Flores: “Fue el mejor cinco que vi”

El Ruso Strack. Un día llegó desde Bahía Blanca con su fútbol de talento y entrega. Fue amor a primavera vista: aquí desplegó su magia, fue ídolo, armó su familia y sigue siendo feliz.

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Personalidad. Sus antiguos compañeros la destacan. También su sacrificio y claridad para jugar. (Foto: archivo rio negro )

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En su segunda casa. El vestuario que tantas veces transitó. (Foto: Juan Thomes )

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Uno de sus hijos sigue sus pasos en Cipo, también como volante.(Foto: juan thomes )

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Una década. El Ruso se vistió de albinegro entre 1975 y 1985.

El Ruso ya peina canas, usa anteojos para no perder el foco, corre menos que en los 80, pero aún conserva virtudes que lo llevaron a ser uno de los grandes ídolos del club Cipolletti. La humildad, los códigos de vestuario y el amor por la pelota que sigue vigente a sus 67 años. “Todos los miércoles nos juntamos a jugar. Después tenemos que hablar del partido, así que nos comemos un asado”, dice Enrique Strack, con una sonrisa jocosa y carismática, marca registrada de su personalidad.

El paso del tiempo y los achaques de la vida no repercuten en su simpatía, tampoco en el amor por Cipolletti, la ciudad que eligió para vivir y formar una familia. “Cipolletti me dio todo, pude vivir del fútbol, el reconocimiento, una familia, mis tres hijos son cipoleños”, expresa. Juan Manuel, el más joven forma parte del plantel profesional del Albinegro que está disputando el actual Federal A. Es el que más siguió los pasos de su padre, incluso juega en la misma posición: mediocampista central.

Strack nació en Punta Alta, una ciudad ubicada a unos 30 kilómetros de Bahía Blanca. Debutó muy joven en Rosario de Puerto Belgrano brillando como volante central, pero nunca se imaginó que su destino estaría ligado al Valle rionegrino y menos aun que podría vivir casi dos décadas del fútbol. “Nunca me imaginé vivir del fútbol. Era impensado. Yo enloquecía por jugar, pero no pensaba en nada más. Tampoco conocía Cipolletti. “Cuando me instalé no me quise ir más, acá tengo mi familia, mis tres hijos son cipoleños”.

Su madre falleció cuando tenía apenas 9 años y su padre se fue de la ciudad del sur bonaerense. Por eso vivía en las instalaciones del club puntaltense. Jugaba por unos pocos pesos y por un trabajo que el club le había conseguido, era administrativo.

Los que lo vieron jugar dicen que era un volante central elegante, talentoso y de gran personalidad. “Yo no sé como jugaba, te puedo hablar de mis compañeros. No había videos como ahora. Solo sé que amaba el juego”, sostiene.

Recomendado por el Bambi

La liga bahiense no tenía en aquellos años la convocatoria que había en el Valle rionegrino, pero sí la misma pasión y rivalidad. Los encuentros entre Rosario y Olimpo de Bahía Blanca eran bravos. En el equipo aurinegro jugaba Rubén el Bambi Flores, otro de los grandes ídolos de la región. “Era un jugadorazo y muy difícil de marcar, lo mataban a patadas. Eran grandes partidos”, recuerda el Ruso. Ellos no tenían buena relación, pero compartían el vestuario en la selección regional.

En una práctica de la selección, mientras Strack hacía unos ejercicios con pelota, se acercó Flores junto a Rodolfo Santángelo, directivo de Atlético Regina. “Este hombre está buscando jugadores para un equipo del Valle, necesita un mediocampista y yo te dije que te lleve a vos”. Las palabras los sorprendieron de sobremanera. “Vos me recomendaste a mí”, le retrucó, “Sí”, respondió secó el Bambi. “Buenos vamos”, respondió. Así comenzó la travesía del Ruso por la región acompañado de quien con el tiempo se convirtió en un “hermanos de la vida”. Jugaron juntos en Atlético Regina, Cipolletti y Alianza.

Alucinado con los valletanos

“Yo me volví loco cuando llegué acá. Vinimos con el Bambi Flores a jugar a Atlético Regina”. Fue la primera y única vez que el Albo rionegrino llegó a las ligas mayores. Fue en el año 1974.

El júbilo en la pequeña ciudad frutícola se hizo tan grande que el intendente de turno debió dar asueto al día siguiente. La victoria de 5 a 4 en el global ante Huracán en Comodoro Rivadavia –el gran cuco de la época– fue la máxima gloria del club.

La llegada a Regina fue gloriosa, miles de reginenses fueron a recibirlos. “Nunca había visto una cosa así. Quedé encantado, con la gente, con la pasión por el fútbol. No me quería ir más”, recuerda. Al día siguiente nadie fue a trabajar y se dio un gran banquete en la plaza de la ciudad con el plantel que había escrito la página más gloriosa del Albo.

