El artista de Cervantes que transforma hierros viejos en obras de arte

Hasta hace apenas tres años, Federico Leal se dedicaba a cultivar huertas orgánicas, en Cervantes. Pero un viaje a El Bolsón cambió todo. Y ahora, este joven se dedica a reciclar restos de hierros para hacer con ellas piezas únicas.





El ingenio es el mejor complemento para el arte y así lo demuestra en cada trabajo que hace Federico Leal, un joven de 30 años, oriundo de Cervantes. La habilidad del artesano es admirable en cada detalle de sus creaciones implementando el reciclado de todo tipo de materiales metálicos.


Desde herramientas presas de la corrosión y el tiempo, hasta unos trozos de barras de hierro torsionado que, sumado a un mandril de algún taladro desechado y un rulemán terminaron por ser piezas fundamentales para crear las características de una abeja, por ejemplo, consecuencia de una formidable combinación de una imaginación inteligente en la integración útil de cada figura.

No solo se trata de tuercas y restos de bujías viejas, también restos de cacharros metálicos y fierros sirven y se transforma en las manos de Leal. Lo que hace es digno de admiración por su crecimiento y porque el arte, sin dudas está presente apostando cada vez en creaciones más jugadas.

Así, cada pieza elegida determina un punto maravilloso de la estructura, soldada con minuciosa paciencia y donde las manos del artesano despliegan su talento, innato en él.

En su creación más reciente, un rulemán encaja perfecto marcando las ojeras, como detalle en la silueta de la cabeza del equino. Unos centímetros más arriba, un par de cilindros forman los ojos que parecen cobrar vida y tener una mirada propia, entre las crines que caen en manojo de cadenas oxidadas.

Un rastrojero, hecho con dedicación y detalle.


En la parte del cuello, un candado inútil, resortes y algún repuesto de vaya a saber de qué, dan como resultado de un trabajo fabuloso.

Esta pieza, a la que Federico bautizó como Máximo alcanza una altura de unos 60 centímetros.


El viaje que cambió todo



El asunto es que este joven de Cervantes que, hasta hace apenas tres años, se dedicaba a cultivar huertas orgánicas y a realizar trabajos en la chacra de esa misma localidad, cambió después de un viaje. Él, que jugaba crear figuras humanas en miniaturas que, hizo un viaje a El Bolsón, y allí encontró el incentivo de reciclar y realizar figuras de hierro.

Leal también recuerda que en sus comienzos no sabía soldar y tampoco contaba con una soldadora, entonces se las ingeniaba formando figuras atadas con alambre prolijamente.

Luego, un amigo le prestó una máquina común de soldar y así empezó a dar los primeros puntazos.

“Al principio eran tuercas de diferentes tamaños, la más gruesa o de mayor tamaño, la destinaba para formar el torso de una figura humana, las más pequeñas las dejaba para el resto de las extremidades”, comentó el muchacho a RÍO NEGRO, que además recordó que “el primer objeto que hizo con soldaduras fue un pescador con bujías y tuercas”.

La abeja nacida de un rulemán, trozos de barras de hierro, el mandril de un taladro y mucha imaginación.


Hoy, Federico Sebastián Leal tiene 30 años y se dedica en tiempo completo a las artesanías.

Por el crecimiento que demuestra en sus obras, tiene gran demanda y encargues de todo el país. “Ahora los puntazos de soldadura deben ser justos y precisos. Dedico mi tiempo completo porque es el trabajo que me gusta y me apasiona”, expresó Leal.

Dentro de su forma de trabajo, Leal asegura que solo repite figuras por pedidos de la gente. En esos casos, sigue una misma metodología de trabajo, mientras que en el resto de las creaciones las va incorporando sobre la marcha, a medida que va observando los objetos que dispone y respetando las formas de cada pieza que tenga para trabajar.

Leal también manifestó que no le gusta el arte muy rústico, por esta razón se esmera en que cada creación que él realiza, con rostros y figuras definidas.

“Soldar, unir piezas de cosas que estén tiradas y hacer algo que a la gente le guste. Me llama mucho la atención los fierros y las formas que tienen y en base a eso: crear”, acotó. Los precios de las obras varían y van desde 500 pesos en adelante.

En primer plano, una recreación de Wall-E


Según Leal, es muy poco lo que fabrica por pedido, ya que siempre trabaja a su gusto y también depende mucho de encontrarse de buen ánimo para después volcarlo en cada obra.

Cada pieza necesita su tiempo de dedicación. Como cuenta Federico, muchas veces depende de la estructura de cada creación, y otra de la búsqueda de los materiales.

Su próximo proyecto es buscar un lugar fijo y propio, además de contar con todas las herramientas donde pueda darle forma a un buen taller, ya que por ahora solo cuenta con una soldadora común, una amoladora pequeña y un cepillo que inventó con un motor de un secarropas en desuso, por lo que ayudaría mucho poder comprar una soldadora más moderna, manifestó.

Su sueño a cumplir en poco tiempo es volver, junto con su compañera de vida, al lugar que fue su inspiración para este camino que eligió y participar con sus creaciones siendo uno más, entre los artesanos de El Bolsón.

En cuanto a los materiales para trabajar, la mayoría de las piezas que usa vienen de la recuperadora de Gómez y también cuenta con muchísima gente que se acerca a donar, que por pocos restos de hierros retorcidos que sean, siempre son de gran utilidad.

Un set completo de tractores y maquinarias, hechos todos a partir de restos.


Actualmente, el kilo de hierro oxidado que se vende como chatarra y roto tiene un valor en el mercado de $ 120.

“Cada vez que voy a comprar, me sale alrededor de $ 5000”, señaló y sostuvo que cualquier “cosita” refiriéndose a restos de hierros que le regalen es “bienvenido, como en muchas ocasiones que hacen limpieza de talleres y llaman para donar el material”.

Federico Leal junto a una de sus creaciones.

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