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Las 10 ciudades más inteligentes del mundo

No son las tecnologías lo que las define aunque constituyan el medio necesario. Las “smart cities” son aquellas en las que servicios, redes, gobiernos y recursos se hallan a la medida de lo humano.



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Historia y modernidad hacen de Londres la ciudad “más inteligente” del mundo.

Historia y modernidad hacen de Londres la ciudad “más inteligente” del mundo.

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Nueva York, medalla de plata en el podio de 2019.

Nueva York, medalla de plata en el podio de 2019.

Por Luiz Henrique Zimmermann
Gerente de Ingeniería de Aplicaciones en Furukawa Electric LatAm


Volver a una ciudad “inteligente” no es solo sensores, cámaras y dispositivos que transmitan datos. La realidad de este concepto son los espacios “humanizados” que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.

Londres y Nueva York, dos ciudades altamente desarrolladas e inteligentes, se disputan en los últimos años el primer puesto en el ranking elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra, denominado “Ciudades en Movimiento” (CIMI en inglés).

Después de tres años consecutivos con Nueva York a la cabeza, Londres ha recuperado el primer puesto, seguido de Nueva York y Amsterdam. El resto de las 10 ciudades principales en el ranking general son París, Reykjavik, Tokio , Singapur, Copenhague , Berlín y Viena.

París integra el top ten de las ciudades más inteligentes.


El CIMI 2019 incluye 174 urbes que representan 80 países. Buenos Aires, única ciudad de nuestro país que figura en el estudio, ocupa el lugar 77.

El concepto

Durante los últimos años se ha difundido en diversos ámbitos institucionales la expresión “ciudades inteligentes” derivada del inglés “smart cities”.

Este concepto es una apuesta por un nuevo modelo de gestión urbana que sea capaz de responder de manera integral a las necesidades de sus habitantes en términos de movilidad, planeación urbana, gobierno, economía, energía, medio ambiente, resiliencia, seguridad, educación y salud; el eje transversal de este nuevo tipo de ciudad es la innovación y la tecnología.


En diferentes partes del mundo esta idea ha venido tomando fuerza y varias ciudades han puesto en marcha distintos planes de acción para aplicar este concepto holístico de “ciudad inteligente”.

Las grandes ciudades crecen, se modernizan y las tecnologías incorporadas a la vida urbana pueden convertir a sus habitantes en el Gran Hermano o en personas capaces de definir su propia calidad de vida.

Se define a las ciudades inteligentes como aquellas que hacen un uso intensivo de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) para crear y mejorar los sistemas que componen el ecosistema. Así desarrollan la capacidad de crear, recopilar, procesar y transformar la información para hacer sus procesos y servicios más eficientes, mejorando la calidad de vida de los habitantes y haciendo un aprovechamiento eficiente de recursos.

El indice CIMI

174 urbes
de 80 países diferentes fueron calificadas con el índice de “Ciudades en Movimiento”.
77
es el lugar que le correspondió a la ciudad de Buenos Aires en el ranking 2019.

Las ciudades son el lugar donde las relaciones humanas se expresan, donde se concretan los encuentros y las interrelaciones que dan espacio a diversas creaciones. Las ciudades constituyen sistemas sociales complejos que implican la correlación recíproca entre hombres y máquinas. Y aquí cabe aclarar que la tecnología ha sido creada como una herramienta de un gran valor, en donde los seres humanos en el siglo de los robots, tenemos que ser más humanos que máquinas.

Ciudades humanizadas

Si bien el propósito de las ciudades inteligentes es crear un entorno diseñado y enfocado en humanos, las grandes compañías de los diferentes sectores, principalmente las del sector TIC, comienzan a ser jugadoras destacadas dentro de este gran cambio tecnológico, viendo un negocio emergente de toda índole.

El hotel Marina Bay Sands, icono de Singapur, séptima en el ranking.


El camino correcto para llevar a cabo un proyecto de ciudad inteligente debe ser bajo una estrategia basada en un conjunto de buenas prácticas que apunten a transformar la ciudad actual para mejorar la calidad de vida y sobre todo llegar al balance entre la ciudad inteligente y ciudadanos inteligentes.

Y a lo que esto se refiere es a desarrollar en los ciudadanos capacidades como pensamiento racional y creatividad ya que una población racional y creativa es más propensa a utilizar la tecnología de forma correcta y capaz de imaginar nuevas herramientas, encontrar soluciones eficientes y diseñar espacios efectivos.

Los ciudadanos moldean a la ciudad al mismo tiempo la ciudad se moldea de acuerdo a las necesidades de sus habitantes, por lo que esto permite que sean dinámicas; así que si se quiere dar el gran salto hacia esta transformación, no importa cuánta tecnología se pueda instalar en la ciudad, si no se cuenta con una población inteligente no habrá un efecto inmediato.

El monte Fuji recorta, al fondo, el cielo de la tecnologizada y supermoderna Tokio.


En última instancia, las ciudades se construyen para varias generaciones y no para satisfacer los intereses comerciales de grandes compañías o de gobiernos ambiciosos que desean dejar su huella. A pesar de que una ciudad podría promocionarse a sí misma como inteligente o utilizar tecnologías innovadoras, no serviría de nada si descuida a su gente y entorno.

Soluciones que brindan soluciones


En Latinoamérica hay diversos ejemplos en marcha:

Los proyectos de movilidad eléctrica que permiten que vehículos, bicicletas y barcos eléctricos puedan ser surtidos en estaciones especiales disponibles.

También los del alumbrado público eficiente con LED, que pueden generar hasta un 69 % de economía en el consumo.

Los proyectos de medición inteligente de consumo de energía por el propio ciudadano, con la opción de elegir las horas de uso.

Además, existen los proyectos que incluyen la generación de energía renovable y su almacenamiento y los edificios inteligentes.

Una muestra de ciudades innovadoras a beneficio a los ciudadanos se encuentra en la región de Bujama, en Lima, Perú, en donde miles de plantas de lechuga brotan junto a una carretera principal gracias a una fuente de agua muy inusual: una valla publicitaria.

Proyectos de redes ópticas, las cuales ya están instaladas en varias ciudades de Latinoamérica y proporcionan una alta disponibilidad para conectar subestaciones de energía, semáforos de tránsito en regiones críticas de alto tráfico, hospitales y escuelas entre otras aplicaciones.


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