Ensambles complicados
Trastabilla el acuerdo del gobernador y el senador en la Legislatura.
DE DOMINGO A domingo
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
Hay que lograr que encajen los despiadados testimonios de la realidad y los inmoderados ajustes políticos con el relato sostenido de un Estado mejor y la prolongación de un proyecto político, mínimamente compartido. Hay que alinear esos mundos. El oficialismo cae en esa pesada misión, y nada bien le fue en su último capítulo legislativo. El bloque malogra cualquier acuerdo conjunto y se dispersan fuerzas en otros fines mientras que el gobernador Alberto Weretilneck, en su mensaje en la Legislatura, transcribió sus restricciones. Se limitó a una lógica rendición de cuentas, pero todo desamparado de pensamientos y propósitos renovados. Su fatigoso discurso fue un reconocimiento de lo hecho, con explicaciones de lo aquello no concretado. Exageró lo cumplido y descuidó las medidas frustradas. Sí se sinceró, con evidente pesar, con los planes malogrados para las empresas públicas. Posiblemente, el costo de los desengaños, tal vez, expliquen más la ausencia de acciones y anuncios directrices. Sólo reafirmó la marcha en la revisión del complejo eléctrico de Edersa, priorizando la readecuación contractual, con la opción de su estatización si hay resistencia privada. No por falta de tiempo, Weretilneck no ahondó en las motivaciones ideológicas de su gobierno. Hay que bucearlas en frases sueltas o alusiones sugerentes y medidas. Ocurrió así cuando se alistó claramente en el diferendo de su equipo. Lo hizo evidente al priorizar el cuadro financiero de Río Negro. Fijó esa primacía pese al “debate –dijo– con los compañeros de gabinete de los años 70”. Era su identificación para los ministros Fernando Vaca Narvaja y Ernesto Paillalef, quienes conforman la vanguardia de la resistencia política ante la visión economicista de su par Alejandro Palmieri. Ahora ya no quedan dudas: ese enfoque también recluta al gobernador. Su cautela financiera pareció desentonar con su lanzado optimismo cuando habló del “superávit” logrado en el 2012. Entre tantos números e interpretaciones, un dato es alentador: el crecimiento de la recaudación provincial. Ascendió en febrero a 202 millones. Weretilneck se excedió al plantear que se había duplicado en un año. El alza llegó al 82%, producto de la reforma general y la reciente actualización en el Inmobiliario. Aun el lógico entusiasmo, hay que bajar las expectativas para los próximos meses, a partir de que ese monto incluye el pago anual, que significó 48 millones. Tal evolución tributaria es buena pero, claramente, insuficiente. La partida de esos tributos representa menos del 25% del total de esos ingresos de Río Negro. Un contexto más: la excepcional recaudación de febrero no cubre la mitad de la masa salarial. Las penurias ahondan la porfía en el gobierno por las prioridades. Este debate es inexistente en la bancada justicialista, ocupada en otros menesteres. La política –el ejercicio de arbitrar entre intereses contrapuestos– faltó y se reactualizó el conflicto interno a partir de la conformación de las comisiones. El bloque del gobierno reordenó esa estructura y redujo la integración de los legisladores disidentes, hoy la única efectiva rebeldía al gobierno. No se dieron los mínimos entendimientos y las destempladas reacciones sólo evidenciaron cuántas limitaciones tiene la renovada alianza de Weretilneck y Miguel Pichetto. Esa unidad, tal vez, se reduce a fines exiguos y ocasionales. El gobernador pretende familiaridad con la Nación y el senador se la ofrece. La pretensión de éste está orientada a que el trato provincial resguarde su próxima campaña parlamentaria. La convulsión justicialista convive debajo de ellos. Algunos partícipes poco aportan a la reunificación, conscientes de que sus mejores beneficios radican en un poder atomizado y en la debilidad del mandatario. “No hay mordaza”, libró Pichetto a los suyos cuando a fines del año pasado explicó su remozada proximidad con Weretilneck. Esa liberación habilita cualquier postura verbal contra el