Fabuloso e imparable

Mario Siperman, tecladista de los Cadillacs, habló con “Río Negro” sobre su último disco solista.

Por Redacción

A Mario Siperman, tecladista y productor y uno de los fundadores de Fabulosos Cadillacs, también le gusta trabajar con otros. Por eso en su segundo disco solista, “Conexión azul. Dúo con amigos”, lo acompaña la voz de Cecilia Baraz. “Me parece que está bueno hacer las cosas de uno pero ser permeable a que otras personas aporten”, le dice a “Río Negro” con la profunda calidez que parece caracterizarlo.

El material incluirá asimismo otras participaciones de artistas amigos, como Rony Keselman, Mariano Suiffet, Gustavo Roca, José Balé, Daniel Lozano, Claudio Gardiasz, Guillermo Gamiz, Gabriel Ibáñez, Checko D’Avila y Juan Subirá.

–¿Cómo componés en ese caso?

–En general, me siento y voy tocando hasta que encuentro una sonoridad, un par de acordes, algo que me llame la atención, y termino armando algo. Ahí ya digo “esto puede ir para algún lado” y busco cómo continuarlo.

–Y si pensamos en géneros, ¿por dónde andás?

–Te puedo decir las características de lo que busqué. En cierto sentido, es muy tranquilo, con tempos lentos. Cuando empezás a hacer un disco buscás los puntos en común, y todos los temas empezaron a ser más lentos. Empezó a haber cierta cosa hipnótica en la repetición. Había estado escuchando mucho a Leonard Cohen y me había gustado mucho esa monotonía, esa cosa lenta para representar ese sentido depresivo. Me gusta esa cosa monótona pero en un sentido “no depre”. Mi sensación es como cuando te sentás en el borde del mar o del lago y ves que la olita va y vuelve y te produce esa cosa mántrica… ése es, básicamente, el hilo conductor de lo que fue la música del disco. En el caso de mi coequiper, Cecilia Baraz, ella hace terapias con cuencos tibetanos y esa cosa de mantras está muy presente en “Conexión azul”.

–¿Cómo elaborás, al mismo tiempo, estas facetas de músico, compositor y productor?

–Lo vivo como parte de lo mismo. Comúnmente se confunde la producción ejecutiva (que es el que pone el dinero) con la producción artística, que es lo que yo hago. Están muy relacionadas, es como todo lo mismo. En el caso de La Estafa Dub (ver aparte) las composiciones no son mías pero estoy haciendo y pensando en música. Llega un momento en el que podés englobar todo eso en lo mismo. Tengo la suerte de tener un estudio propio, chiquitito, muy íntimo, y en general (salvo el día en que vienen a grabar otros músicos) estoy solo. Entonces está la cosa más introspectiva de “me voy a poner a tocar, a estudiar”, y es como un ámbito más creativo.

–Integrás una de las bandas “referentes” del rock nacional. ¿Te sentís muy vinculado a los Fabulosos o tu evolución musical se dio naturalmente hacia otro camino?

–No, re (revinculado). Lo bueno de los Cadillacs es que siempre fuimos poco rock stars. Eso permite tener tu personaje pero que sea fácil también salir del personaje de Cadillac y virar el timón para cualquier lado. Por más que hagan casi 30 años que tocamos y aprendimos todo lo de la música con los Cadillacs, sí te diría “soy un Cadillac”, pero es bastante libre, despojado de normas. Todos hacemos lo que queremos y tenemos cosas paralelas al grupo. Son cosas que aprendimos con el tiempo: no hace falta entrar en la vorágine –ya lo hicimos en algún momento y pagás un precio grande, a pesar de las cosas buenas– y sabemos que no es necesario hacer todo lo que nos ofrecen. No hace falta. Creo que lo peor que le podés hacer a un grupo es pensar que hay que hacer todo, que si no hacés todo hoy la gente no se va a acordar de vos, y la verdad es que si la gente no se tiene que acordar más de vos, le va a pasar lo mismo hagas ocho mil locuras por día o no las hagas. (Ver recuadro)

Así, el músico decidió hacer aquellas cosas de las que disfruta, y producir a bandas independientes es una de ellas.

PAULA GINGINS

foto: Cecilia maletti


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