Argentina se consolida en el almacenamiento energético aún con una hoja de ruta pendiente
El país dio un salto con la licitación AlmaGBA y empieza a escalar proyectos de almacenamiento energético, pero el avance técnico y el interés inversor contrastan con la falta de un marco regulatorio integral y señales financieras estables que permitan consolidar el despliegue de BESS a gran escala.
El Libro Blanco de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) presentó un diagnositco reciente donde consigna que Argentina en 2025 pasó de iniciativas puntuales a una licitación de escala -AlmaGBA- que coloca al país en la categoría de “caso emergente en marcha” y le da músculo práctico al debate sobre BESS y bombeo hidráulico. Este análisis demuestra que Argentina ya no está solo en el mapa de la región como espectador del despliegue de almacenamiento energético.
El diagnóstico de OLADE resume los avances concretos: a junio de 2025 Argentina tenía reportados 17,5 MW de BESS operativos y 974 MW de capacidad de bombeo hidráulico, además de los primeros proyectos híbridos (solar + almacenamiento) en licitación. Esos números muestran que la matriz cuenta con activos relevantes, principalmente en los hidráulicos, y que la batería está dejando de ser solo piloto.
El hito más visible es la licitación AlmaGBA, destinada a instalar 500 MW en nodos críticos del Área Metropolitana de Buenos Aires. Tras la apertura de sobres en julio 2025 se presentaron 27 propuestas por un total de 1.347 MW y un compromiso de inversión superior a 1.000 millones de dólares.
El primero de septiembre la Secretaría de Energía informó la adjudicación por 667 MW (con posibilidad de sumar 222 MW adicionales) y una inversión del bloque adjudicado que supera los 540 millones de dólares, con plazos operativos de 12 a 18 meses. Esa operación funciona además como prueba de mercado para contratos de largo plazo y garantías institucionales.
Desafíos visibles
Existen dos nudos críticos para consolidar el salto, en primer lugar un marco regulatorio integral, todavía incompleto en la Argentina para reconocer al almacenamiento como activo con derechos de interconexión y participación en mercados de servicios; y en segunda instancia las fuentes de financiamiento y señales estables que permitan escalar proyectos a gran escala.
Aunque la licitación AlmaGBA demostró que es posible estructurar contratos y garantes (CAMMESA actúa como garante de última instancia), para OLADE la ausencia de normas específicas limita la replicabilidad y la entrada masiva de capital privado y multilaterales.
Según lo expuesto, en lo que respecta a lo técnico-operativo, la armonización de estándares de seguridad y protocolos de interconexión es otra asignatura pendiente. Para que los BESS participen en servicios como regulación de frecuencia o respuesta rápida se requiere normativa clara y pruebas operativas que hoy están en curso en distintos nodos.
La hoja de ruta pendiente de Argentina
El Libro Blanco plantea que el país debe consolidar una regulación específica que defina al almacenamiento como activo y le permita acceder a mercados y remuneraciones por servicios de flexibilidad. La experiencia de otros países muestra que esa definición es condición necesaria para atraer financiamiento.
Se remarcó como un punto crucial repetir el modelo AlmaGBA en otros nodos vulnerables. Las licitaciones públicas con contratos bien estructurados y garantías institucionales aceleran la bancabilidad y reducen el riesgo para inversores. La licitación en AMBA ya funciona como piloto replicable.
Si Argentina aprovecha la ventana abierta por AlmaGBA y acelera la normativa, podrá convertir el almacenamiento en una palanca real para integrar renovables, reducir vertimientos y mejorar la seguridad eléctrica en un país que ya dispone de recursos y capacidad técnica para el salto. El adoptar estándares técnicos y de seguridad y adaptar reglas de interconexión, permitirán integrar BESS bidireccionales y microrredes. La armonización con normas internacionales reduce costos y barreras técnicas.
Así también, diseñar incentivos financieros y mecanismos de contratación (subastas, capacity payments, contratos por disponibilidad) que reconozcan el valor de la capacidad y la energía suministrada, y facilitar líneas de crédito verde para acelerar despliegues.
A pesar de este faltante, el balance del capítulo argentino en el Libro Blanco es optimista: hay experiencia técnica y pilotos que validan modelos de contratación; hay interés privado y un pipeline que ya supera el marco de pruebas. Pero para que ese potencial se traduzca en gigavatios desplegados y en mayor confiabilidad sistémica se necesita una combinación de regulación, financiamiento y estándares.
El Libro Blanco de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) presentó un diagnositco reciente donde consigna que Argentina en 2025 pasó de iniciativas puntuales a una licitación de escala -AlmaGBA- que coloca al país en la categoría de “caso emergente en marcha” y le da músculo práctico al debate sobre BESS y bombeo hidráulico. Este análisis demuestra que Argentina ya no está solo en el mapa de la región como espectador del despliegue de almacenamiento energético.
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