“Enseñar me potencia muchísimo”

La mezzosoprano y pianista dictará un seminario y cerrará con un concierto.

Por Redacción

“A mí me gusta muchísimo enseñar, me agrada descubrir qué tengo ante mí”, dice Correa Dupuy.

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com

En una nueva etapa del Ciclo Seminarios y Conciertos organizado por Fundación Cultural Patagonia y el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA), para capacitar estudiantes con la visita de prestigiosos músicos especialistas en distintos géneros e instrumentos, llega a Roca la mezzosoprano y pianista Virginia Correa Dupuy. Su cronograma prevé tres días de clases en el IUPA, y un recital ante el público local, el 11 de agosto, en el Auditorio “Ciudad de las Artes”. Nacida en San Miguel del Tucumán, Virginia estudió canto en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires. Fue discípula de Noemí Souza, realizó también la carrera de piano en la Universidad Nacional de Tucumán, y egresó como licenciada en Musicología del Conservatorio Juan José Castro de Buenos Aires. Su versatilidad le ha permitido abordar con igual brillo repertorios de ópera, sinfónico-vocal y de cámara. “Los cuentos de Hoffmann”, “Rigoletto”, “Madame Butterfly”, “El barbero de Sevilla”, “Hansel y Gretel”, “Bomarzo” y “Diálogos de carmelitas” son algunos de los títulos que interpretó en el Colón. “Cada maestro maneja una serie de pautas, según la experiencia que tuvo, lo que considere más importante. Infinidad de cuestiones se ponen en juego en una situación de enseñanza, cómo un maestro afronta cada alumno… Recuerdo que hace unos días, mi marido me mostró una entrevista que hizo la televisión alemana a un gran cantante del pasado, que ya murió (1989), Anton Dermota, donde él dijo algo con lo que coincido exactamente, “la gente se apura demasiado”. El alumno se apura en demasía y los maestros no van acordes a los tiempos que necesita cada persona en su proceso. Yo siento un poco eso…”, le dice a “Río Negro”, poco antes de su visita a la región. –¿En qué se apura, por ejemplo? –Hay prisa por llegar a las notas agudas, por ejemplo, que sería un detalle entre todas las cosas en las que nos apuramos. Es un desarrollo de crecimiento paulatino, de descubrimiento, de miradas hacia aspectos de nuestro cuerpo, de nuestras posibilidades, de encontrar el modo que abra una puerta que no se abrió aún. Eso no es para todo el mundo de idéntica forma. Ahí entramos en la cantidad de recursos que tiene un docente para que emerja de la persona que tiene enfrente esa posibilidad, pero por vía del vínculo, por un puente que el tendió. Hay que ver si al maestro le surge ese puente. Tiene un bagaje infinito de posibilidades, de mostrarle al alumno un camino por donde puede andar. –¿Cuál es su experiencia en este terreno? –Mi experiencia es que se trata de aplicar lo que a uno le resultó. Y puede ser que quien está delante durante las clases, necesita pequeñas variantes, el mismo concepto pero de otra manera proporcionada la búsqueda por un sendero paralelo. Todo eso es una búsqueda y un acto de paciencia de ambos, del maestro y del alumno. Quien enseña debe desarrollar una audición interna muy grande, y el discípulo, también. No sólo debe sentir que logra un objetivo porque repite igual lo que dijeron… A mí me gusta muchísimo enseñar, me agrada descubrir qué tengo ante mí, es como un acto de poder dar, más que el otro diga estudié con tal o cuál. Me pasó de estudiar con grandes que me dejaron muy frustrada, no me pasó absolutamente nada. Siempre digo que hubo mucha gente que inesperadamente me dio y me abrió caminos como un maestro que tuve en Basilea (Suiza), director de la Casa de Ópera, dirigía orquesta, era pianista, cantante y me abrió un mundo interior que no había recibido específicamente de nadie antes. También podía ser que era el momento mío de recibir eso. Puede suceder que siendo más jóvenes, tomemos curso con alguien para quien uno no está preparado. Hay allí un bloqueo personal, no es que el maestro no esté dando. Y además están las afinidades interpersonales. –¿Eso requiere tiempo o se puede elaborar durante tres o cuatro días de una jornada? –No, por favor, tres o cuatro días son simplemente una respiración de una vida. Seamos claros con eso. Puedo dar elementos que el alumno busca, encontrar un modo, tal vez o no, para que halle una forma más favorable de trabajar, que lo enriquezca en su tarea. Pero en tres días no se descubre la pólvora (sonríe), ni es posible suministrarla. Sí puede continuar un trabajo, abrir una brecha diferente, mostrar otra posibilidad. Y eso me parece interesante porque a veces los encuentros, cuando se trabaja con un director de orquesta que no va a estar más que el tiempo de un concierto y sus ensayos, resultan muy enriquecedores por lo que él tiene para decir o como actitud. Y allí se encuentra que el mundo propio se ha enriquecido durante esos pocos días. Pero el trabajo no debe terminar nunca. Me gusta mucho el ejemplo del cantante de ópera (italiano Carlo Broschi, conocido como) Farinelli, que aún viejito seguía vocalizando. Es una actitud maravillosa dentro de alguien cuyo camino personal es la voz. Más allá de la carrera que pueda realizar… Una persona –no importa lo que haga, puede ser cantante, médico, si trabaja seriamente, si busca lo mejor de sí mismo, sobre todo cuando desarrolla su actividad con otro humano delante que le entrega su credibilidad– debe tener una actitud de búsqueda con ella misma. Esa es mi postura personal. Es verdad que la garganta es un órgano muy sensible. Creo que Gustav Jung la llamaba el puente de la angustia. Bueno, pero también es puente de la felicidad, la risa, el gozo. Todas las partes del cuerpo son así, son una unidad. En ello me gusta mucho insistir cuando doy clase y cuando yo misma me preparo. Somos un todo y hay gente con este criterio instalado de un modo más espontáneo, más inconsciente, y le demanda menos el proceso educativo. –Es evidente que le gusta mucho enseñar. –Adoro hacerlo, me potencia muchísimo. A veces me ocurre que estoy preocupada, un poco desganada, viene un alumno, empiezo a trabajar y cuando él se va, estoy transformada. Le agradezco yo a él…