El premio Nobel no es lo que era

Redacción

Por Redacción

El título de esta nota puede quizás confundir a alguno. Pero ocurre que no hablamos del enorme honor que siempre significa recibir el premio Nobel sino de algo distinto. El que acaba de emocionar hasta al genial Mario Vargas Llosa, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Hablamos de algo de bastante menor importancia relativa; en rigor, nos referimos al valor económico del premio. El premio en efectivo que acompaña esta importante distinción se costea con el producido de un fondo en el que hoy está invertida parte de la que alguna vez fue la fortuna de Alfred Nobel, donada en 1895. El valor de ese fondo ha caído sistemáticamente desde la década del 50. Pero lo cierto es que, ajustado por inflación, aun con esa caída hoy el fondo vale casi el doble de lo que fue la donación original. La mitad del mismo está invertida en acciones de empresas de primera línea de todas partes del mundo. El resto, en bonos de renta fija y un 28% del mismo, en propiedad inmueble y algunas otras inversiones alternativas, pese a que en su momento Alfred Nobel había instruido a sus administradores que las inversiones fueran hechas en “papeles seguros”. Hasta ahora, cada año el premio era (expresado en coronas suecas) más alto que el del año anterior. Este año, sin embargo, el importe no aumentará y será exactamente el mismo que el año pasado. Como consecuencia, cada uno de los seis premios en efectivo que se otorgan será nuevamente de 10 millones de coronas, equivalentes aproximadamente a un millón y medio de dólares. No es poco. ¿Por qué el congelamiento? Porque la crisis económica del 2008 golpeó muy duro al fondo, como a casi todos sus similares, haciéndole perder –según informa el “Financial Times”– nada menos que un quinto del valor que tenía apenas una década antes. Como consuelo, salvo los premiados suecos, quienes lo reciben este año se beneficiarán de la fuerte apreciación de la moneda sueca, consecuencia del éxito de la administración del país, ahora conservadora. Los galardonados que viven en Gran Bretaña, incluyendo el Dr. Robert Edwards, padre de la “fertilización in vitro”, por esta razón recibirán, en libras, casi un tercio más que los británicos que pudieron haberlo recibido el año pasado. Un buen incremento pese a la pérdida de poder adquisitivo de la libra. Algunos pueden suponer (después de conocidas las recientes designaciones) que la orientación conservadora de las autoridades suecas puede haber influido en lo que luce como un “sorprendente” cambio de orientación de los jurados escandinavos, porque después de haber relegado injustamente –por años– a Jorge Luis Borges acaban de adjudicar la distinción a Mario Vargas Llosa, un hombre que ciertamente no es de izquierda, y de ignorar a las Abuelas de Plaza de Mayo, pese a la monumental inversión de fondos públicos realizada por el gobierno nacional para promoverlas, eligiendo en cambio (con toda razón) al valiente disidente chino Liu Xiaobo, un tesonero campeón de la búsqueda de la libertad y un símbolo incansable de la lucha por el respeto de los derechos humanos en su país. La verdad parece ser otra. Los jurados siempre fueron (y son) independientes. Sus apreciaciones, sin embargo, tienen en cuenta las circunstancias de cada momento. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


El título de esta nota puede quizás confundir a alguno. Pero ocurre que no hablamos del enorme honor que siempre significa recibir el premio Nobel sino de algo distinto. El que acaba de emocionar hasta al genial Mario Vargas Llosa, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Hablamos de algo de bastante menor importancia relativa; en rigor, nos referimos al valor económico del premio. El premio en efectivo que acompaña esta importante distinción se costea con el producido de un fondo en el que hoy está invertida parte de la que alguna vez fue la fortuna de Alfred Nobel, donada en 1895. El valor de ese fondo ha caído sistemáticamente desde la década del 50. Pero lo cierto es que, ajustado por inflación, aun con esa caída hoy el fondo vale casi el doble de lo que fue la donación original. La mitad del mismo está invertida en acciones de empresas de primera línea de todas partes del mundo. El resto, en bonos de renta fija y un 28% del mismo, en propiedad inmueble y algunas otras inversiones alternativas, pese a que en su momento Alfred Nobel había instruido a sus administradores que las inversiones fueran hechas en “papeles seguros”. Hasta ahora, cada año el premio era (expresado en coronas suecas) más alto que el del año anterior. Este año, sin embargo, el importe no aumentará y será exactamente el mismo que el año pasado. Como consecuencia, cada uno de los seis premios en efectivo que se otorgan será nuevamente de 10 millones de coronas, equivalentes aproximadamente a un millón y medio de dólares. No es poco. ¿Por qué el congelamiento? Porque la crisis económica del 2008 golpeó muy duro al fondo, como a casi todos sus similares, haciéndole perder –según informa el “Financial Times”– nada menos que un quinto del valor que tenía apenas una década antes. Como consuelo, salvo los premiados suecos, quienes lo reciben este año se beneficiarán de la fuerte apreciación de la moneda sueca, consecuencia del éxito de la administración del país, ahora conservadora. Los galardonados que viven en Gran Bretaña, incluyendo el Dr. Robert Edwards, padre de la “fertilización in vitro”, por esta razón recibirán, en libras, casi un tercio más que los británicos que pudieron haberlo recibido el año pasado. Un buen incremento pese a la pérdida de poder adquisitivo de la libra. Algunos pueden suponer (después de conocidas las recientes designaciones) que la orientación conservadora de las autoridades suecas puede haber influido en lo que luce como un “sorprendente” cambio de orientación de los jurados escandinavos, porque después de haber relegado injustamente –por años– a Jorge Luis Borges acaban de adjudicar la distinción a Mario Vargas Llosa, un hombre que ciertamente no es de izquierda, y de ignorar a las Abuelas de Plaza de Mayo, pese a la monumental inversión de fondos públicos realizada por el gobierno nacional para promoverlas, eligiendo en cambio (con toda razón) al valiente disidente chino Liu Xiaobo, un tesonero campeón de la búsqueda de la libertad y un símbolo incansable de la lucha por el respeto de los derechos humanos en su país. La verdad parece ser otra. Los jurados siempre fueron (y son) independientes. Sus apreciaciones, sin embargo, tienen en cuenta las circunstancias de cada momento. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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