Fuerzas desmoralizadas
El año ha comenzado mal, muy mal, para la Fuerza Aérea Argentina. Además de la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de ordenar el pase a retiro inmediato del brigadier Daniel Rodríguez por no haber impedido el robo de una cantidad impresionante de municiones de la base de El Palomar, se ha visto salpicada por la detención de dos pilotos –hijos de quien fue el comandante en jefe, el brigadier fallecido José Juliá, y del brigadier José Miret, el secretario de Planeamiento Nacional del régimen militar, respectivamente– en España, a donde arribaron en un avión de la empresa Medical Jet que llevaba casi una tonelada de cocaína, la que de comercializarse en la calle valdría aproximadamente 30 millones de euros. Si bien sería claramente injusto culpar a los padres por delitos cometidos por sus hijos y, de todos modos, no son militares, el que se haya tratado de miembros notorios de la “familia aeronáutica” no puede sino desprestigiarla todavía más. Lo mismo que el robo de 20.000 municiones de El Palomar, la detención de Gustavo Juliá y Gastón Miret, acusados de narcotráfico, será tomada por la ciudadanía por un síntoma más del estado de desmoralización, en ambos sentidos de la palabra, en que se encuentran tanto la Fuerza Aérea como el Ejército y la Armada. Aunque a esta altura quedan muy pocos veteranos de la represión ilegal, los militares siguen pagando colectivamente por los crímenes que fueron cometidos por sus antecesores, soportando purgas periódicas –según parece, algunas basadas en el delito de “portación de apellido”– y procurando manejarse con presupuestos mínimos a pesar de la expansión llamativa que ha experimentado la economía nacional en los años últimos. Huelga decir que la gestión como ministra de Defensa de Nilda Garré no ayudó a convencerlos de que el gobierno kirchnerista estaba interesado en temas como la reconciliación nacional luego de casi tres décadas de ostracismo. De acuerdo con el ex ministro de Defensa radical Horacio Jaunarena, a raíz de la voluntad del gobierno kirchnerista de seguir castigando a los militares se ha hecho tan grave la escasez de municiones que, de estallar una guerra contra un enemigo medianamente competente, las fuerzas armadas nacionales no podrían luchar por más de 12 horas. Dicho de otro modo, son cáscaras casi vacías que en su estado actual sirven para muy poco, de suerte que lo lógico sería abolirlas por completo. Aún no sabemos mucho acerca de las eventuales ramificaciones de los escándalos más recientes, pero en vista de los vínculos de los detenidos en Barcelona con empresarios de trayectoria dudosa, algunos de ellos socios consuetudinarios del poder de turno, y con funcionarios de distintos gobiernos, es más que probable que la investigación que está en marcha nos depare sorpresas ingratas que involucran a personajes notorios. Asimismo, el episodio que acaba de producirse ha contribuido a consolidar en el exterior, sobre todo en Europa, la imagen de la Argentina como un auténtico emporio de la droga, puesto que nadie ha olvidado la participación en el negocio de la empresa aérea Southern Winds, que transportaba valijas llenas de cocaína con una etiqueta que decía “embajada argentina en España, o los arrestos de una serie de “mulas” procedentes de nuestro país. Aunque algunos optimistas insisten en que la Argentina sigue siendo sólo un “país de tránsito” para productos originados en Bolivia, Colombia e incluso México, nadie ignora que aquí también la droga está ocasionando estragos en las zonas más deprimidas del conurbano bonaerense, mientras que con cierta frecuencia se informa de las actividades de sujetos pertenecientes a los cárteles colombianos y mexicanos. Y como si todo esto no fuera más que suficiente, todavía no se ha disipado la sospecha de que en el 2007 narcotraficantes aportaron dinero a la campaña electoral de Cristina. Mal que le pese al gobierno que, desde luego, ya ha manifestado su indignación por alusiones a la hipotética relación de Néstor Kirchner con Medical Jet –según el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el ex presidente nunca empleó los servicios de la empresa que, dijo, está vinculada al gastronómico Luis Barrionuevo–, para desvirtuar tales sospechas tendrá que luchar contra la droga con medidas mucho más contundentes que las ensayadas hasta ahora.