“Falsos consumos y abusos en facturación de telefonía celular”
Quiero brindar una información útil para la comunidad que va más allá de la queja personal y espero que sirva a miles de lectores expuestos a una pertinaz defraudación “hormiga” a través de la facturación indebida de supuestos “servicios” para sus teléfonos celulares. Mi condición de ingeniero vinculado largo tiempo con la tecnología, combinada con una atenta interpretación cívica de cuestiones de orden público, me coloca en una posición inmejorable para develar el entramado de lo que parece un miserable negocio expandido en los últimos años merced a la negligencia o complicidad de los organismos de control de un Estado ausente. Mi caso es que desde el 2012 se comenzó a incluir en mi factura de telefonía celular un ítem menor ambiguamente denominado “consumo de servicios premium” que se dice incluye ringtones, entretenimientos y contenidos, lo cual por largo tiempo pasó inadvertido por cuanto el pequeño valor artificialmente agregado no era suficientemente importante para llamar mi atención sobre las facturas, adheridas a un sistema de débito automático, y a su vez porque dichos “servicios” nunca se me evidenciaron en una prestación observable. A mediados del año pasado, habiendo advertido la situación anormal, concurrí a las oficinas de la compañía y solicité infructuosamente la revisión de la facturación abusiva y la cancelación de estas supuestas “prestaciones”. Cuestión que insistí que debía ser realizada por la compañía telefónica emisora de la factura, ya que no correspondía que fuera yo quien pidiera la “baja” de un servicio al que me consta nunca había adherido. Cualquiera puede visualizar en internet numerosas protestas sobre estas adhesiones compulsivas realizadas a espaldas del cliente, incluyendo quejas a Defensa del Consumidor. A partir de ese momento vigilé con atención a cualquier cambio o rectificación (cosa que no se produjo). Mientras tanto me he ido informando de casos análogos. Al fin logré la ansiada “baja” hecha por Movistar y aún continúo gestionando la refacturación de los períodos sometidos a la exacción impuesta. Algo parecido a esto les ha ocurrido (y le sigue ocurriendo) a miles de usuarios abonados de telefonía celular en todas las prestadoras, y me parece que también perjudica a aquellos que utilizan sistemas prepagos que, al carecer de detalle en factura, no tienen cómo advertir la sangría silenciosa de estos cargos indebidos. Por este motivo, escribo esta carta para echar un poco de luz sobre este oscuro negociado e invitar a quienes puedan estar afectados a advertir la silenciosa cobranza. En mi caso, las sumas devengadas han sido a la orden de una empresa “rara”, inscripta impositivamente en la Argentina con CUIT 30-71033258-0, con domicilio en Avenida del Libertador 13256, Martínez, Buenos Aires, que es una ignota corporación multinacional de origen mexicano, presente en casi todos los países de Latinoamérica y también en Rusia, Polonia, Serbia, Bangladesh, Singapur, Hong Kong, Tailandia, etc. y cuya apariencia de servicios prestados para mí como usuario figura como la adhesión al “Club Entertainment Factory”. Estas supuestas prestaciones nunca se materializarán como un suministro concreto e identificable, lo que contribuye a mantener un velo misterioso sobre los alcances de su rubro general de “servicios empresariales”. A mi entender, está la adhesión subrepticia y compulsiva de miles de “clientes” argentinos a no se sabe bien qué servicios de “contenidos” y que se realiza abiertamente, de manera indefinida e indeterminada, a la vista de los organismos de control, lo que configura una gigantesca exacción de proporciones colosales; esto es sin recibir ningún tipo de atención o vigilancia especial para evitar abusos y, lo que es peor, tolerando una facturación forzada por pequeños importes que en conjunto alcanzan sumas significativas; por parte de una “empresa oculta” desconocida e invisible al cliente y que recauda innominadamente a través de facturación de terceros, enmascarada en figuras de fantasía. También me llama la atención la estructura difundida mundialmente de la ignota corporación mexicana dedicada a la venta de “contenidos”, iniciada en el 2005, afincada en nuestro país a partir del 2007, con destacable presencia en algunos países con normas permisivas, pero llamativamente ausente de los países más rigurosos en el control financiero, que es allí donde podrían contar con posibles clientelas de mayor poder adquisitivo deseosas de adherir a sus “servicios premium”. Esto me hace pensar (ojalá que esté equivocado) que muchos inocentes clientes de telefonía celular estamos siendo utilizados en una sórdida red poco explicable. No creo que desde los organismos del gobierno se haga algo para revertir este sospechoso sistema, pero considero un deber cívico alertar a otros ciudadanos para que controlen su facturación telefónica celular y, al menos por sus propios medios, eviten ser sigilosamente “desplumados”. Guillermo López Chamadoira, DNI 10.103.185 Neuquén
