Enfermedades del sistema de salud
El hospital zonal «Ramón Carrillo» se convirtió en todo un símbolo en la defensa de la salud pública y, al mismo tiempo, de la decadencia de una forma de hacer política que ni siquiera pudo concretar su decisión frente a la determinación de la gente.
Y es que el último golpe dado al nosocomio con el pedido de renuncia a su director por «discrepancias con la política impulsada desde el Nivel Central» da cuenta de las prioridades a la hora de definir por donde pasa la administración de Salud.
En ningún tramo de la explicación brindada en su rol de presidente del Consejo Provincial de Salud (CPS), Alejandro Marenco cuestiona la gestión desempeñada por la conducción del hospital. Sólo habla de las «discrepancias» sostenidas por el médico y director Guillermo Carminatti, en el «marco de un diálogo de adultos» ocurrido el 3 de julio pasado, sin definir el tipo o profundidad de esas diferencias.
En el fondo la discusión va más allá de los nombres porque, si bien en este caso el CPS le bajó el pulgar a Carminatti por «discrepancias», los argumentos brindados indican que seguramente lo volvería a hacer con cualquier profesional que no respete «los mecanismos para establecer comunicación con el Nivel Central». Mecanismos en los que no entran los recursos de amparo para reclamar la remisión de fondos y evitar el colapso de las prestaciones.
Probablemente lo que molestó fue el grado de exposición que alcanzó la crisis del hospital zonal a través de multiples demandas públicas, muchas de las cuales fueron encabezadas por el propio Carminatti quien no comulgó con la «política de ocultamiento» exigida desde el «Nivel Central».
Es claro que las denuncias del colapso de los hospitales molestan a la estructura de poder provincial que tardó meses en admitir las gruesas fisuras financieras que corroen el sistema de Salud Pública.
Pero cuesta entender que, al hecho de querer negar las consecuencias del enorme agujero presupuestario, los funcionarios rionegrinos sumen presiones y prácticas poco claras buscando desplazar a profesionales o enfrentar a beneficiarios y prestadores para diluir las falencias del resquebrajado sistema.
La sólida relación establecida entre los agentes locales de la salud pública y la población hospitalaria también parece molestar a la autoridad provincial. Así lo entendieron los dirigentes barriales que hace un mes recibieron al funcionario enviado desde el ministerio de Salud y Acción Social. La mayoría coincidió al interpretar su presencia como «un intento de dividir las aguas» en un momento tan delicado como lo es la renovación de autoridades.
En aquella situación, conscientes de la necesidad de defender la salud pública, todas las fuerzas vivas que integran el Consejo Local de Salud dieron pleno respaldo a sus representantes y renovaron los reclamos de presupuesto e insumos.
Por segunda vez las presiones ejercidas sobre el «Ramón Carrillo» y su gente sólo lograron el efecto contrario al buscado: una comunidad más unida que nunca en torno de su hospital y un rechazo unánime a la decisión del poder central expresado desde los más diversos sectores.
Marcela Berdún
rionegrino@infovía.com.ar
El hospital zonal "Ramón Carrillo" se convirtió en todo un símbolo en la defensa de la salud pública y, al mismo tiempo, de la decadencia de una forma de hacer política que ni siquiera pudo concretar su decisión frente a la determinación de la gente.
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