Enfrenta su paradoja

Messi reconoce que su nuevo reto es la Copa América justamente en su país, ahí donde existen los únicos detractores de su fútbol fuera de serie.



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Curioso: Sergio Batista no pudo ver la exhibición del hombre que le permite soñar con tener mejor destino que Diego Maradona como técnico del seleccionado. A la hora en que el mundo se frotaba los ojos ante un deslumbrante Leo Messi, el entrenador se encerraba en un avión. Que Checho, de gira por Europa, no asistiera a la final de la Liga de Campeones puede ser una anécdota y tener su explicación en su viaje a Nigeria, pero el hecho recupera el recuerdo de la gran paradoja “messiánica”: en su propio país, La Pulga recibe mucha menos admiración y reverencias que en el resto del mundo. Todo lo contrario de lo que sucedía con Diego Maradona, emblema de la argentinidad y eje de todo tipo de hipérboles. Tocados con la varita mágica del talento a la hora de jugar, Maradona y Messi no podrían ser, sin embargo, más diferentes en cuanto a personalidad. El aura de Maradona siempre estará ahí, pero Messi –”único, irrepetible”, según Pep Guardiola– tiene ahora una oportunidad de oro, la Copa América, que se jugará del 1 al 24 de julio en Argentina. Hace 18 años que la selección mayor no gana un título, y si el crack del Barcelona lleva a su equipo a conquistar la final en el Monumental, el abismo de incomprensión con un sector de la legión de futboleros argentinos comenzaría a cerrarse. “Tengo un reto un nuevo reto, que viene pronto. Quiero ganar la Copa América”, dijo Messi en los primeros minutos de ayer una vez que se calmó el prolongado festejo azulgrana en los vestuarios tras el 3-1 sobre el Manchester United. Sus compañeros se irán de vacaciones, pero Messi y Javier Mascherano –una gran noche del capitán argentino que Batista tampoco pudo seguir– estarán en pocas semanas en el invierno austral para preparar lo que parece bastante probable: una Copa América con Brasil como rival en la final, ese Brasil que batió a Argentina en las últimas dos definiciones del torneo. “Ponelo a Messi a jugar en la Liga argentina, a ver si hace algo”, escribió el sábado, horas antes de la final, un lector de un diario argentino comentando un artículo previo al partido en Wembley. No está solo: en nuestro país siguen siendo muchos los que creen que la estrella del Barcelona, el goleador de las últimas tres Ligas de Campeones, el autor de 53 goles en 55 partidos de esta temporada, sucumbiría ante las recias defensas y la jerarquía general de equipos como Vélez, Boca, Godoy Cruz o Lanús. Nemanja Vidic seguramente no sigue la prensa argentina, pero tendrá claro que el “caño” que le metió Messi cuando se agotaba el primer tiempo no es de ninguna Liga y sí, más bien, de otro mundo. Y no fue el único en sufrir la categoría de Messi, de eso puede hablar el ecuatoriano Valencia. “Sin él, el equipo no daría este salto de calidad”, aseguró Guardiola con una sinceridad que no ofende a grandes como Xavi o Iniesta, conscientes de lo que muchos argentinos ignoran: Messi es un regalo del cielo. La Pulga, que se paseó durante largo rato con el trofeo de campeón, seguramente tampoco lee la prensa británica, aunque habría disfrutado con la reverencia general que se le ofreció ayer. “Fue la mejor actuación de un centrodelantero desde que Nandor Hidegkuti lograra un hat-trick para Hungría en el 6-3 sobre Inglaterra, una tarde de otoño de 1953 en este mismo campo”, escribió “The Observer”. Y aquella Hungría marcó época, aunque no lograra ganar el Mundial. Lo mismo le sucede por ahora a Messi, que en apenas tres años tendrá la oportunidad de Brasil 2014. Pero antes está la Copa América, una cita cara a cara en el único país donde aún tiene detractores. La Pulga, como siempre, hablará en la cancha desde el primero de junio. Ayer durante los festejos dejó en claro que esa es la mejor forma de expresarse: “La verdad, no tengo nada para decirles”, les tiró a los periodistas. Y siguió su camino, riendo, festejando, siendo feliz.


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