Guillermo López Chamadoira, DNI 10.103.185 Neuquén
Quiero brindar una información útil para la comunidad que va más allá de la queja personal y espero que sirva a miles de lectores expuestos a una pertinaz defraudación “hormiga” a través de la facturación indebida de supuestos “servicios” para sus teléfonos celulares. Mi condición de ingeniero vinculado largo tiempo con la tecnología, combinada con una atenta interpretación cívica de cuestiones de orden público, me coloca en una posición inmejorable para develar el entramado de lo que parece un miserable negocio expandido en los últimos años merced a la negligencia o complicidad de los organismos de control de un Estado ausente. Mi caso es que desde el 2012 se comenzó a incluir en mi factura de telefonía celular un ítem menor ambiguamente denominado “consumo de servicios premium” que se dice incluye ringtones, entretenimientos y contenidos, lo cual por largo tiempo pasó inadvertido por cuanto el pequeño valor artificialmente agregado no era suficientemente importante para llamar mi atención sobre las facturas, adheridas a un sistema de débito automático, y a su vez porque dichos “servicios” nunca se me evidenciaron en una prestación observable. A mediados del año pasado, habiendo advertido la situación anormal, concurrí a las oficinas de la compañía y solicité infructuosamente la revisión de la facturación abusiva y la cancelación de estas supuestas “prestaciones”. Cuestión que insistí que debía ser realizada por la compañía telefónica emisora de la factura, ya que no correspondía que fuera yo quien pidiera la “baja” de un servicio al que me consta nunca había adherido. Cualquiera puede visualizar en internet numerosas protestas sobre estas adhesiones compulsivas realizadas a espaldas del cliente, incluyendo quejas a Defensa del Consumidor. A partir de ese momento vigilé con atención a cualquier cambio o rectificación (cosa que no se produjo). Mientras tanto me he ido informando de casos análogos. Al fin logré la ansiada “baja” hecha por Movistar y aún continúo gestionando la refacturación de los períodos sometidos a la exacción impuesta. Algo parecido a esto les ha ocurrido (y le sigue ocurriendo) a miles de usuarios abonados de telefonía celular en todas las prestadoras, y me parece que también perjudica a aquellos que utilizan sistemas prepagos que, al carecer de detalle en factura, no tienen cómo advertir la sangría silenciosa de estos cargos indebidos. Por este motivo, escribo esta carta para echar un poco de luz sobre este oscuro negociado e invitar a quienes puedan estar afectados a advertir la silenciosa cobranza. En mi caso, las sumas devengadas han sido a la orden de una empresa “rara”, inscripta impositivamente en la Argentina con CUIT 30-71033258-0, con domicilio en Avenida del Libertador 13256, Martínez, Buenos Aires, que es una ignota corporación multinacional de origen mexicano, presente en casi todos los países de Latinoamérica y también en Rusia, Polonia, Serbia, Bangladesh, Singapur, Hong Kong, Tailandia, etc. y cuya apariencia de servicios prestados para mí como usuario figura como la adhesión al “Club Entertainment Factory”. Estas supuestas prestaciones nunca se materializarán como un suministro concreto e identificable, lo que contribuye a mantener un velo misterioso sobre los alcances de su rubro general de “servicios empresariales”. A mi entender, está la adhesión subrepticia y compulsiva de miles de “clientes” argentinos a no se sabe bien qué servicios de “contenidos” y que se realiza abiertamente, de manera indefinida e indeterminada, a la vista de los organismos de control, lo que configura una gigantesca exacción de proporciones colosales; esto es sin recibir ningún tipo de atención o vigilancia especial para evitar abusos y, lo que es peor, tolerando una facturación forzada por pequeños importes que en conjunto alcanzan sumas significativas; por parte de una “empresa oculta” desconocida e invisible al cliente y que recauda innominadamente a través de facturación de terceros, enmascarada en figuras de fantasía. También me llama la atención la estructura difundida mundialmente de la ignota corporación mexicana dedicada a la venta de “contenidos”, iniciada en el 2005, afincada en nuestro país a partir del 2007, con destacable presencia en algunos países con normas permisivas, pero llamativamente ausente de los países más rigurosos en el control financiero, que es allí donde podrían contar con posibles clientelas de mayor poder adquisitivo deseosas de adherir a sus “servicios premium”. Esto me hace pensar (ojalá que esté equivocado) que muchos inocentes clientes de telefonía celular estamos siendo utilizados en una sórdida red poco explicable. No creo que desde los organismos del gobierno se haga algo para revertir este sospechoso sistema, pero considero un deber cívico alertar a otros ciudadanos para que controlen su facturación telefónica celular y, al menos por sus propios medios, eviten ser sigilosamente “desplumados”. Guillermo López Chamadoira, DNI 10.103.185 Neuquén
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