Estonia le dice no a Rusia

Por Redacción

COLUMNISTAS

Estonia, independiente desde 1991, es uno de los pequeños países del mar Báltico, con una población de 1,3 millones de habitantes que alguna vez fuera parte de la ex Unión Soviética. De esa población, una cuarta parte es aún de origen ruso. Estonia acaba de tener sus periódicas elecciones nacionales.

Como también sucede en Francia con el Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, el partido de Vladimir Putin, “Rusia Unida”, apoyó abiertamente -esto es hasta financieramente- a un partido político estonio que luce presuntamente de centro, pero tiene un discurso con perfiles populistas, el liderado por Edgar Savisaar, el alcalde de la lindísima ciudad de Tallinn, con su bien preservado casco medioeval, realmente único en el mundo.

¿Se imaginan ustedes, si alguno de los partidos norteamericanos de pronto apoyara a la oposición venezolana, el ruidoso caos sobre “injerencia inaceptable” que esto generaría?

No obstante, nadie parece reaccionar airadamente frente a lo que, en cambio, sucede abiertamente en Francia y en Estonia, donde el partido político ruso de Vladimr Putin “apoya” a uno de los partidos políticos locales. Como si ello fuera natural. Estonia, que es uno de los países que más abiertamente alerta sobre el peligroso y belicoso expansionismo ruso, presenció el despliegue de ese apoyo sin chistar demasiado.

Pero lo cierto es que el partido de gobierno, liderado por un activo -y hasta experimentado- joven de 35 años (el primer ministro más joven de Europa), Taavi Roivas, el llamado Demócratas por la Reforma y lo Social, se impuso limpiamente en las elecciones. Con el 28% de los votos totales, contra un 25% de las huestes prorrusas de Savisaar.

Lo que es un alivio para un pequeño país que, como todos los del Báltico, está siendo objeto de intimidaciones militares y aéreas constantes por parte de los fuerzas militares y aéreas de la Federación Rusa, que hasta recientemente se ha llevado “detenido” a un pobre funcionario aduanero estonio, acusándolo de hacer espionaje, sin mayores fundamentos ni explicaciones. Como mera demostración de fuerza, cabe presumir.

Para Estonia, el mejor de los resultados, para evitar lo que, de otra manera, podría haber sido una suerte de peligroso deslizamiento hacia la órbita de una Federación Rusa, cuyos nostálgicos apetitos de expansión se han evidenciado en la anexión ilegal de la península de Crimea y del puerto de Sebastopol, en una Ucrania que aún sufre y se desangra como consecuencia del torcido intervencionismo ruso.

EMILIO J. CÁRDENAS

Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS