En Aluminé hace estas cerámicas y alfarería que todos queremos tener en nuestras cocinas

María Agostina Botella realiza piezas únicas, duraderas y artísticas. La historia de una artesana de nuestra cordillera.

La alfarería está ligada a la artesanía y el bajo costo energético, por definición. De manera muy particular, la creatividad y la producción de María Agostina Botella (28) se plasma en piezas únicas, duraderas y estéticamente imperecederas. La reivindicación de lo auténtico y ancestral es lo suyo: así lo define esta emprendedora de Aluminé, con la que mantuvimos una charla semanas atrás, en una feria en la plaza de su pueblo. “Sí, me considero una artesana”, afirmó.


P – ¿Ceramista o alfarera?
R –
Ambas cosas. Alfarería es trabajar en torno, y cerámica convertir el barro en cerámica. Las piezas que hago son en torno alfarero. Soy muy feliz haciendo cerámica; gracias a ella crecí mucho, logré hacer mi propio taller. Y gracias a la colaboración de la comunidad pude adquirir un horno de baja temperatura, con una rifa/sorteo de cerámicas que hice. Me gusta mucho participar en ferias e interactuar con las personas que no tienen idea de lo que es la cerámica, intercambiar ideas con colegas ceramistas u otrxs artesanxs. Tengo ganas y la esperanza de algún día vivir únicamente de la cerámica.

P – ¿Cómo llegaste a este emprendimiento?
R –
Hace unos años me enteré que en el Centro de Formación Profesional Nº4 de Aluminé ofrecían el Trayecto de Formación Profesional Ceramista Artesanal con una duración de dos años. En 2019 pude anotarme, sin tener conocimientos previos.

Me anoté por curiosidad y fue ahí que abrí la puerta a un mundo nuevo e increíble. Conocí muchas técnicas de trabajo, realizar piezas con pellizcos, planchas, molde, entre otras tantas… hasta que me senté en el amado torno alfarero. También aprendí técnicas de decoración para las piezas, formular engobes y esmaltar.

“Hay que rematerializar el mundo en clave circular y sostenible”, invita esta entusiasta. Y sobran los motivos para creerle y confiar en su sueño.


En el segundo año de estudio hicimos investigaciones de arcillas locales y con ellas realizamos esmaltes. A partir de la virtualidad tuve la posibilidad de anotarme a un taller que dictan en Buenos Aires sobre la formulación e investigación de esmaltes.

P – ¿Como explicás tu entusiasmo por trabajar la arcilla?
R –
Es un insumo muy versátil, me da la posibilidad de moldearla a mi manera y si no estoy conforme lo puedo desarmar, hidratar y volver a empezar. Sentirla girar en el torno y que las manos la moldeen es una experiencia única. Me fascina. Cuando logro hacer la pieza que imaginé, me doy cuenta que la transformé en un objeto que es para siempre, que ya no volverá a ser como antes, no hay manera a que vuelva a ser barro otra vez.

P – ¿Que arcillas trabajás?
R –
Cuando adquirí el conocimiento de estudiar arcillas locales y pude trabajarlas me gustó la idea de que si hago cerámica artesanal y la Tierra me brinda la materia prima, lo tengo que aprovechar. Aluminé está rodeado de arcillas. El territorio neuquino cuenta con muchas vetas de arcillas diferentes. Eso es increíble. Hoy se producen piezas de arcilla recolectada en el centro de la provincia de Neuquén, muy cerca de Zapala. Pero estoy en la constante búsqueda e investigación de arcillas acá en Aluminé.

P – ¿Cómo resolvés la cuestión de los esmaltes, tintes y demás?
R –
Realizo mis propios esmaltes, aptos para vajilla. El esmalte es un vidriado, hace que la pieza sea impermeable. Este vidriado es a base de fundente, arcilla y se puede hacer de muchos colores gracias a los óxidos que se extraen de diferentes metales como el hierro, cobre, cobalto, manganeso, cromo… Estos insumos los compro en una casa de ceramistas, otros en Buenos Aires y algunos en China Muerta, a pocos kilómetros de Neuquén.

La cerámica mapuche influye en el trabajo de María Agostina. “Cada pieza la realizaban con arcillas locales: en eso coincido y lo tomo para mi trabajo”, explica.


“Me inspira el gres, los esmaltes mate y chorreados”, comenta María Agostina, quien resalta en todo momento la formación que logró en Aluminé y de la posibilidad cierta de cosechar sus arcillas en la zona. Mirar y tocar sus productos es un deleite: son sofisticadísimas. En este punto, afirma: “La estética de mi producción fue surgiendo en pruebas, en el levantado de piezas y de esmaltes, como que dejé fluir esa parte… No fue hace mucho que logré un esmalte que me voló la cabeza. Y las piezas quedan muy parecidas a una pieza de gres que es una cerámica de alta temperatura (1200º / 1245º). Algún día me encantaría adquirir un horno de alta temperatura y lograr piezas más resistes y con esa estética única.

P – ¿Qué cosas vas teniendo en cuenta en la creación?
R –
Considero siempre que la pieza sea utilitaria, el peso, la textura, los tamaños, el grosor de las paredes y asas. Después juego con los esmaltes: realizo superposiciones. Así es como se identifican las piezas, cada una es única. Intento hacer cuencos que sean de “la familia” pero cada uno tiene una diferencia. Y eso, también, es lo que identifica a mi emprendimiento.

La cerámica mapuche influye de algún modo en mi trabajo. Cada pieza la realizaban con arcillas locales: en eso coincido y lo tomo para mi trabajo. En la estética me inspira la naturaleza, los bosques y los lagos que nos rodean. Me gusta trabajar con colores que se asemejan a los de las araucarias, coihues, cortezas de los árboles y los diferentes tonos de color de los lagos.

P – El cuidado medioambiental y sustentable, ¿de qué modo está presente en tu trabajo?
R –
Está presente. Si bien utilizo óxidos que se extraen de los metales, intento no derrochar absolutamente nada; lavo las herramientas en tachos, dejo que decanten y guardo todo (quizás de ahí sale un color de esmalte único e irrepetible). Si el agua que queda en el tacho está limpia, la paso a otro para reutilizar; caso contrario, riego el pasto con ella.

Lo mismo hago con la arcilla, por más que esté rodeada de vetas, cuido mucho la arcilla con la que trabajo, de la misma manera que los esmaltes. Nada se va por la cañería. No derrocho nada.

Algunos de los productos que hace en Lemu Cerámica.


En este perfil de artesana ecológica, dice que “cuando vendo piezas las entrego en cajas recicladas, las decoro con mi sello y reutilizo el papel que vienen adentro de los calzados nuevos, o el plástico de globitos, para cuidar cada pieza. Siempre alguien guarda para no tirar y me lo da”.

En ese contexto, su mensaje siempre es el mismo: reemplacemos el plástico por la cerámica. “¿Mi sello? Que todo es artesanal y local, el estudio y limpieza de arcilla, la creación de cada pieza es en torno alfarero, los esmaltes también son artesanales y tienen una profunda investigación”.

A este emprendedora de Aluminé la podemos cruzar en las ferias neuquinas, en @lemu.ceramica o bien el el local ubicado en la Feria de Producción Artesanal de Aluminé, un edifici frente al río de su pueblo, que diseñó y concretó el gobierno provincial de Neuquén. “Hay que rematerializar el mundo en clave circular y sostenible”, invita esta entusiasta. Todo da para creerle y confiar en su sueño.

@lemu.ceramica


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