Así trabajan los traumatólogos en la región

Como en muchas especialidades médicas, los profesionales de la traumatología realizan enormes esfuerzos para capacitarse, y los avances científicos están a la orden del día.





La traumatología es, según el diccionario, “la rama de la medicina que se dedica al estudio de las lesiones del aparato locomotor. Se trata de una especialidad médico-quirúrgica, y los médicos que la practican se llaman traumatólogos”. Para Sebastián Solsona, especialista en traumatología de columna e integrante de la Asociación Civil de Traumatología y Ortopedia del Neuquén (ACTON), es algo más que ello, porque “brinda, junto a la ortopedia, mejoras en la calidad de vida de las personas; ya que puede restituir funciones perdidas, ayuda a recuperar movilidades funcionales, a aliviar dolores y a disminuir las secuelas de un trauma, todo en pos de una vida más digna”.


Darío Escobar, especialista en tobillo y pie -y también miembro de ACTON-, comenta por su parte que la traumatología no es la misma hoy que hace 20 años. En tal sentido, opina que “casi ha dejado de existir el traumatólogo general y actualmente se forman cirujanos de diferentes sectores del aparato locomotor, con nuevas técnicas y tecnologías, para ofrecer resoluciones óptimas para las afecciones puntuales de cada paciente”.

Respecto a la situación del sector en Argentina en general y la de la región en particular, Escobar desliza que Argentina no es ajena a los citados avances, y “en la zona contamos con médicos de talla mundial, con formación a la altura de cualquier profesional del resto del mundo. Ello se da gracias a la dedicación individual de cada uno y a la conectividad, la cual representa una herramienta muy valiosa”. Además, remarca que “la formación de estos profesionales requiere de una inversión económica muy grande y permanente, y se costea en dólares”.

Fabián Muñoz, especialista en cirugía de miembro superior (tanto de fracturas como lesiones músculo tendinosas y ligamentarias) y presidente de ACTON, coincide con su colega cuando señala que los profesionales de la zona “hacemos esfuerzos enormes para mantenernos actualizados, porque nuestros ingresos son muy bajos respecto a los que se perciben en el exterior, si comparan con las monedas de referencia a nivel global”.

Al hablar de los avances que ha tenido y sigue teniendo la traumatología, las soluciones también se tornan cada vez más complejas, aunque positivamente hablando. En tal sentido hoy, por ejemplo, no se trata igual una misma fractura en la infancia que en la adultez o en la vejez, debido a que “las necesidades no son las mismas y las capacidades de recuperación tampoco”, detalla Solsona. Y completa asegurando que “incluso, muchas enfermedades se tratan actualmente con un abordaje multidisciplinario, como las fracturas de columna por osteoporosis: si bien nosotros vamos a trabajar el dolor tratando de evitar la deformidad, es muy importante el rol del endocrinólogo para el tratamiento de la enfermedad de base”.


Patologías actuales



Solsona, al referirse a las afecciones típicas de los días que vivimos, afirma que “esta pandemia trajo un aumento en las consultas por varios aspectos: muchos abandonaron la actividad física, siendo esta una de las mejores medidas preventivas para el disminuir la incidencia de las cervicalgias y las lumbalgias. También aumentó el estrés, que va de la mano de la menor tolerancia al dolor, las malas posturas por tener que acomodarse al teletrabajo sin tener contar con las comodidades adecuadas”.

Y toca un punto clave: “además, daría la impresión que la juventud es más dependiente de la tecnología”, por lo que recomienda no descuidar la actividad física ya que, “como dije anteriormente, es preventiva para no tener molestias en la columna”.

Escobar, especialista en cirugías de tobillo y pie, se refiere a “una gran demanda debido a la alta práctica de deportes: la lesión traumática del tobillo es muy frecuente. Las consultas por entorsis de tobillo representan el 30 % de las patologías traumatológicas en general”. Aclara, sin embargo, que en manos de un especialista hay grandes chances de arribar a un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Las operaciones han avanzado, positivamente, en complejidad.


Solsona retoma su exposición respecto al aumento de la expectativa de vida y las mejores condiciones socioeconómicas, que requieren exigencias físicas mayores, por lo que los pacientes demandan una funcionalidad mayor a la que se pretendía en otras épocas. “Se ha avanzado muchísimo con las investigaciones en los biomateriales, en la biomecánica; y aumentaron las demandas funcionales de los pacientes que son más longevos y conllevan traumas cada vez más complejos. Por todo esto, es imprescindible subespecializarse para profundizar los conocimientos y las prácticas áreas específicas”, desliza.


Esfuerzos académicos y avances científicos



Cuando uno tiene un problema en el ojo, concurre al oftalmólogo. Cuando es por corazón, se va al cardiólogo. Cuando se tiene uno en la piel, al dermatólogo. Pero, ¿cuándo se va al traumatólogo? ”Casi ha dejado de existir el traumatólogo general” afirma Escobar; por lo que hoy, más que nunca, en esta especialidad resultan fundamentales las subespecialidades. Traumatólogos de columna, hombro, de miembro superior, de miembro inferior e incluso de manos y dedos o de tobillos, entre otros, son quienes se imponen hoy.

“En la traumatología, el hecho de contar con subespecialistas nos permite enfocarnos en el desarrollo de técnicas quirúrgicas y entendimiento de patologías específicas del sector del cuerpo en cuestión, ofreciendo al paciente un estudio adecuado, diagnóstico precoz, tratamiento óptimo, y recuperación a la brevedad, para retornar a su vida cotidiana”, agrega Escobar.


Solsona, por su parte, explica que “luego de estudiar la carrera de medicina, los traumatólogos nos formamos en una residencia de 4 años donde vemos todo de forma general. Después, quienes decidimos subespecializarnos continuamos la formación en centros específicos”. Y coincide con Muñoz, el presidente de ACTON, cuando afirma que además de los estudios, la residencia y la especialización, el traumatólogo requiere capacitación extra por la que “asiste a congresos nacionales e internacionales y debe adquirir equipamiento para desempeñarse durante y después de los estudios: lupas quirúrgicas, artroscopias, pinzas quirúrgicas, entre otros instrumentos”.

“La formación de un cirujano subespecialista se desarrolla de forma presencial con adiestramiento quirúrgico, y para ello debe trasladarse a centros de referencia”, concluye Escobar. Y para el cierre acota que “además, se suma la incorporación de material científico en forma constante, que gracias a la conectividad es posible acceder para estar en la vanguardia con la información mundial”.


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