«El skate es un deporte, no un delito»





Cierto es que hacen ruido y que su campo de entrenamiento es la ciudad. Su indumentaria siempre aparece maltrecha porque se la dejan en el asfalto, rompen zapatillas, vaqueros y tablas durante los interminables ensayos de sus técnicas (flips, grabs, grinds, etc.).

Pero su ilusión y amor propio los hace repetir y esforzarse por dominar la tabla y volar mientras ella gira al compás de los saltos.

En general son chicos estupendos que han encontrado una forma espectacular de hacer ejercicio. El problema es que no tienen el espacio adecuado para practicarlo en la mayoría de los casos.

He visto cómo ciudadanos respetabilísimos los han insultado, amenazado con romperles las tablas y denunciado por molestar, mientras otros muchos jovencitos encajan balones de fútbol en sus balcones, corren con sus bicicletas y patines convencionales por las plazas públicas a toda velocidad o se emborrachan cada sábado con el botellón de turno en la esquina de atrás.

¡El skate es un deporte, no un delito, pero la ignorancia sí! Ése es el grito de estos jóvenes.

Y tienen razón en parte, porque el desconocimiento es el detonante principal de la mayoría de las agresiones verbales generalmente desproporcionadas.

Parece que las autoridades empiezan a tomar este deporte en serio, mientras los skaters se organizan en asociaciones para conseguir espacios donde practicar su deporte favorito y cultivar ilusiones y retos que no estén vinculadas solamente a la tevé y las consolas.

¿No es eso lo que muchos educadores y padres reclaman?

¿No podríamos echarles una mano en vez de perseguirlos como delincuentes y reclamar como ciudadanos que se les proporcionen espacios adecuados para ese deporte?

A veces me da la impresión de que muchos se olvidan fácilmente de que fueron jóvenes alguna vez.

Nicolás Scandizzo

nico.scandizzo@hotmail.com

Bariloche


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