Mi experiencia de bienestar en el Polo Científico Tecnológico Neuquén: relata Ignacio Monti
"En Neuquén se empezó a vislumbrar algo más grande: un cambio cultural. La posibilidad de integrar dimensiones que durante mucho tiempo parecieron separadas, ciencia y tecnología", afirma el creador del método Terapia Postural Holístico (TPH), que vive en Bariloche.
Por Ignacio Monti (*), especial para «Río Negro»
Hace unos días tuve la oportunidad de participar en la inauguración del Polo Científico Tecnológico de Neuquén. Fui con curiosidad, como muchos. Pero lo que ocurrió ahí me dejó algo más que una buena experiencia: me dejó una reflexión.
En un espacio dedicado a la innovación, a la ciencia y al desarrollo tecnológico, aparecieron con fuerza otros aspectos del ser humano que históricamente fueron considerados secundarios. Durante años se los agrupó bajo un término bastante ambiguo: habilidades blandas. Pero en el mundo actual -y todavía más en el que viene- estas capacidades dejan de ser accesorias para volverse imprescindibles.
La escucha. La empatía. La presencia. La conexión con los otros. La capacidad de percibir. La propiocepción. La conexión con el propio cuerpo.

La conciencia de cómo nos movemos, respiramos, nos vinculamos y habitamos el espacio.
Durante mucho tiempo estas habilidades parecieron estar en un segundo plano frente al desarrollo tecnológico o al conocimiento técnico. Sin embargo, todo indica que en el mundo que viene van a ser cada vez más imprescindibles.
Porque vivimos un momento fascinante de la historia. La humanidad nunca tuvo tanta capacidad científica y tecnológica como ahora. Inteligencia artificial, biotecnología, neurociencia, automatización, plataformas digitales. La velocidad con la que evoluciona el conocimiento es extraordinaria.
Pero al mismo tiempo aparece una pregunta cada vez más presente: ¿qué lugar ocupa lo humano dentro de ese futuro?
Durante las últimas décadas el desarrollo tecnológico estuvo muy asociado a la productividad. A hacer más, más rápido, más eficiente. Sin embargo, hoy empezamos a comprender que el bienestar humano no puede pensarse únicamente desde esa lógica.
El bienestar no es una herramienta para producir más.
El bienestar es una condición para vivir mejor.
Y ahí es donde el cuerpo vuelve a ocupar un lugar central.
Durante siglos, la cultura occidental tendió a separar mente y cuerpo. El conocimiento se asoció a lo intelectual, mientras que el cuerpo quedó muchas veces relegado a una dimensión secundaria, casi mecánica.
Sin embargo, las ciencias contemporáneas están empezando a mostrar algo distinto. La neurociencia, la fisiología, la biomecánica y las ciencias del comportamiento coinciden cada vez más en algo fundamental: el cuerpo es parte del pensamiento, de la emoción y de la forma en que nos relacionamos con el mundo.
No somos solo mente. Somos seres profundamente corporales. Y también somos seres multidimensionales.
Nuestra salud, nuestras decisiones, nuestra creatividad y nuestra capacidad de convivir con otros no dependen únicamente de procesos cognitivos o tecnológicos. Dependen también de nuestra relación con el cuerpo, con la percepción, con el movimiento, con la presencia.
Por eso lo que ocurrió en la inauguración del Polo Científico Tecnológico de Neuquén tiene un valor simbólico que va más allá de un evento puntual.
En ese espacio se empezó a vislumbrar algo más grande: un cambio cultural.
La posibilidad de integrar dimensiones que durante mucho tiempo parecieron separadas.
Ciencia y bienestar. Tecnología y conciencia. Innovación y presencia humana.
El desarrollo científico y tecnológico es fundamental. Pero si queremos construir sociedades realmente saludables y sostenibles en el tiempo, ese desarrollo necesita dialogar con una comprensión más profunda de lo humano.
Necesitamos seguir innovando. Necesitamos seguir investigando. Necesitamos seguir desarrollando tecnología. Pero también necesitamos cuerpo. Necesitamos presencia.
Necesitamos recuperar habilidades humanas que durante mucho tiempo quedaron relegadas frente a la lógica de la eficiencia y la hiperproductividad.
Tal vez por eso iniciativas como las que empiezan a aparecer en el Polo Científico Tecnológico de Neuquén resultan tan inspiradoras. Porque marcan una dirección diferente.
No se trata de elegir entre tecnología o bienestar.
No se trata de elegir entre ciencia o humanidad.
Se trata de integrarlas.
Ese es, quizás, uno de los desafíos culturales más importantes del siglo XXI.
Entender que el progreso no se mide solamente por la capacidad de producir más o de desarrollar tecnologías más sofisticadas. El verdadero progreso también se mide por la capacidad de construir sociedades más conscientes, más equilibradas y más humanas.
Sociedades que comprendan que el desarrollo tecnológico tiene que ir acompañado por el desarrollo de la inteligencia humana en todas sus dimensiones.
Tal vez ahí esté una de las claves del futuro.
Integrar ciencia, innovación y tecnología con inteligencia corporal.
Porque el bienestar no es un medio para rendir más. Es una forma de vivir mejor.
Y quizás el mayor desafío de nuestro tiempo sea justamente ese: aprender a crear un futuro tecnológicamente avanzado, sin olvidar lo más esencial que tenemos. Nuestra humanidad.
(*) Creador del método Terapia Postural Holístico (TPH). Vive en Bariloche.
Quiénes participaron
Experiencia Fundacional de Bienestar: así se llamó el evento donde la ciencia, la tecnología y las prácticas conscientes se integraron para ayudarte a vivir con más energía, foco y equilibrio, en el Polo Tecnológico Neuquén, semanas atrás.
Participaron Facundo Pereyra, Lisandro Pereyra, Licia Manfio, Marcela Messineo e Ignacio Monti.
Comentarios