Cuando la música también es una forma de cuidado que ayuda a aliviar el dolor
Especialistas del Hospital Universitario Austral destacan su aporte para aliviar síntomas, acompañar tratamientos y fortalecer vínculos.
Una canción que calma, una melodía que despierta recuerdos o una voz que acompaña cuando las palabras no alcanzan. Aunque la relación entre música y bienestar es conocida desde hace siglos, hoy existe cada vez más evidencia sobre sus efectos en la salud física y emocional.
La musicoterapia se aplica actualmente en áreas tan diversas como neonatología, rehabilitación neurológica, salud mental, oncología y cuidados paliativos. “La música tiene la capacidad de modular nuestro estado anímico; de aliviar, conectar y contener”, explica Agustina Iturri, musicoterapeuta del Servicio de Cuidados Integrales del Hospital Universitario Austral.
Según la especialista, la música puede influir en la frecuencia cardíaca, la respiración y los niveles de estrés. También puede convertirse en una vía alternativa de comunicación. Por eso, personas con Alzheimer pueden recordar canciones de su infancia aunque hayan olvidado otros aspectos de su vida, mientras que algunos pacientes con dificultades en el lenguaje logran expresarse mejor a través del canto.
Más que escuchar canciones
A diferencia de escuchar música por placer, la musicoterapia implica intervenciones planificadas y objetivos terapéuticos concretos. Las sesiones pueden incluir escucha, canto, improvisación o composición, y se adaptan a las necesidades físicas y emocionales de cada paciente.
“El trabajo siempre parte de una evaluación. No hay recetas universales”, señala Iturri. En muchos casos también participan familiares, mediante canciones compartidas, grabaciones o experiencias musicales que fortalecen los vínculos.
Una disciplina con evidencia
La musicoterapia cuenta con formación universitaria y forma parte de equipos interdisciplinarios junto a médicos, psicólogos, kinesiólogos y enfermeros. En 2023, Iturri lideró un ensayo clínico con 60 pacientes oncológicos. Según informó, quienes participaron de sesiones de musicoterapia con música en vivo mostraron mejoras inmediatas en variables como dolor, ansiedad, insomnio y frecuencia cardíaca.
La especialista también derriba un mito frecuente: no existe una música universalmente beneficiosa. “Hay pacientes que se relajan con heavy metal y otros a quienes la música clásica los pone nerviosos. Todo depende de la historia y el vínculo que cada persona tenga con esa música”, afirma.
La idea de que la música puede contribuir al bienestar de las personas no es nueva. Ya en la Antigua Grecia se le atribuían propiedades vinculadas al equilibrio emocional, y durante la Primera Guerra Mundial algunos hospitales incorporaron interpretaciones musicales para acompañar la recuperación de soldados heridos.
La musicoterapia no reemplaza medicamentos ni tratamientos médicos. Su aporte, destacan desde el Hospital Universitario Austral, consiste en complementar esos abordajes mediante intervenciones que ayudan a aliviar síntomas, mejorar la calidad de vida y acompañar a las personas en distintos momentos de su proceso de salud.
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