Giménez: el señor de los sonidos

Entrevista con el investigador y talentoso percusionista neuquino.El músico acompañó a Ramiro Musotto y Luis Salinas en sus recitales.



NEUQUÉN (AN).-¿Cómo llega Mario “El Negro” Giménez a estar en esta página? En la presentación de Ramiro Musotto y Orchestra Sudaka en la ciudad, cuando el Teatro Español explotó al ritmo del berimbao, este neuquino de porte robusto y verborrágico, de 62 años, le inyectó virtudes y energía local al show. Entonces, quedó claro: este tipo merece la atención.

Talentoso percusionista, baterista, e investigador eterno de los ritmos africanos, “El Negro” es un personaje decisivo en la historia de la percusión valletana del los últimos tiempos. Su participación en el recital de Musotto, en el que dio el guitarrista Luis Salinas, y su aporte en las melodías de Beatriz Pichi Malén, son la muestra fiel de sus habilidades. Esas que mamó de un padre baterista en una casa “muy musical”. Y dejó fluir desde los doce años, aún con el título de contador público en mano.

“El Negro” estudia con mirada antropológica los orígenes de los ritmos (actualmente repasa las historias de los Tehuelches), las potencialidades de los instrumentos, escucha a los colegas (sobre todo a los más jóvenes), y va por la vida con un grabador de mano capturando sonidos de la calle. Por él pasó una guitarra, la batería, la calimba, el berimbao, la mbira o piano de mano (traído especialmente de Zimbabwe), otros instrumentos de percusión, y como si eso fuera poco, el piano.

Año 1999. Carlos “Biafra” Giménez, percusionista, hombre tremendamente investigador, hermano de “El Negro” y compañero de la banda Los Giménez y Cía., muere de un infarto. Ahí Mario se sintió vacío, abatido. Pero por cosa del destino aparece Luis Salinas y lo acerca otra vez al mundo de la música a través de una gira. El guitarrista le hace el aguante. Su batería lo saca de la angustia.

Así “El Negro” empezó de nuevo. “Sentía un vacío horrible, no lograba hacer pie, hasta que Luis se enteró, me mandó a llamar y me sacó una gira. Yo le debo a él volver a la música”, dice. ¿Cómo se conocieron con Salinas? “Fue en una fiesta privada, en Neuquén, cuando con mi hermano fuimos sus teloneros”, recuerda.

Tras la muerte de “Biafra”, que había puesto la percusión al primer disco de Beatriz Pichi Malén (“Plata”), Mario empezó a tocar con ella. Todo mientras continuaba su trabajo como contador. “Me fui a Bahía Blanca a estudiar música y no conseguí lo que quería. Entonces, como mis trabajos habían sido alrededor de los papeles, estudié para contador. Llevo las dos cosas juntas, de la mano, incluso no sé si tendría la capacidad de estar al cien por ciento con la música”, explica y sigue repasando su historia.

Cuenta que en su paso por Bahía Blanca integró durante tres años la Orquesta Sinfónica de esa ciudad. Algo que compartió además con su hermano, “Biafra”, quien dejó huella en Buenos Aires, San Salvador de Bahía (Brasil) y, por supuesto, Neuquén. “Carlos fue el profesor de muchos percusionistas. Muchos de ellos, como el caso de Ramiro Musotto, me cuentan que les hizo el click y quisieron ser músicos al verlo tocar a él. Ramiro era un pibe y lo admiraba”, dice. Lo que explica la amistad que tiene Mario con Musotto y que compartan escenario con un notable feeling.

Admirador de Piazzolla, Waldo de los Ríos, Naná Vasconcelos, Buddy Rich, Horacio “El Negro” Hernández, Julio Barreto, entre otros, en su trayectoria acompañó a grandes guitarristas, percusionistas y pianistas. Y pese a que prefiere el jazz por sobre otros ritmos (“porque lo hicieron los negros, los esclavos”), de su batería han salido melodías de tango, rock y folclore.

– ¿Qué tiene la batería?

– Me atrae porque considero que es el corazón de cualquier grupo. Y ahi tenés que estar atento. Tenés que acompañar fundamentalmente. El baterista y el bajista son la base del resto de los instrumentos.

– Sos además un estudioso de lo que haces…

– Si, porque los tambores están pegados a la religión y también a la danza de una cultura. Y si no dominas bien esa historia no va…Yo digo que si toco y no le hago mover los pies a la gente, no sirve. Muchas veces lo que hago es hacerle escuchar a mi nieto chiquito, y si él se mueve está bien.

– Es tu termómetro..

– Si, mi referencia. Porque como músico te entrego algo y si eso no te conmueve, no te trasmite sensaciones o te genera algo, no sirve.


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