“En honor a un guerrero de la vida”

Por Redacción

Genarito nació el 24/10/13, el día en que cumplía 39 semanas, en el hospital zonal Chos Malal. Ingresé a parto a las 11:45 con dilatación completa y contracciones muy seguidas e intensas. Atendieron un parto y una posterior cesárea Dardo Doracio y Néstor Crichton. Comencé a pujar y pasados unos minutos notaron que los latidos del bebé estaban bajos, los escucharon con el estetoscopio de Pinard y nos dijeron que el canal de parto era estrecho y no podía pasar, no podía encajarse. En un momento Doracio me hizo unas maniobras de presión en la panza, a la par que vino la contracción e hice el pujo; mientras, Crichton ayudaba a abrir el canal de parto. En ese momento sentí un fuerte dolor, un solo movimiento más del bebé, y cesaron las contracciones. Finalmente decidieron pasarme a una cesárea. En el quirófano me anestesiaron y cortaron inmediatamente. Sentí el dolor claramente. Uno de los médicos dijo: “Se rompió el útero”. No supe qué significaba; recién dimensioné la gravedad de lo que sucedía cuando sentí que sacaban al bebé… no lloró, no me lo mostraron, nada. El horario de nacimiento fue a las 13. Recuperé el recuerdo cuando estaba ya en la sala de internación y la vida se nos había destrozado por completo por el desastre que acababan de provocar. Leyendo, investigando, consultando, supe que la presión realizada en la panza se llama “maniobra de Kristeller” (presión en el fondo uterino durante el parto) y es una práctica que está en desuso, que no se puede realizar de ninguna manera a una mujer con cesárea previa, y yo tenía cesárea de mi hijo anterior. La OMS considera que no debería realizarse por los graves riesgos que puede causar. Por otro lado, la ruptura uterina es la complicación más grave del parto; la mayoría de las mujeres no logra superarla o pierde el útero por la gran hemorragia que provoca. Estoy segura de que el fuerte dolor que sentí fue precisamente la rotura del útero, por eso ya no hubo contracciones. No diagnosticaron la ruptura uterina hasta el momento de la cesárea; en ese tiempo nuestro bebé se quedó sin oxígeno y se asfixió al aspirar la sangre que yo perdía. Como era de esperar, no hay registro de esta maniobra en mi historia clínica… ¡justo eso olvidaron escribirlo tanto la parte médica como la de enfermería! Sin embargo, son muchas las personas que estuvieron presentes y que saben cómo se desarrolló todo y en qué tiempos: médicos, enfermeras, Camila, una estudiante que presenciaba el parto… todos tienen la obligación profesional y moral de decir la verdad sobre lo ocurrido o bien optar por vivir con eso en su conciencia. Genaro nació en paro cardiorrespiratorio y fue derivado con respiración asistida, muy grave, a Neuquén. Permaneció tres meses internado; estuvo dos meses en coma profundo, nunca lloró ni se movió. Pasó por infinidad de procedimientos, invasiones a su cuerpito, infecciones, estudios, pinchazos, punciones, cuadros febriles interminables, descompensaciones… Lograron desintubarlo luego de dos intentos en los que entró en paro; aun así, el diagnóstico fue terrible: encefalopatía hipóxico-isquémica, con daño neurológico severo y sin ningún tipo de actividad cerebral. Pudo respirar solo pero con el paso del tiempo desmejoró y requirió oxígeno en forma permanente. Se alimentaba por sonda, sólo con leche (los tres primeros meses exclusivamente con mi leche, que brotaba en abundancia); tenía traqueotomía y requería aspiraciones en forma permanente. Pudimos empezar a notar cuándo estaba dormido y cuándo despierto, a pesar de que nunca parpadeó. A través de las secreciones y lágrimas manifestaba aquellas cosas que le generaban displacer; aprendimos a conocerlo, a interpretar las mínimas señales que daba. El día que cumplió tres meses volvimos a nuestro lugar. Llegamos al mismo hospital donde todo había ocurrido y fue muy duro, una mezcla inexplicable de dolor, impotencia, frustración, angustia. ¿Los médicos? Nunca explicaron, nunca llamaron, nunca se preocuparon ni ocuparon, nunca se humanizaron. Cuando pedimos explicaciones sólo recibimos evasivas, excusas, menosprecio ante nuestra desgracia, ante nuestro dolor. Pero al guerrero de la vida su frágil cuerpo ya no pudo sostenerlo y con once meses recién cumplidos emprendió su vuelo. Irónicamente fue el único momento en que pude tenerlo en brazos, acariciarlo, besarlo sin urgencias… que no lo tuve que dejar para aspirarlo, nebulizarlo, reanimarlo, cambiarle la sonda o la cánula. ¡La expresión en su pequeño rostro era de paz, de alivio! Esa noche por primera vez pudo descansar. Aunque este dolor desgarre sabemos que ahora es libre, que ya no siente dolor. A esta altura sólo pedimos fortaleza y entereza para seguir, para superar las frustraciones de los sueños no realizados, de las ilusiones perdidas, para curar las heridas… y para nuestros verdugos, justicia divina, el deseo de que la conciencia nunca más les permita dormir una noche tranquilos. Fuiste un guerrero incansable, mi ángel; nos enseñaste de fortaleza, de lucha, de coraje… pero sobre todo del amor más puro e incondicional. Te vamos a extrañar tanto… Vuela alto y descansa en paz, precioso, el más precioso de los preciosos. Verónica Gutiérrez, DNI 27.994.190 Cristian Calzolari, DNI 22.384.243 Chos Malal

Verónica Gutiérrez, DNI 27.994.190 Cristian Calzolari, DNI 22.384.243 Chos Malal