversos reportes de prensa sitúan una reunión mantenida durante septiembre en la localidad saudita de Yedá entre el secretario de Estado norteamericano y el rey de la monarquía árabe, para ajustar los detalles de aceleración de la baja de los precios del crudo (”The Guardián”, noviembre del 2014, reiterado en “Wall Street Journal” en diciembre por el CEO de la compañía de inversiones japonesa Mitsui).
Se trata de una acelerada reacción que viene evidenciando los intereses económicos que dominan en lo que llamamos “globalización de Occidente”, donde el dólar como moneda de comercio mundial (ya resignada su función de reserva de valor) cede vigencia frente al comercio en otras monedas nacionales, junto a la consecuente pérdida de hegemonía única de Estados Unidos. En este juego-batalla los movimientos son militares (lo que implica desestabilizar, invadir y bombardear países, fabricar conflictos artificiales o enemigos con turbantes) y también económicos.
Rusia ha sufrido los embates de haber construido una alianza comercial y geoestratégica con China y pretender disputar aquella hegemonía principalmente en el Medio Oriente a través de la fuerte colaboración militar y económica con Siria, contribuyendo a impedir el derrocamiento de su gobierno. El resultado de la desestabilización de Ucrania no ha sido el esperado, tampoco las sanciones económicas aplicadas por Occidente, pero sí el golpe mediante la baja del precio del petróleo y la desvalorización de la moneda rusa (el rublo, el cual se ha depreciado casi un 40% en el último tiempo), que ha generado corridas bancarias y accionarias en la bolsa de Moscú. El Banco Central ruso ha gastado aproximadamente 100.000 millones de dólares en la defensa de su moneda, una cuarta parte de las reservas del país. Asimismo las autoridades económicas resolvieron aumentar al 17% la tasa de interés de referencia para frenar las desestabilizaciones de la moneda, medida que fatalmente allana el camino a una abrupta disminución del crédito, la inversión y consumo, con los riesgos de provocar recesión si se prolonga. Las propias autoridades rusas advierten ya una situación económica preocupante toda vez que el PIB se contrajo en un 0,50% en noviembre. Alertado sobre los riesgos de nuevas corridas bancarias, el gobierno de Vladimir Putin anunció que contempla una inyección de liquidez de cerca de 20.000 millones de dólares en un fondo de seguridad para garantizar depósitos de los ahorristas. China ha tomado nota del asunto y, si bien la baja de precios del petróleo la beneficia, sabe que las consecuencias del enfriamiento del mercado ruso, su socio, la perjudican. Por ello China anunció sobre fin de año que ayudará a Rusia de ser necesario, provocando una recuperación del valor del rublo sobre finales del año anterior. La pretensión de transformar al rublo en una moneda libremente convertible con otras a través del mercado (sin regulación estatal como sucede en la Argentina) tiene los riesgos propios de estar sometido al juego de los especuladores nacionales e internacionales. Es una lección de fuego que hay que aprender y no es fácil de sobrellevar cuando aún hoy el dólar es la moneda predominante en los mercados del dinero, de las materias primas, de los derivados, acciones, los que se encuentran altamente manipulados por los escasos grandes bancos que dominan el escenario financiero mundial.
Sin embargo, los flujos comerciales entre China y Rusia, la India y Rusia, Brasil y China, y entre otros países asiáticos comienzan a nominarse en sus monedas nacionales y se acrecientan, restando influencia al dólar. Esto significa dejar de financiar gratuitamente a Estados Unidos y restar ganancias a la empresa privada que fabrica el dólar, con las derivadas tensiones que ello genera en el mundo. El juego de ajedrez está afectando a las propias empresas de fractura hidráulica en el país del norte, que no pueden competir con los precios decrecientes del petróleo, siendo la situación financiera actual de ellas altamente delicada. Los inversores de Wall Street involucrados en el financiamiento de aquéllas comienzan a evaluar pérdida y los efectos en el mercado que la situación puede generar, no menor por cierto.
Mientras tanto, en silencio y sin publicidad en los medios occidentales, durante la tormenta que azotó a la bolsa de Moscú un desconocido fondo de inversión ha adquirido las acciones de empresas energéticas que los inversores occidentales se apresuraron a vender, con una quita superior al 30% de su valor. Hace pocas horas se conoció que el Estado ruso había comprado esas acciones, recuperando (por el aumento del rublo) ganancias de casi el 30% y activos en petróleo y gas que se hallaban en manos de inversores privados.
Asimismo Rusia ha dispuesto la venta de energía a Europa por oro físico, sin renunciar a recibir dólares por ello, en tanto durante el 2014 ha sido el país que más adquirió ese metal en el mundo, siendo el rublo la única moneda mundial 100% convertible en oro. Y en tanto el oro se mantiene artificialmente barato (la supresión del fondo de estabilización cambiaria FSE en EE. UU.) para mantener fortalecido al dólar, Rusia acumula y comercia con oro preparándose para el nuevo escenario monetario futuro, al igual que China, que agrupa cerca del 40% de sus reservas en ese metal. Mientras, los países occidentales se apresuran a ir retirando por partidas sus reservas de oro acumuladas en la Fed norteamericana, que por cierto no dispone del total recibido si se considera que las entregas se demoran incluso por años (caso Alemania).
El tiempo apremia en el ajedrez.
Darío Tropeano
Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNC
Darío Tropeano