Gregorio Badeni: “Nisman es a la Justicia una oportunidad para decir ‘acá estoy’”

El constitucionalista cree que, aun en el marco de la pésima gestión que han tenido desde el retorno a la democracia, vale crear una comisión investigadora parlamentaria para el caso Nisman.

Por Redacción

ENTREVISTA

-Nisman está muerto vía un balazo, pero ¿se suicidó, lo indujeron a eso o lo mataron? -No tengo una respuesta. Es un hecho comocionante. -Desde algunos planos de la oposición política se reclamó, con desigual fuerza, la creación de una comisión parlamentaria para investigar el hecho. Se habló de la Comisión Warren para el caso Kennedy, pero ésta no tuvo carácter parlamentario y sus conclusiones han sido pulverizadas. -Pero ese caso también tuvo su fiscal, aclaremos. -¿Debió crearse una comisión parlamentaria para el caso Nisman? -Dada la conmoción, la proyección de lo denunciado por el fiscal, creo que ameritaba crear una comisión parlamentaria a cuenta, claro, de que el tema debe seguir en manos de la Justicia. Pero sucede también que en esto de crear comisiones parlamentarias pesa la historia que tuvieron en la transición y lo que llevamos de democracia. -¿Cómo define esa experiencia? -Pésima. Las que se crearon no lograron nada. -¿El caso de la Ítalo en las primeras puntadas que daba la democracia? -Bueno, es un caso muy concreto de que no probaron absolutamente nada en relación con el objetivo que justificó la creación de la comisión: que se había pagado por la empresa mucho más de lo que valía. En su andar, además, la comisión cometió errores que la llevaron a colisionar con el juez federal que investigaba: el doctor Blondi. La comisión allanó estudios de abogados equivocándose de piso en el del doctor Odriozola, por ejemplo. Y se llegó a secuestrar documentación y el juez intervino diciéndoles que él era quien ordenaba allanamientos y que si querían documentación sobre la causa se la pidieran a él. Puso un freno. -Esa comisión siempre emergió como decidida a hacer de José Martínez de Hoz el blanco predilecto… -Sucede que comisiones de esta naturaleza están abiertas a expresar intereses políticos e ideológicos y operan dominadas por prejuicios, lo cual condiciona la búsqueda de la verdad. A esto se le suma que en el interior mismo de estas comisiones siempre emergen colisiones de naturaleza política. Pero, aun teniendo en cuenta todo esto, vale abrir la expectativa sobre el trabajo de una eventual comisión parlamentaria para el caso Nisman. -En su desestimación de la denuncia de Nisman, el juez Daniel Rafecas -abrevando en Hannah Arendt y en el juez americano Jackson para el caso Nüremberg- destaca que, en relación con investigar el fiscal el caso AMIA tuvo que “mirar de frente el mal absoluto antisemita”. Acota que es “muy difícil lidiar desde la Justicia con el mal absoluto. Genera impotencia”. Absoluto en términos de magnitud, drasticidad, etcétera… ¿cuál es su opinión sobre esta reflexión de Rafecas que, de hecho, define una limitación para el accionar de la Justicia? -Desde un punto de vista jurídico, ese tipo de disquisiciones en un dictamen de un fiscal genera confusión. Un fiscal debe volcar conceptos jurídicos o fácticos en relación con el Derecho, pero no entrar en consideraciones subjetivas que no tienen nada que ver con lo que debe decidir. -Pero, entonces, ¿qué buscó Rafecas al instalar el “mal absoluto” en su dictamen? Porque de hecho puede ser interpretado como “lo de Nisman no tiene valor porque lidió con el ‘mal absoluto’”? -Un juez, un fiscal, pueden tener en sus manos hechos de una magnitud incluso política que escapa a lo corriente. Pero eso hace a las reglas en juego en la naturaleza de la materia que hace a su rol institucional. No sé a qué viene esa referencia de Rafecas y sobre el final de su dictamen. Es que como que… -¿Cómo qué? Disculpe la vulgaridad: ¿dorarle la píldora? -Después de todo lo que se había dicho sobre Nisman desde el poder. Sucede es que el tema es de Derecho puro. -En su discurso de apertura del año judicial, el titular de la Corte -Lorenzetti- dijo que hay