oficialismo. El poder tiene otras armas. El vicegobernador Carlos Peralta y el titular del bloque, Pedro Pesatti, evalúan alternativas y transmiten que no hay concesiones eternas, aludiendo a la precariedad de la vicepresidencia de la disidente Angela Vicidomini y de las titularidades en Presupuesto y Sociales que mantienen Luis Esquivel y Alejandro Marinao. Estos litigios se sostienen y, por momentos, se acentúan. Sus convulsiones subyugan más todo proceso gubernamental. Pero los dos mayores referentes intensifican sus camaraderías. Días atrás, Weretilneck y Pichetto comieron un asado en Carmen de Patagones. El secretario nacional de Agricultura, Ganadería y Pesca, Haroldo Lebed, fue el anfitrión. Ese almuerzo sirvió también para la evaluación de las consecuencias y ventajas del levantamiento de la barrera fitosanitaria, que Nación formalizó en la última semana. El gobernador respaldó el viernes la determinación. Pero está preocupado por la variación económico-política que presagia en Río Negro el cierre al ingreso de animales, proyectando una suba en los precios de la carne y la desaceleración de la actividad frigorífica. Igualmente, no habrá ningún gesto de rechazo de su parte a la Nación. Tampoco lo haría porque esa resolución proviene de dos allegados: el ministro Norberto Yauhar y Lebed. Aquél logró instalar un hombre suyo en el equipo rionegrino: al secretario de Pesca, Gustavo Contreras. Poco se sabe de su política y su accionar. La economía pesquera pasa tan inadvertida que no mereció mención en el extenso discurso parlamentario. Esta orfandad económica se contrasta con la alteración que sí pronostica la irrupción de la Nación con su resolución ganadera. En tanto, Río Negro sufrirá trastornos en sus planes petroleros, con la deserción de Hidrocarburos de Jorge Borrelli. No se logró finalmente superar la diferencia laboral y se va de la secretaría. Llega un exfuncionario neuquino, Guillermo Gesualdo, aunque su real salvoconducto corresponde a sus antecedentes en el directorio en OPS, una firma valletana de servicios petroleros que tiene trato con el mandatario. ¿Inoportuno levantamiento sanitario? Se piensa y se calla. ¿Qué pasará si esa medida centralista tiene una rápida y fuerte derivación en los costos cárnicos y laborales? Hay pavor oficialista con esa repercusión en Viedma, a dos semanas de la elección municipal. Ese marco electoral conforma el presente desvelo del Frente para la Victoria. Sus encuestas –Eco Consultora o Ricardo Vignoni– otorgarían una desventaja redimible. El intendente interino José Luis Foulkes conserva una diferencia de seis a dos puntos frente a Mario Sabbatella. El radical todavía no dispone de sus sondeos. En el justicialismo se confía en que las buenas imágenes –según sus registros– de la presidenta y Pichetto en la capital, por encima del 50%, empujen más a su candidato. Eso explica que Sabbatella hiciera campaña esta semana desde los despachos de Casa Rosada, y agotan las gestiones para confirmar la visita de la primera mandataria a Viedma, encuadrada en la inauguración de la sede de la UNRN. También Weretilneck se sumergió en la campaña viedmense. Lo hace con su directo monitoreo de las obras demoradas y la neutralización de los conflictos. Ordenó a Salud que acuerde y, sin más, abone las guardias con irregularidades, situación que sostenía protestas en el hospital Zatti. Esa coyuntura permite un nuevo desgajo al proceso de revisión laboral, puntualmente en Salud. No es casual que Weretilneck nada expresara el viernes del desajuste de esos pagos, del cual sí se ocupó largamente el año pasado. Entonces, se sorprendió que en noviembre del 2011 se habían gastado 16 millones y su administración casi llegó a los 18 millones en diciembre último (se bajó, con controles, en casi 1,2 millón en enero). Hay, por ahora, abandono, incluso de aquella anunciada concentración de las liquidaciones de sueldos, que continúan diseminadas por los ministerios. En definitiva, otro ejemplo de los escollos que afloran cuando se intenta empotrar las relevaciones cotidianas en el relato original. No siempre es posible.