Entre la guitarra y el surf

Puesto a elegir, Jack Johnson se queda con su tabla. Por suerte, sigue cantando.

Por Redacción

En su juventud, Jack Johnson tenía ante sí una prometedora carrera como profesional del surf. Pero como temía que la presión pudiera acabar con su pasión, decidió estudiar matemáticas y cine en California y acabó convirtiéndose en una estrella del pop. Incluso actuó en la fiesta de toma de posesión de Barack Obama. Pero la tabla de surf sigue siendo para este artista de 38 años más importante que su guitarra, como confiesa en una entrevista. –Si tuviera que elegir entre su guitarra o su tabla de surf, ¿con cuál se quedaría? –¡Con la tabla de surf! Forma parte de mí desde que tengo uso de razón. Mi padre siempre surfeó, todos mis hermanos surfean. Cuando estoy en casa, agarro la guitarra cada tanto, es más bien un hobby. Pero tengo que surfear todos los días, es una parte enorme de mi vida, también de mi vida familiar. Todos mis hijos surfean, incluso mi hija pequeña está empezando. Yo me tumbo y ella se agarra fuerte a mi cabeza. Surfeamos todos los días, o casi. Y si no hay olas, hacemos snorkel. –Al igual que la mayoría de surferos, también usted tiene aspecto de ser un tipo relajado. Uno de los temas de su nuevo disco se llama “Washing Dishes” (fregar los platos), pero incluso una tarea tan poco agradable como ésa suena simpática cantada por usted. –Me gusta lavar. Pongo un CD y escucho un disco completo mientras lo hago. Es muy agradable. Eso pasa cuando uno se hace mayor, es como con la jardinería. No consigo que mis hijos me ayuden en el jardín, pero les digo: “Lo crean o no, llegará el día en que se la van a pasar el día entero trabajando en el jardín y todo lo que se les va a ocurrir decir es ¡yeah!” –¿Por qué los surferos son más relajados que el resto del mundo? –¿Lo son? ¿Hoy en día? No estoy tan seguro. Donde yo vengo los padres enseñan a surfear a sus hijos porque se puede ganar dinero con ello. Cuando era pequeño, los padres intentaban evitar que sus hijos surfearan, porque puede ser peligroso. Me dan pena los niños, porque los padres les arruinan el surf. Para mí, antes el surf era alejarme de mis padres y estar con mis amigos. Significaba independencia y libertad. Los niños de hoy, seguro que de adolescentes ya no tendrán ganas. –Hace tiempo que surfear pasó de ser una subcultura para formar parte de la cultura pop. ¿Le da pena? –Sí. Es más divertido formar parte de una subcultura que de la cultura pop. Por otro lado, es una forma tan genial de pasar el tiempo libre que también es bonito que lo comparta mucha gente. –Tiene fama de ser un gran defensor de la naturaleza. ¿Cree que estaría tan comprometido con el medioambiente si no hubiera nacido en Hawai, sino en Nueva York o Chicago? –Buena pregunta. Creo que sí, he conocido a mucha gente de ciudades grandes que está comprometida con el medioambiente. El compromiso tiene mucho que ver con mi mujer. Ella ve como una responsabilidad, una parte del foco de atención pública que cae sobre mí, el centrarse en cosas más importantes que yo. Siempre intenta mantenerme fuera, apartarme, y cuida mucho de que no me vuelva demasiado arrogante. –Se ha llevado de gira a su familia. ¿Qué opinan sus hijos cuando ven a los fans celebrando a su papá? –El mayor lo entiende, poco a poco, y al pequeño intento explicarle que la gente cree que conoce a papá porque conoce sus canciones. A veces se sienten confundidos cuando vienen chicas que me dicen que me quieren, e intento explicarles que no me quieren de verdad, sino lo que ellas imaginan de mí. Intento explicárselo lo mejor posible, pero con un niño es bastante complicado. –Los críticos lo acusan de que sus canciones suenan todas igual… –¡Por supuesto que no tienen razón! No, en serio. Mi música no tiene necesariamente bordes ni aristas. Yo veo las diferencias a la hora de tocar la guitarra, como con mi nuevo disco, pero tampoco puedo decir que sea algo radicalmente distinto. Puede que acústicamente no haya grandes variaciones ni evolución, pero en el contenido sí. Cuando escucho las letras de mis discos escucho grandes diferencias, porque escucho en qué momento de mi vida estaba.

Britta Schultejans DPA


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