En busca de El Dorado
El espejo muestra un Río Negro menos brillante que el discurso oficial.
De domingo a domingo
alicia miller amiller@rionegro.com.ar
A través de una solicitada sin ninguna firma, el gobierno de la provincia de Río Negro días atrás acusó a este diario de interpretar, ocultar parcialmente y tergiversar la realidad en relación con los interrogantes planteados respecto de los acuerdos firmados por el gobernador Miguel Saiz con la empresa estatal china Heilongjiang State Farms Business Trade Group. Ayer el ministro Accatino volvió a emprenderla contra este medio. Interpretar la realidad es una actividad propia de la profesión periodística, por lo que en nada puede molestar tal imputación. En cambio, es claramente ofensivo que se atribuya a un medio tergiversar u ocultar parte de los hechos. Sobre todo cuando, como en este caso, quienes conducen la provincia han hecho ningún esfuerzo por brindar información clara y transparente sobre un tema que ellos mismos anuncian como trascendente. Ciertamente, éste y otros medios han tenido dificultades para acercar a los rionegrinos la información que le vedaban quienes tienen como mandato constitucional la publicidad de los actos de gobierno. Miente el gobierno de Miguel Saiz cuando dice que publicó los acuerdos. Y, además de despotricar contra el diario, ni la solicitada ni la nota del ministro aportan datos reveladores. Hasta el momento, casi todo lo que los rionegrinos conocen sobre los convenios firmados es lo publicado en la edición impresa de “Río Negro” y el texto completo que puso a disposición de sus lectores en la edición on-line después de obtenerlo no del gobierno sino de legisladores de la oposición. Tampoco es cierto que de los acuerdos surja que todas las tierras a las que se refieren son privadas ni que lo firmado sólo sea un marco de referencia tendiente a acercar a las partes para que negocien libremente los términos de una eventual relación comercial. Al decir eso, el gobierno omite que en uno de los anexos firmó que “brindará sin cargo alguno” tres mil hectáreas de tierra, parte de la zona portuaria de San Antonio Este y cinco hectáreas adyacentes y comprometió que una eventual terminal portuaria todavía no proyectada, evaluada, aprobada ni construida será concesionada por 50 años renovables automáticamente. Nadie podría “brindar” sin cargo algo cuya propiedad no está bajo su poder de disposición. No es verdad, por cierto, que los compromisos asumidos se ciñan al marco jurídico vigente en Río Negro, y específicamente a la ley de Iniciativa Privada Nº 3.484. Esa norma contempla que el Estado convoque a concurso de proyectos en áreas que busque desarrollar o que, en su caso, las empresas interesadas en cuestiones de interés público realicen una “oferta de particulares”, siempre que cumpla determinados requisitos y sea acompañada de una garantía de mantenimiento de propuesta no inferior al 2% del monto total de la inversión proyectada. Esa ley parte de la base de que toda contratación que realice el Estado –aun a iniciativa de un particular– debe garantizar los principios de transparencia e igualdad de oportunidades propios del Derecho Administrativo, agregando incluso la preferencia del proponente local a igualdad de condiciones en la oferta con uno ajeno a la provincia. En lugar de ello, el gobernador firmó que entrega tierras, que solventará por completo los gastos de instalación de una filial de la empresa china en la provincia, que gestionará que se la exima de impuestos y tasas a los que están sujetos otros potenciales inversores nacionales o internacionales e incluso que gestionará que pueda disponer de bienes que no le pertenecen, como las tierras privadas o el aeropuerto de San Antonio Oeste. Tales ventajas significan que la firma china corre “con el caballo del comisario” y actuarán como presión ante los productores y como un fuerte disuasivo para todo eventual tercero interesado en explotar por su cuenta o irrigar los valles de secano de la provincia. Más allá de incorrecciones idiomáticas en los textos firmados y de la ausencia de fecha cierta –sólo consta una sin ningún valor por haber sido escrita a mano y por debajo de las firmas–, cuesta comprender por qué los dos anexos son mucho más explícitos y versan sobre temas que no están incluidos en el convenio principal. Como no se conoce que tales convenios hayan sido protocolizados mediante decretos ni han sido publicados en el Boletín Oficial, no pueden ser considerados todavía actos administrativos ni de ninguna otra especie que involucren al Estado de Río Negro. Aun así, llama la atención que Saiz, un gobernador que transita el último año de su gestión, ponga por un lado un especial énfasis en presentar estos papeles como determinantes para el futuro y la riqueza de sus conciudadanos y, a la vez, se prive de explicar a los rionegrinos por qué tardó dos meses en brindar detalles de aquello que firmó en octubre en un país extranjero, sin la compañía de ministros ni funcionarios de relevancia y acompañado sólo por una persona que no tiene ninguna relación jurídica ni laboral con el Estado que conduce. Esta misma semana el presidente del Idevi, Guillermo Dietz, aseguró que no sabe a qué se refiere el convenio cuando alude a 20.000 hectáreas en su jurisdicción y duda de que estén incluidas en el programa de desarrollo que conduce. Resultaría una burla que los procedimientos administrativos que se exigen para tareas habituales como reparar un aula escolar o abastecer de insumos a un hospital no fueran tenidos en cuenta para un inmenso proyecto de desarrollo que se presenta como el más trascendente de la historia contemporánea de Río Negro. Pese a tantos, el principal interrogante es por qué Saiz sorprende ahora con un proyecto tan inconsulto como ambiguo, cuando le restan diez meses de gestión, una que –precisamente– no ha brillado por transformar la provincia en un vergel. Si no fuera por los papeles firmados, cualquiera podría suponer que se trata de un argumento de campaña. Sólo eso explicaría que no haya consultado antes con su gabinete ni con los productores que se verían beneficiados por el megaproyecto agroalimentario. Río Negro adolece de incertidumbre y de cansancio al advertir que El Dorado existe sólo en las palabras de sus gobernantes y que el espejo muestra una realidad bastante menos brillante que la que exhiben los discursos.
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