Qué comer durante el tratamiento oncológico: dos nutricionistas brindan consejos y recetas

Náuseas, falta de apetito, cambios en el gusto, molestias digestivas o cansancio extremo: cómo afrontar esta situación. Dos nutricionistas publican un libro que también está pensado para quienes acompañan a quienes atraviesan esta enfermedad.

“Cuando una persona recibe un diagnóstico oncológico, una de las primeras preguntas que aparece, casi de inmediato, es qué puede o debe comer. La alimentación se vuelve un tema central, cargado de dudas, miedos, mitos y recomendaciones contradictorias que circulan en redes sociales, grupos de WhatsApp y consejos bienintencionados del entorno”.
Quien así se expresa es la licenciada en obstetricia y nutrición Dana Arhex, coautora junto a Milagros Matanó, del libro recién editado “Qué comer durante el tratamiento oncológico”.


Durante el tratamiento, comer deja de ser un acto automático para convertirse muchas veces en un desafío. Náuseas, falta de apetito, cambios en el gusto, molestias digestivas o cansancio extremo son solo algunas de las dificultades que pueden aparecer y que impactan directamente en el estado nutricional y como consecuencia en la tolerancia al tratamiento y la calidad de vida”, comenta Arhex a Río Negro.
Aclara: “uno de los errores más frecuentes es pensar que existe una única forma “correcta” de alimentarse durante el tratamiento oncológico, o que hay alimentos milagrosos capaces de curar la enfermedad. Del otro lado, también es común caer en listas extensas de prohibiciones que generan culpa, miedo o una relación tensa con la comida”.


La realidad es que no existe una alimentación universal válida para todas las personas ni para todos los tratamientos, sostiene. “Cada situación es diferente y requiere un abordaje individualizado, que tenga en cuenta el tipo de tratamiento, los efectos secundarios, el estado nutricional, los gustos personales y el contexto de cada paciente y debería la persona ser acompañada por un nutricionista especialista en oncología”, afirma.
Desde la práctica clínica cotidiana, y a partir de escuchar las mismas preguntas una y otra vez, surgió la necesidad de crear una herramienta que ordenara la información y acompañara tanto a pacientes como a familiares, amigos y cuidadores, reconoce la entrevistada. Es así que nació el libro, escrito de manera conjunta por las dos licenciadas en Nutrición con un enfoque claro, práctico y basado en evidencia científica; con el acompañamiento de la editorial PAM publicaciones.

Hablar de nutrición es mucho más que hablar de calorías


El libro no propone dietas estrictas ni soluciones mágicas sino que ofrece consejos prácticos y recetas pensadas para los distintos síntomas que pueden aparecer en el tratamiento y dificultan una correcta nutrición. Está dirigido a quienes transitan un diagnóstico oncológico y a quienes acompañan y muchas veces no saben cómo ayudar desde la alimentación. Este dato no es menor: al inicio de cada capítulo, previo a las recetas, están las sugerencias que hacen sobre síntomas y malestares que el paciente oncológico ya vive pero quien acompaña necesita saber con más precisión. Y ahí está el hallazgo de este libro. Muchos de los tips provienen del sentido común pero que, justamente por atravesar una situación extrema, se extravían o se pierden.

No hay alimentos prohibidos universales ni soluciones únicas. Hay personas, tratamientos y momentos distintos. Y en ese camino, contar con guías claras y nutricionistas capacitados puede marcar una diferencia.

Dana Arhex, licenciada en obstetricia y nutrición


Hablar de nutrición en oncología no es solo hablar de nutrientes o calorías. Es hablar de cuidado, de acompañamiento y de calidad de vida. Tener acceso a información confiable permite desarmar mitos, reducir miedos y devolverle a la comida su rol de sostén, y no de presión adicional”, agrega.
“El mensaje es claro: no hay alimentos prohibidos universales ni soluciones únicas. Hay personas, tratamientos y momentos distintos. Y en ese camino, contar con guías claras y nutricionistas capacitados puede marcar una diferencia”, refuerza Arhex. “Cada comida puede ser un momento de alivio y disfrute para el paciente”, concluye.


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