Hoy se arma el árbol de Navidad: ¿a qué se debe esta tradición?

Como todos los 8 de diciembre, comienzan a armarse los arbolitos de Navidad, que se mantendrán intactos hasta el 6 de enero. ¿Cómo comenzó la tradición? ¿Qué significan los adornos?





Guirnaldas en un costado. Luces verdes y rojas enrolladas en una cajita. Una estrella dorada, algunos renos y algún Papá Noel de peluche. Los adornos de distinto color, la ayuda de toda la familia y un clima que nos anticipa la unión que viviremos en las Fiestas.


Armar el arbolito navideño es todo un ritual, y como ya es costumbre, uno que comienza el 8 de diciembre y hace las veces de inauguración cuasi formal del fin de año.


¿Cuándo y cómo surgió esta costumbre?



Hay que remontarnos a varios siglos atrás para entender esta tradición, que curiosamente está más ligada a cuestiones paganas que a la religión católica, como comúnmente se podría creer. Ya desde el siglo VII a. C. existen escritos que hablan de leños y afirman que “con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva”, como expresa el profeta Jeremías. O, como bien afirmara Tertuliano en el siglo II d. C., hablando de los cultos romanos paganos que colgaban laureles en la puerta de sus casas. En una línea similar estaban aquellos romanos que adornaban las calles en los Saturnales (la gran fiesta de Roma en aquellas épocas) o los celtas que, en el solsticio de invierno, decoraban robles con frutas y verduras. Y he aquí una primera pista de por qué esta figura de la “decoración del arbolito” va más allá de Navidad: el árbol ha representado, desde hace siglos, a la fertilidad y la regeneración.

Esto también tiene que ver con la mitología nórdica, que considera al Yggdrasil (un fresno perenne) como el árbol de la vida, con ramas que unen los distintos mundos y raíces de las que se desprende el conocimiento. Aquel fresno, según contaba el mito, contaba con 9 mundos; y ya desde hace siglos que se lo celebraba adornando un árbol. Es por eso que, ante la llegada de los primeros cristianos al norte de Europa, fueron descubriendo como varios habitantes llevaban a cabo este ritual con la intención de homenajear a Frey, el Dios del Sol y la Fertilidad. No solo eso, la fecha de la celebración se aproximaba bastante a la que utilizamos para festejar la Navidad, y era una que seguramente les sonará: el 8 de diciembre, la fecha que hoy usamos para armar el árbol.

El árbol en el Centro Cívico de Bariloche, una costumbre de todos los años.


Fue cuestión de tiempo para que el cristianismo avanzara en esas tierras, y en la conversión muchos pobladores sostuvieron su costumbre, aunque con un radical cambio de significado: adorar el nacimiento de Cristo. Hay un caso puntual que se toma como el antecedente del “primer árbol de Navidad” y ocurrió en el siglo VIII, durante la evangelización de Alemania. Según cuenta la leyenda, en la región de Hesse (zona central germana) había un roble muy significativo, que estaba dedicado a adorar a Thor cada invierno. Sin embargo, el misionero Bonifacio decidió talar el árbol delante de todos los pobladores y, luego de leer el Evangelio, les ofreció un abeto (de la familia del pino) como una señal de paz. Al ser un árbol perenne, decía que sus hojas siempre verdes representaban “la vida eterna”.

Las primeras decoraciones estaban conformadas por manzanas y velas, en representación del pecado original y la luz de Jesús. Y allí empezó a hacerse una tradición que la gente talara un pino y se colgaran en los techos en aquella época. El primer antecedente de haber puesto un pino a disposición del público en una plaza es motivo de discusión entre las ciudades de Tallín (en Estonia) y Riga (en Letonia), que dicen ser las primeras, en un período entre 1441 y 1510. En muchos casos, aquellos primeros esbozos del arbolito navideño -aún con otro significado- terminaban con el pino en cuestión prendido fuego, con danzas alrededor.

El árbol de Navidad como lo conocemos actualmente, con este significado, estas tradiciones y esta decoración, tuvo su primera presentación en Alemania cerca del 1605, con la intención de acompañar la decoración en la época invernal de fiestas. Con el correr de los años se fue extendiendo, primero a Finlandia, luego a Inglaterra y luego otros países europeos. Con la globalización, lógicamente, la costumbre se extendió mucho más allá y llegó a cubrir todo el mundo. En nuestro país, por ejemplo, uno de los primeros antecedentes fue en 1807, tras la llegada de un irlandés a nuestro país, que decidió armar el árbol en una plaza.


¿Por qué se arma el 8 de diciembre?



A aquel homenaje a Frey, que se realizaba el 8 de diciembre, se le suma también la otra parte de la celebración. Es que en 1854, el Papa Pío IX proclamó que María (la madre de Dios) fue preservada del pecado original desde el primer instante de su existencia.

A esto se lo conoce como el “Día de la Virgen Inmaculada Concepción”, y el cristianismo impulsó a que el árbol comience a armarse para homenajear esta fecha. No solo eso: se mantiene el arbolito armado hasta el 6 de enero, el “Día de Reyes Magos”, otra tradición cristiana.


¿Cuáles son los elementos decorativos?



Son varias las decoraciones típicas del arbolito, y todas tienen una explicación. El elemento más significativo, sin dudas, es la estrella, que se coloca en la punta del árbol. Suele ser una estrella dorada, y representa la estrella de Belén, cuyo significado era guiar la vida de los cristianos.

También están las esferas o bolitas navideñas, que son de distintos colores y materiales, y que suelen colgarse en distintas ramas. El antecedente de esta decoración fueron las manzanas, que Bonifacio utilizó para simbolizar las tentaciones y el pecado.

Respecto a las luces intermitentes, que también pueden ser de varios colores (están las enteramente amarillas, o las multicolor), son el reemplazo a lo que en algún momento fueran las velas, que simbolizaban la luz de Cristo para iluminar a los fieles y “evitar el camino del pecado”.

La decoración que hoy conocemos tiene antecedentes de hace varios siglos.


Las guirnaldas y los colgantes (Papá Noel, los renos, los elfos, los regalitos) ya tienen más relación con una cuestión de consumismo y decoración con el correr de los años. Lo mismo sucede con los regalos bajo el árbol, algo que llegó con los años aún cuando en Belén se llevaba a cabo esta metodología para atraer buena suerte de cara al siguiente año.

El árbol en cuestión es también un tema. Antes eran pinos talados, una tradición que aún continúa en algunos países (Estados Unidos entre ellos), pero alrededor del mundo se imponen cada vez más las alternativas artificiales: pinitos de plástico, de metal, de madera, minimalistas y hasta algunos súper originales.

Y vos, ¿ya armaste el arbolito? ¿Ya tenés la decoración preparada? Recordá que, según antiguas leyendas, llevar adelante esta tradición el 8 de diciembre también trae buena suerte…


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