Ginebra no sabe que es Ginebra

Es la Babel de la diplomacia y reúne tesoros del conocimiento, el arte, la ciencia y la arquitectura.

Ginebra no sabe que es Ginebra. Eso decía Borges cuando comparaba con París o Londres a la ciudad que eligió para vivir de joven y, luego, para morir: “París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres, pero Ginebra casi no sabe que es Ginebra”. Y tenía razón. Ginebra es tímida y humilde pero a la vez fascinante y asombrosa.

Ginebra sorprende. Es la segunda ciudad más populosa de Suiza, después de Zurich, con casi 180 mil habitantes y el cantón del mismo nombre reúne a unas 500 mil personas. La ciudad está a orillas del Lago Lemán y en el nacimiento del río Rhone, limitando en casi todo su perímetro con Francia.

Los motores de su economía son la prestación de servicios, la diplomacia y la actividad bancaria. Es la tercera plaza financiera más importante de Europa (después de Londres y Zurich) especializada en la banca privada y el comercio internacional. La producción de relojes y la tecnología también generan aportes. A pesar de no ser un destino turístico preferido, Ginebra está entre las cinco ciudades del mundo con mejor calidad de vida -según el ranking de la consultora Mercer- precedida por Viena, Melbourne, Vancouver y Zurich.

En Ginebra se habla francés pero al subir al tranvía uno puede experimentar la sensación de estar en la Torre de Babel: no hay más de dos o tres pasajeros que hablen la misma lengua y se aprecia la composición multicultural y colorida de su sociedad. Más del 45% de sus habitantes son extranjeros. Su heterogeneidad se debe en gran parte a que alberga los cuarteles generales de numerosos organismos, ONGs y bancos internacionales.

La ciudad fue testigo del nacimiento de las Naciones Unidas y es la capital de la diplomacia internacional. También es una ciudad rica en su vida cultural y llena de oportunidades académicas y ofertas para iluminar e inspirar el pensamiento y el espíritu artístico: La Universidad de Ginebra, el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales y el Instituto de Graduados brindan una gran oferta de posgrados que hacen que la ciudad tenga una vibrante vida estudiantil y académica con profesores, investigadores y estudiantes de todo el planeta. Cada año se ofrecen un sin número de conferencias y seminarios con académicos y políticos prestigiosos y los debates más actuales, especialmente en derechos humanos, derecho internacional humanitario y desarrollo.

La Ópera, el Victoria Hall y el Gran Teatro, en la cálida Place Neuve, ofrecen temporadas de las mejores óperas en Europa, obras de teatro y conciertos de orquestas de todos los rincones. En la misma plaza, el Conservatorio de Música alberga a casi 2.500 estudiantes de más de 30 disciplinas.

Su amplia oferta cultural, académica, turística, de negocios y finanzas, restaurantes y ocio hacen de Ginebra una gran ciudad, y por eso es considerada la metrópoli más chica del mundo. Además, está ubicada en un lugar estratégico en el centro de Europa y rodeada de los hermosos paisajes de los Alpes, el Jura, el monte Saléve, el lago Lemán y el valle del río Rhone en donde es posible practicar desde deportes de riesgo hasta caminatas en la montaña.

El funcionamiento de la ciudad imita la precisión de un reloj suizo. Ginebra es limpia, su tránsito es ordenado y seguro, los buses y tranvías llegan exactamente al horario previsto y los parques son el tesoro de sus habitantes. La valoración y el cuidado por los espacios públicos son admirables y se los asume como el resultado obvio de los elevados impuestos.

La Babel de la diplomacia

Además de ser la segunda sede de la ONU, Ginebra cobija a otros organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) y la Unión Internacional de los Parlamentos (IPU), entre otros. También se encuentra el Consejo Europeo de Investigación Nuclear -conocido como el CERN por su sigla en francés- que cuenta con un anillo acelerador de partículas de más de 27 kilómetros entre las fronteras de Suiza y Francia. El CERN es el laboratorio de física nuclear más grande del mundo y cuenta con investigadores y financiamiento de más de 20 países. Entre sus investigaciones más sobresalientes se encuentra el reciente descubrimiento del Bosón de Higgs conocido como la “partícula de Dios”.

Los barrios de Ginebra

Los barrios de Ginebra reflejan su diversidad arquitectónica y cultural. Cada uno posee su estilo, colores, ruidos, olores y variedad de rincones para visitar. En la Vielle Ville basta caminar por sus callecitas laberínticas y de adoquines para imaginar el encanto de la Ginebra antigua. Innumerables barcitos invitan a sentarse a repasar las fotos, a disfrutar de una novela o un café, y a ello se suman galerías de arte suntuosas y alternativas y librerías de todo tipo. En la Vielle Ville se pueden visitar la Catedral de San Pedro de Ginebra donde en 1536 se aprobó la Reforma promovida por Calvino y el Museo Internacional de la Reforma.

Otro barrio pintoresco es Paquis, en el centro, muy cerca de la estación de trenes principal, Gare Cornavin. En él vivían los paquistaníes, y hoy es una zona internacional llena de restaurantes de diversos países que ofrecen desde raclette suiza hasta kebabs y tacos mexicanos. En la rivera izquierda del Lemán, en una especie de dársena, se encuentran los Baños de Paquis desde donde se obtiene una hermosa visión panorámica de la ciudad. Allí se pueden visitar las playas más concurridas en verano, saunas y un restaurante-cooperativa que ofrece platos deliciosos y en invierno la clásica fondue de queso. Al paisaje invernal ginebrino suelen colarse varios nadadores osados que luego de un paso por el sauna se bañan en las aguas heladas del lago.

Frente a Paquis, en la margen derecha del lago se encuentra el señorial barrio de Eaux Vives donde están las tiendas de las grandes marcas de ropa, relojes y sucursales de bancos de todo el mundo en la Rue de la Confederation. En la costanera de Eaux Vives se encuentra el chorro de agua (Jet d´Eau), clásico emblema y postal de la ciudad. Fue instalado en 1886 como la llave de paso de agua de la ciudad, dispara 500 litros de agua por segundo a 140 metros de altura y a 200 kilómetros por hora. El chorro, que puede ser visto volando a 10 mil metros, es hoy la fuente más alta de Europa y una de las más grandes del mundo.

Otro barrio que se debe visitar es Carouge, al que se llega en tranvía desde el centro. Es un barrio bohemio del otro lado del río Arve que nació como una ciudad opuesta a la Ginebra protestante. Especialmente su arquitectura de casas bajas de no más de dos pisos y estrechas calles abarrotadas por bares, talleres de artes y locales de diseño lo hacen un lugar diferente al resto de la ciudad. En el centro se encuentra la Plaza del Mercado (Place du Marché) en la que consiguen verduras, carnes y quesos, artesanías y antigüedades, según el día de la semana.

Suiza

mariana rulli

marianarulli@gmail.com


Exit mobile version