EN CLAVE DE Y: Realidad virtual

Por Redacción

Otra vez. El moderado chorro que estaba durando un rato, ya se estaba poniendo un hilito. Y eso que la funcionaria había dicho, un rato antes, que el servicio estaba normalizado… políticos. Debería agarrar el teléfono y llamar y contarles cómo estaba normalizado. Aunque… ¿para qué? Cerró la canilla. Aguanten plantitas, aguanten que el fin de semana dicen que va a llover…

Así que entró de nuevo a la casa. Un horno. ¿Y si se daba una ducha rápida? Un poco de agua corriendo por la piel lacerada, castigada por días y noches de terrible calor… Mejor no, decidió, los chicos y el Mario ayer no se pudieron bañar. Ella sí, a la madrugada. Pero algo de ropa tengo que lavar, algo, lo indispensable, decidió, mientras sus piernas se adelantaban y sus brazos levantaban el canasto repleto y sus manos seleccionaban. A ver…

«…Informe exclusivo: el mundo alternativo en internet. El nuevo desafío de la educación… millones de jóvenes… todo el día… cuadros psiquiátricos graves…». Esos sí que son problemas, reflexionó, dando gracias a Dios porque el sueldo del Mario no daba para internet, y eso que los chicos insistían, insistían, vivían pidiendo plata para el cíber, para colmo abrían uno detrás de otro. Sus manos, independientes de su razonamiento, pasaban de la una a la otra el equipo de Julio (roñoso como siempre), las remeras de las nenas, (y Lily justo con la menstruación y tan descuidada con las bombachas, esto es un asco), y todo fue a parar a la pila de lavado.

¡Qué cosa que era el progreso! Su sencilla realidad se estremeció ante tamaños problemas. Al final, tanta guita, tantos gustos y para qué… ¿¿¿sexo virtual??? ¿Qué estaba diciendo ese tipo? Dejó la pila de ropa dentro del lavarropas y levantó el volumen. «La satisfacción que obtienen es similar al contacto físico, con la ventaja de que no corren ningún riesgo… personalidades alteradas…». ¡Vaya por Dios! ¡Con una máquina! Pervertidos, rezongó, mientras volvía al lavarropas. Un tímido hilito intentaba cubrir el somero montón declarado prioritario.

¿Sigo? ¿No sigo? Y si empiezo a mano por las dudas… recordaba las instrucciones: no podía funcionar con poca agua. Las manos, que revolvían las prendas mojadas, se convirtieron en dos puños apretados, como los dientes, como la panza, como el corazón. Una oleada de furiosa angustia la alcanzó.

No puedo más, dijo su alma. No puedo más. Todos descansan en mí, la nena podría llevar sus porquerías a lo de esa amiga ricachona, pero claro, a la señorita le da vergüenza que sepan que no tienen agua pero no le da vergüenza que la madre refriegue sus bombachas.

Y el Mario… aquí su resentimiento subió un punto. Podría hablar con ese amigo que tiene en donde está el asunto del agua, podría pedirle que lo solucione de alguna manera, algo… el Mario, tan… honesto.

Mientras rumiaba, el televisor la aturdió. La propaganda la golpeó. Miles de gotas resplandecientes resbalaban por esos cuerpos preciosos, frescos, millones de gotas, agua, agua convirtiendo esa botella en la vertiente, tan hermosa, tan helada, minas abriendo heladeras repletas en cocinas relucientes, agua, mucha agua..

«Cambiá tu realidad», gritaba exaltado alguien feliz, mojado, refrescado… hijos de puta, susurró mientras algunas lágrimas se iban al lavarropas, me mezclaban con las últimas gotas que manaban de un tanque agotado. Hijos de puta, se apoyó en el lavarropas, hijos de remilputa, se deslizó hacia el suelo, hijos de remil…

Se acurrucó en las baldosas calientes y gritó más fuerte que la tele una especie de rugido que se convirtió en ella misma, invadió su mente, se quedó allí. Una nueva realidad, blanda y fresca, la recibió generosa.

 

MARIA EMILIA SALTO

bebasalto@hotmail.com