El viaje que revive la época en que las cartas llegaban en tren

Hoy se celebra el día nacional del cartero. En Roca, Juan Leiva y su sobrino Carlos trabajaron toda su vida en el Correo Argentino y recordaron con emoción las décadas de los 60, 70 y 80.




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De izquierda a derecha. Arriba: Alanis, Valenzuela, Pérez, Juan Leiva, Herrero y Morales. Abajo: Carlos Leiva (sobrino de Juan), Fernández, Echeverría, Oscar Leiva, López, Totti y Villarino. Acostados: Saavedra, Augusto Leiva (padre de Carlos) y Pellegrini.

“Un camión iba a buscar todos los días la correspondencia al tren y también iba a dejar las cartas que se enviaban de acá, después salíamos a repartirlas en bicicleta”, recordó emocionado Juan Leiva de 84 años, que trabajó más de 40 en el Correo Argentino en Roca.
El 14 de septiembre de 1771 fue declarado el día del cartero en el país. En esa fecha Bruno Ramírez fue designado como el primero en desempeñarse en este oficio que antes no existía.

Para Juan los 60’, 70’ y 80’ fueron décadas gloriosas para los carteros. En esos años el correo estaba ubicado en la esquina de avenida Roca y Tucumán.
“Lo que más me gustaba era la gente, era muy buena. A la señora Rodríguez le llevaba cartas del hijo que vivía en Buenos Aires y cuando iba a entregárselas me preparaba café con leche y pan con manteca”, dijo con nostalgia.

Juan Leiva todavía conserva fotos de esos años gloriosos. Foto César Izza

En ese tiempo además los carteros vendían rifas que enviaban de Buenos Aires o Córdoba, “cobrábamos un porcentaje, la gente nos compraba cualquier cantidad pero nunca salió un premio acá en Roca”, contó.
El uniforme incluía botines y una capa para cuando llovía. “Con lluvia o nieve las cartas se repartían igual”, expresó orgulloso.
A fin de año los vecinos le regalaban panes dulces y sidras. “Había que abandonar el reparto y dejar las cosas en la casa y volver a repartir”, mencionó.

Casi todos los días se pinchaban la bicicleta y había que parcharla. “En el barrio Norte se veía todo verde, eran rosetas que brillaban con el sol y las desparramaba el viento”, explicó.
Los carteros solían ir a la bicicletería de Juan Medina y su hermano José para que les arreglaran las ruedas.

La fiesta anual se celebraba en una ciudad diferente y se reencontraban con compañeros de la región. Iban todos en colectivo y apenas llegaban comenzaba el partido de fútbol y después asado o empanadas. “Una vez comimos unas tremendas costeletas de potro”, recordó sonriendo.

Carlos Leiva es el sobrino de Juan. Ahora tiene 76 años y a los 15 se consagró como cartero.
“Antes entrar a trabajar al correo era una cuestión familiar. Un día un compañero de mi papá fue trasladado a Neuquén y luego de enviar una carta al jefe me llamaron”, contó.
“En el correo siempre fuimos varios Leiva. Hoy todavía quedan dos”, señaló.

Carlos mencionó que los perros siempre fueron los enemigos de los carteros.
“Muchos nos encaraban, no nos quieren”, dijo.
En tercer grado la maestra preguntó lo querían ser en el mañana y el pensó “voy a ser cartero, voy a repartir cartas”. Años más tarde pudo concretar su sueño.

Carlos Leiva con los ojos humedecidos contó sus anécdotas. Foto César Izza.

La bicicleta que empezó a usar era de varón pero después la cambió por una de dama porque era mas fácil cruzar la pierna y bajar el pie.
Para el reparto la ciudad se dividía en dos jurisdicciones. De la avenida Roca hasta Stefenelli y luego desde esa misma calle hasta J. J. Gómez.
“Lo que disfrutaba era la libertad, cuando salía al reparto era un pájaro libre, una vez que trabajás en la administración es otra cosa quedás como enjaulado, siempre me gustó la calle”, dijo.

En su primer día se animó a salir solo, “antes trabajaba de cadete en una farmacia y me conocía todo Roca”, contó.
Finalmente a los 60 se jubiló pero se mantiene activo. “Los papeles se jubilaron yo todavía juega al pádel”, expresó orgulloso.


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