Mientras prepara el equipo para viajar hacia Santo Tomé, al límite de Brasil, Sabina Agón, con una espontaneidad genuina, cuenta cómo decidió aventurarse a manejar un camión. Esta joven neuquina tiene 22 años y desde que cumplió la mayoría de edad recorre las rutas argentinas y de países limítrofes.

Su estatura, de no más de metro sesenta y su cuerpo delgado, parece no coincidir con el estilo de vida que eligió. Sin embargo, eso no la detiene y antes de arrancar el viaje que la alejará casi dos mil kilómetros de su casa, observa y chequea que las ruedas, el aceite, los frenos y las luces funcionen correctamente.

“Yo agarro mi bolso con ropa, el equipo de mate y ahí empieza este trabajo que amo”, señaló. Con su camión rojo de 460 caballos de fuerza, que arrastra un semirremolque térmico de 15 metros de largo, la joven camionera hizo su primer viaje a los 19 años. “Cuando pude sacar la licencia a los 18 yo sabía que en algún momento iba a manejar camiones. Terminé el secundario y como mi papá quería que estudiara entré a la universidad para hacer licenciatura en administración de empresas, pero me duró unos seis meses”, recordó Sabina con una sonrisa.

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La pasión que tiene por manejar camiones nació de su contacto permanente con este tipo de vehículos. “Me crié sola con mi papá y sin mamá. Siempre iba con él a todos lados, generalmente en camiones. Si bien no se dedicaba a ser camionero siempre estuvo relacionado a la compra y venta entonces, todo el tiempo, me subía a los camiones que traía nuevos y cuando podía hacer algún viaje con él, yo estaba súper feliz”, contó. “Yo quería manejar un camión porque me gusta, me encanta”, agregó Sabina.

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Recordó que su primer viaje fue a los 19 años con un cargamento de frutas hacia el Puerto San Antonio, en Las Grutas. “Como no había nadie que pudiera ir yo me ofrecí a hacerlo. Mi papá no quería saber nada, tenía miedo que me pasara algo en la ruta. Me decía que el ambiente era complicado para una mujer y más todavía siendo tan chica”, afirmó.

“Agarro mi bolso con ropa, el equipo de mate y ahí empieza este trabajo que amo”.

En ese entonces la joven aventurera ya poseía permiso de conducir, había manejado camiones pero “no un viaje de verdad”.

Con un poco de prohibición ya que en aquel momento la decisión no fue consentida por su papá, empacó algo de ropa y partió hacia la costa. “No lo voy a olvidar nunca porque ahí empezó todo lo que yo quería hacer de verdad”, dijo con entusiasmo.

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Según la joven sus allegados más cercanos le avisaron desde un primer momento que “tenga cuidado sobre todo por la inseguridad”. Sin embargo sostuvo que a pesar de haber pocas mujeres manejando ese tipo de camiones la suerte depende de “cómo uno se maneje en el ambiente” y que no experimentó momentos incómodos o problemáticos.

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“Miedo no tuve nunca en cuanto a eso, yo me paso más tiempo arriba del camión que haciendo sociales. Te cruzas con la gente cuando vas a cargar la mercadería o parás en alguna estación de servicios”, afirmó.

Experiencias inolvidables

Sabina tiene contabilizado unos 200 viajes en los tres años que lleva en la ruta. Y de todos esos hay uno de los que aún recuerda con un poco de suspicacia.

Fue en uno de los primeros viajes que hizo a Brasil. “Tenía que desviarme por tierra unos 40 kilómetros y había tanto barro que quedé enterrada. Estaba en el medio de la nada, sola, sin señal de teléfono, en otro país, una situación bastante compleja”, recordó. Para poder salir de aquella situación contó con la ayuda de dos hombres que arrastraron el equipo con dos tractores. “Todo mi camión estaba prácticamente encajado en el barro e inclinado, por caerse al agua, porque por ahí pasaba un canal”, agregó.

Mi papá no quería saber nada con que sea camionera, tenía miedo que me pasara algo en la ruta”.
La vida en la ruta

Ser mujer y camionera en el mundo del camión generalmente provoca, por igual, admiración y recelo. Sabina Agón comenzó a aventurarse en este mundo de viajes a tiempo completo desde muy joven, a veces acompañada por amigas, a veces en solitario.

Explicó que su vida en la ruta es “lo mejor”. Por eso no planifica con demasiada anticipación lo que puede hacer en sus viajes. “Todos son distintos y la mayoría de las veces me gusta viajar sola porque cuando vas acompañada se desacomodan los tiempos”, reconoció.

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Las precauciones que toma antes de comenzar un viaje son minuciosas: revisar que las cubiertas estén en buen estado, los frenos en condiciones, el aceite correcto, y que las luces funcionen adecuadamente.

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Sin embargo, aún no siente estar preparada para cambiar una rueda. “Todavía no tuve la experiencia pero si me pasara tendré que pedir ayuda”, afirmó.

Los viajes de Sabina Agón son toda “una aventura”. Dentro de su mundo, la música pop, electrónica o reguetonera acompañan las largas horas de viaje, siempre hacia destinos diferentes. “Yo descanso cuando hago trayectos largos como a Brasil o Tucumán porque son unos tres días”, comentó. Maneja alrededor de 10 horas diarias y cuando llega el momento de descansar Sabina también toma sus precauciones: decide parar en lugares que haya buen movimiento de vehículos, como estaciones de servicio o parajes habilitados. “Yo encortino todo y no creo que alguien se imagine que una chica de 22 años está adentro, así que miedo no siento”, afirmó.

La música pop, electrónica o reguetonera acompañan sus largas horas de viaje.
La especialidad de Sabina

P- ¿Cómo haces para viajar tantas horas sola?

S- En el último viaje que hice me acompañó una amiga, pero generalmente voy sola. Muchos me preguntan cómo hago para soportar tantas horas, cuando hago distancias de más de mil kilómetros desde acá de Neuquén. Pero me acostumbré, yo disfruto de esto, es mi trabajo y descanso cuando lo necesito. Además que me preparo el mate, escucho música y eso es maravilloso.

P- ¿Cómo gestionas los viajes ?

S- Yo trabajo de forma particular, entonces me llaman o me avisan de algún viaje y veo si me conviene y arranco. Casi siempre me dedico al transporte de frutas como peras, manzanas o limones, como tengo el equipo de frío me dedico a eso. Además no requiere demasiados esfuerzos, porque yo llevo mi térmico y la empresa se encarga de subir la carga. Sí he transportado paquetería que fui a buscar a Buenos Aires.

P- ¿Qué otro tipo de cargas te gustaría transportar?

S- Yo siempre quise llevar con mi camión un acoplado pero no me conviene porque siempre tenés que estar subiéndote y atando las lonas, haciendo fuerza y esas cosas. Yo soy re chiquitita físicamente y la verdad que se me complicaría bastante. Así que el transporte cerrado es mi especialidad.

Fotos: Matías Subat

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