Llegada a Cipolletti

El año 74 estaba en su ocaso, fue un calendario glorioso y feliz para Strack y para el Bambi, pero había terminado. Se fueron a Las Grutas unos días antes de volver a Punta Alta y a Bahía Blanca respectivamente. Mientras veraneaban en la costa, un agente de Cipolletti les ofreció ponerse la casaca albinegra, el Ruso no se la sacó hasta el 87, con las excepciones de su paso fugaz por Alianza y Huracán de Parque Patricios.

Su paso por el club coincidió, no azarosamente, con la época gloriosa del club. Strack jugó los seis campeonatos nacionales que disputó Cipo entre 1975 y 1985.

Como había hecho en Rosario, se instaló en la pensión del club. Recién dejó las instalaciones en el 87 cuando dejó el fútbol profesional, se casó, formó una familia y se fue a vivir a su casa sobre la calle Teniente Ibáñez, que aun conserva.

La anécdota con Alonso

“El Beto era un animal”, dice el Ruso sobre el gran Norberto Alonso a quien enfrentó varias veces en los River-Cipolletti. “Era un jugador increíble. Yo le había pedido varias veces la camiseta y nunca me se daba”.

Fue uno de los últimos partidos que jugamos en contra en el Monumental. “Yo le había dicho antes del partido de cambiar la camiseta, pero después cuando terminó me quedé con los compañeros y me olvidé. Al ratito me tocó el hombro y me dio la camiseta y quedó esperando la mía, ‘querés la mía’ dije, ‘claro’ me respondió”. La historia no quedó allí, con las casacas intercambiadas, una foto inmortalizó la imagen. “Al otro día abro los diarios y estaba la foto, yo con la de River, el Beto con la de Cipolletti”.

Lamentablemente el incendio de su vivienda consumió todos los recortes que el Ruso guardaba de esa secuencia y muchas tantas de su paso por el fútbol.

Strack ya está alejado del fútbol, sigue trabajando en un empresa de seguros y decidió dedicarse a su familia. “Si hubiese siso técnico no habría tenido familia, porque le tenés que dedicar mucho tiempo y no te queda espacio para tu gente. Yo me casé cuando dejé el fútbol, las dos cosas no se puede. Sigo siendo un loco por el fútbol y por Cipolletti”, cerró.

¿Sabías que?...

archivo rio negro

“Tenía un imán, era muy vivo y después jugaba una barbaridad. Era un fenómeno”, dice Rubén el Bambi Flores sobre su amigo y “compadre”. Se cruzaban con fiereza en los clásico de la zona sur bonaerense pero luego hicieron casi toda la carrera juntos y pusieron a sus equipos en lo más alto. “Ganamos todo lo que jugábamos, en todos los equipos que estuvimos anduvieron bien”, dice el Bambi, para muchos el mejor wing que se vio en la región.

“Si es para salir campeón voy sino me quedó acá (Olimpo)”, le dijo el Flores a Jorge Santángelo que lo quería llevar a Atlético Regina, “queremos salir campeones” le dijo el agente: “bueno para eso tenés que llevar al Ruso Strack”. Así comenzó la historia de amistad y complicidad de dos jugadores que deleitaron a todos los valletanos.

“Me acuerdo que nos vinimos en el Citroën 2CV del Ruso, tardamos como 9 horas de Bahía a Regina, pasaba un camión fuerte y se movía todo”, recuerda con una sonrisa. “Había una rivalidad cuando jugábamos en Bahía pero yo siempre lo admiré porque era un gran jugador, después jugamos juntos en Atlético, Cipolletti y Alianza”.

Los que lo vieron jugar dicen que el Bambi era un wing extraordinario, una gambeta endiablada y además tenia gol. En un duelo en la Bombonera, Enrique Hrabina, un histórico de Boca sufrió sus firuletes.

“Era muy rápido, lo pasabas y lo tenías de nuevo ahí; ese día veníamos en velocidad, yo enganché y pasó de largo. Se levantó y volvió como un toro, yo se la toqué suavecito por el costado y volvió a pasar de largo. Estábamos frente al palco de la Bombonera, yo agarré un poco de pasto y se lo tiré ‘toma, come burro’ le dije, me quería matar. De la tribuna me decían de todo. Yo me divertía, aparte para que sepan que en esta zona también sabemos jugar al fútbol”. El defensor de Boca sufrió un desgarro en el segundo enganche del Bambi Flores. Son cosas lindas del fútbol”.

Datos

“Yo quedé enloquecido con la gente de acá, por su pasión por el fútbol. No conocía Cipolletti cuando era chico; mis tres hijos son cipoleños”,
cuenta Enrique “el Ruso” Strack.
Strack jugó los 6 campeonatos nacionales que disputó Cipo entre 1975 y 1985.
“Era un fenómeno, tenía un imán, siempre estaba bien parado, recuperaba mucho y después jugaba una barbaridad”.
Rubén Bambi Flores, exdelantero de Cipolletti y otros equipos de la región.
“Al fútbol le tenés que dedicar mucho tiempo. Me casé cuando lo dejé, las dos cosas no se puede”,
explica el Ruso, que hoy
trabaja en una compañía
de seguros.

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