retos importantes para la gobernabilidad de un país, que es complejo gobernar en el presente con ideas del siglo XIX. Y que esto debe ser tenido en cuenta por la Justicia. ¿Cuál es su opinión sobre esto? -No dice nada nuevo en cuanto a que las sociedades mudan. Pero los valores, los principios que sembraron las ideas en que se fundamentó la democracia republicana ya en el siglo XVIII son los mismos. No son superados. Esas ideas hacían -y hacen, por caso- a que no haya concentración de poder y a que éste esté controlado. Y eso le corresponde tanto a la institución parlamentaria como a la judicial. Esto, con independencia de que ésa es una lucha permanente. Hablo de la persistencia de valores, de técnicas como la división de poderes, que no son un fin en sí mismos, subsisten. También es cierto que el juez Lorenzetti está en una postura que muchos no compartimos de cuasi politización del Poder Judicial. -¿En clave a qué esa politización? -A suplir por la vía judicial las deficiencias que pueda presentar el Poder Legislativo. Desde ahí se comprende, por ejemplo, cómo en el caso del Riachuelo la Corte avanzó más de lo que tenía que avanzar y ahora tiene unos problemas fantásticos porque sus sentencias no se cumplen. -Volvamos a Nisman. ¿Qué es ese caso para la Justicia? -Una inmensa oportunidad para decir “acá estoy”. Una oportunidad para un “acá estoy”. > ¿Cuarto poder? Gregorio Badeni es abogado egresado de la UBA, especializado en Derecho Constitucional, profesor en esa materia en la Facultad de Derecho de esa casa de estudios, titular del Servicio de Orientación Legal de Adepa y presidente de la Academia Nacional de Derecho. Su formación en temas de libertad de prensa lo distingue como expresión de significativa proyección en esa materia. Extraemos aquí algunos tramos de un reciente trabajo de Badeni: “Tiempos turbulentos: medios y libertad de expresión en la Argentina de hoy”. (*) • Existieron lapsos durante los cuales la prensa argentina disfrutó de un singular prestigio en la sociedad. Ello se debió a la excelencia periodística, al respeto a la verdad, en el sentido de no tergiversar la realidad actuando con mala fe o pueril negligencia, y a la suficiente sensibilidad profesional para no ocasionar daños innecesarios a las instituciones de la sociedad. • Tales comportamientos determinan la credibilidad de la prensa ante su juez supremo: el público. También permitieron disfrutar de mayor libertad. Pero ese incremento de libertad y credibilidad presenta una contracara: mayor responsabilidad y cumplimiento de los deberes que ella trae aparejados. Cuando no se satisface esa demanda, el prestigio se torna en desprestigio y la credibilidad se desarticula. ¿Cuántos medios de prensa y periodistas que en su momento gozaron de gran popularidad pasaron al olvido porque fueron enturbiados por la soberbia tirando por la borda su credibilidad? • La credibilidad es corriente en aquellos medios de prensa independientes en su línea editorial. Cumplen, como lo destacó un distinguido periodista, el papel de un espejo. Un espejo, a veces cóncavo y otras convexo, que procura reflejar la realidad, aunque ella nos disguste. Una realidad que, al ser conocida por el público, le permite verificar el contenido de las relaciones existentes en la sociedad para complementarlas con sus impresiones personales. Y de esa verificación dependerá el grado de credibilidad que tenga la prensa. • En esa visión constituye un grave error definir a la prensa como un poder o cuarto poder. Algunos periodistas y directores de medios, imbuidos de arrogancia y engreimiento, no comparten este punto de vista. Consideran que ellos son “un poder”; que su presencia puede torcer la mano de un funcionario y ubicarse en la antesala de los más sofisticados privilegios. Pero su envanecimiento pronto se diluye al constatar la inexistencia de ese poder. El poder reside en lo público que refleja el espejo de la prensa. (*) El trabajo está publicado por Ariel- Adepa y sus compiladores son Carlos Jornet y Daniel Dessein.

CARLOS TORRENGO | carlostorrengo@hotmail.com