Giro en la carrera al espacio
Eduardo Tempone *

Hacía casi dos días que habían llegado. En la Tierra, era un martes 2 de junio del año 2020. Las calles semivacías por una pandemia que parecía una pesadilla. El mundo virtual se fundía en el espacio. En ese espacio donde Robert Behnken y Douglas Hurley se habían instalado desde el domingo 31 de mayo.
En Nueva York, una de las ciudades más asoladas por el covid-19, la esquina noroeste de Times Square se preparaba para abrir otro día más de la bolsa de valores del Nasdaq. Como siempre, a las 9:30 AM.
Allí, en esa pantalla virtual donde cotizan las principales empresas tecnológicas del mundo y los números suben y bajan a un ritmo vertiginoso, ese día de junio fue diferente. Desde la Estación Espacial Internacional (EEI) los astronautas estadounidenses Behnken, Hurley y Chris Cassidy, que ya se encontraban en la estación, hicieron sonar esa tradicional campana que anuncia la apertura de los mercados.
En una conjunción entre Nasdaq y la NASA, estos héroes del espacio abrieron una puerta que puede anticipar un cambio en el modo en que se verán los viajes tripulados al espacio en los próximos años. Y no sólo marcaron un hito en la carrera espacial sino que, quizás, abrieron un nuevo camino en la historia económica del espacio.
Durante las últimas décadas, la NASA era la que construía y operaba los vuelos al espacio. Pero luego del accidente del Columbia (2003) y la finalización del programa de los transbordadores (2011), buscó un nuevo modelo operativo público-privado que le permitiera alcanzar sus objetivos, abriendo oportunidades a que empresas privadas desarrollen tecnologías innovadoras que rejuvenezcan el sector.
La empresa Space X forma parte de ese programa de tripulación comercial impulsado por la NASA. Su objetivo es verificar el buen funcionamiento del cohete Falcon 9 y de la cápsula del Crew Dragon, para habilitarlos como sistemas de transporte con personas a bordo.
Un sueño que empezó a acariciar su propietario, el multimillonario Elon Musk, considerado un visionario polémico de Sillicon Valley. Hace un tiempo, Musk solicitó a los diseñadores que incluyeran una ventana en las naves espaciales de carga. Y esa fue la característica de los vehículos en los veinte viajes que hizo su compañía para transportar provisiones a la estación espacial. Esa ventana devino en símbolo de la ambición del proyecto y fue un recordatorio de que su objetivo era operar un vuelo tripulado. Una cuestión difícil y costosa.
En primer lugar, porque los cohetes deben ser confiables y los vehículos deben incluir sofisticados sistemas de soporte para la supervivencia. Solo tres países, Rusia, los Estados Unidos y China, han logrado esa hazaña. Aunque Space X demuestra que no seguirá siendo una cuestión reservada a las grandes potencias.
Pero tal vez el logro más significativo del Space X ha sido la reducción de los costos de lanzamiento, un obstáculo que ha limitado la actividad espacial. Entre 1970 y 2000 el costo promedio de enviar un kilo de material al espacio fue de 18.500 dólares estadounidenses. Dentro del programa de Space Shuttle subió a 54.500. Para el Falcon 9, el cohete empleado por Space X, el costo es solo de 2.720 por kilo.
La NASA prevé que este modelo de asociación también podría funcionar para los módulos de aterrizaje lunares. Otras empresas participan de esos programas, como Blue Origin -la compañía de Jeff Bezos fundador de Amazon y dueño de The Washington Post- que desarrolla el Blue Moon. Es una nave que parece una versión más importante de las que se usaron en los programas Apollo en 1960 y 1970.
Se abre así una nueva era en la exploración espacial en la que se espera que las compañías privadas puedan abaratar cada vez más los costos en el sector. Paso necesario en los programas de exploración para establecer una base permanente en la Luna y quizás en Marte.
La carrera espacial fue movilizada en el siglo pasado por una competencia político-tecnológica entre los Estados Unidos y la ex Unión Soviética durante la Guerra Fría. Ya en el siglo XXI se ha convertido en una competencia cada vez más comercial. Tal vez en pocos años, viajar al espacio sea un costoso destino de vacaciones familiares.
* Diplomático