Enrique Hugo Mases: “Roca también puso en caja a la Iglesia”

La denominada Campaña al Desierto sigue abierta a la investigación. Desde el Grupo de Historia Social (UNC), Enrique Mases busca analizar la cuestión más allá de los términos “civilización blanca/ barbarie indígena”.

Por Redacción

Rol del Estado y la cuestión indígena

Hecho fundamental en clave al objetivo de organizar a la Argentina en términos de Estado nacional, a 135 años de su ejecución, y consecuencias, la Campaña al Desierto liderada por Julio Argentino Roca sigue vigorizando el interés que siempre generó para la investigación histórica. En ese marco, se revitaliza el aporte hecho por el historiador Enrique Hugo Mases vía “Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1910)”, trabajo que lleva dos ediciones, la última de ellas editadas por “Prometeo”. Trabajo forjado en sólido rigor profesional en el manejo de fuentes, reflexiones y conclusiones, un todo que ayuda a formar opinión sobre un tiempo que late en el presente. Un latido fuerte que alienta y seguirá alentando intensos debates.

-Lo digo en el prólogo: mi investigación procura lo que defino como generar una ruptura deliberada con los términos en que la historiografía argentina más tradicional reflexionaba todo lo concerniente al indígena, a la guerra de fronteras. Busqué, y creo haberlo logrado, poner la mirada más allá de los términos en que se justificaba esa guerra, la conquista: civilización blanca/barbarie indígena… Ése era y en alguna medida sigue existiendo, claro, un relato cargado de épica, impersonal. Todo un proceso en el que quedaban de lado, incluso, las perspectivas de los propios actores, sus miradas. De ahí en más avancé hacia las distintas políticas de integración del indígena que formuló el Estado nacional al menos hasta el peronismo…

-¿Pero toda reflexión sobre esas políticas parte de inexorablemente de la idea de orden con que se maneja la Generación del 80?

-Más que idea de orden prefiero hablar de convicción de sembrar soberanía con que se movió esa elite bajo el liderazgo de Roca. Orden, sí. Pero neutro si no se lo vincula con un proyecto, o sea no orden por orden. Y el proyecto era la construcción del Estado nacional blandiendo soberanía. Ideario que no se podía permitir dejar librado a que se le disputara esa soberanía, nada alternativo a esa soberanía. Ni el indígena manejando parte del espacio interior, ni seguir con los remanentes de los conflictos entre unitarios y federales. Nada de eso podía seguir protagonizando. Ni siquiera la Iglesia Católica, a la que Roca poda poder y pone en caja aprovechando los resultados de la Campaña al Desierto y las exigencias propias que hacían a construir el Estado nacional…

-Sin embargo y al menos “La Cruz y la Espada” de aquellos años, que no son lo mismo en términos de consustanciación de intereses que “La Cruz y la Espada” emergente tras el golpe de 1930, igualmente tiene una mirada en común sobre el tema indígena, en ligero, que “Civilización y Barbarie”…

-Es así hasta el momento en que comienza a debatirse cuál es el método más apropiado para instalar en rango de “civilización” al indígena. Ahí, en ese trámite signado por las presiones de la Iglesia Católica, con la Orden Salesiana muy activa en esa presión, Roca clava pica en Flandes: sólo el Estado nacional y ninguna agencia -por definirlo en términos actuales- ajena a él, incluyendo a la Iglesia Católica, puede tallar en el tema. En esa cuestión, el monopolio era del Estado nacional.

Estado y proyecto salesiano

-¿No hubiese facilitado el manejo de la cuestión indígena si los salesianos, una orden muy flamante en el mundo y América Latina, tallaban en el tema?

-Sólo podemos conjeturar, no más. Pero por su naturaleza misma el proyecto salesiano para integrar al indígena estaba llamado a no prosperar.

-¿Volvemos a una cuestión del poder que acreditaba si el proyecto prosperaba?

-Y… el proyecto planteaba un imposible: colonias agrícolas pastoriles reguladas, manejadas, reglamentadas por los mismos salesianos. Un imposible que aceptara el roquismo dada su concepción de soberanía que debía regir la construcción del Estado nacional.

-Si se acuerda el anticlericalismo que se conjuga en esos años, ¿en cuánto ese anticlericalismo es una necesidad para el roquismo? En ese proceso hay hombres como el ministro Del Viso, que son la furia misma contra las sotanas…

-Anticlerical fuerte, producto de una época en que en Europa campeaba el anticlericalismo. Por lo demás, era un tema de poder, de su ejercicio. Y se marcha con decisión sobre el poder de la Iglesia. La de Registro Civil, por tomar sólo una de las leyes que podaron el poder temporal de la Iglesia Católica. Hasta que se sancionó esa ley, la única identidad que tenían los habitantes era la Fe de Bautismo manejada por la Iglesia. Ahí figuran los padres. En consecuencia no se trata sólo de un problema de identidad porque, cuando fallecen los padres, toda documentación sobre herencia se basaba en la Fe de Bautismo, lo cual se prestaba a cualquier tipo de manejo incluso por parte de la Iglesia. Bueno, con la ley de Matrimonio Civil, de Registro Civil, el Estado nacional comienza a legitimar todo ese proceso.

-¿Por qué no avanza en su libro sobre la polémica muy actual sobre si la Campaña al Desierto implicó un genocidio, como afirman algunos, o un aniquilamiento?

-No lo eludo, pero no hace a la centralidad de mi investigación. No niego la existencia de durezas, pero en materia de aniquilamiento, etc., lo que digo es que si hubo aniquilamiento fue más bien de índole cultural. Se “extrañó” al indígena de su hábitat cultural, es cierto. Yo hablo de las políticas de integración, las cuales siempre pivotearon de una o otra manera, en el convencimiento que el trabajo rescataría a los indígenas de su situación. Y hay un debate muy intenso, con bibliotecas a favor y en contra y sobre los cuales me explayo en el libro, sobre si el indígena puede o no ser rescatado de su mundo “bárbaro”… Sarmiento, por caso, ya había sentenciado que por más que se hiciera seguirían sin cambiar generación tras generación. Lo que sucede es que a finales del siglo XIX, en los 90 por caso, cambia la agenda del Estado nacional en materia de políticas de integración del indígena y la población…

– Aparece el inmigrante…

-Y aparece en gran cantidad e, incluso, es un espacio que tiene memoria de las luchas sociales en sus países. Los indígenas, en todo caso, eran argentinos y eran menos. Los inmigrantes, en cambio, oleadas de decenas de miles…

-¿Se acierta si se sostiene, vía su libro, que al fin y al cabo se careció de políticas de integración del indígena?

-Habla el libro, la documentación en la que sustento mis reflexiones. Estanislao Zeballos ya lo había advertido de entrada… como muchos otros. Todo fue muy discontinuo.

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Carlos Torrengo