Guerrico, el paraje que le brindó a Allen buena parte de su fuerza productiva

En sus tierras se establecieron emprendimientos agrícolas y ganaderos que dieron empleo a cientos de pobladores. Hoy sólo es referencia de lugar para quienes circulan entre Allen y Roca. Quedan viejos almacenes y mitos sobre nazis y bandoleros.

Tuvo una estación de tren, miles de personas poblando su suelo y una floreciente y variada producción que ilusionó con un futuro promisorio. Guerrico es parte del área rural de Allen pero también es el pueblo que no fue, es ese tramo que sirve para referenciar un accidente u otro acontecimiento y hay que atravesar toda su extensión para llegar a General Roca, aunque nadie sepa bien dónde empieza y termina.

Como sucede con tantos otros parajes y pueblos, el nombre de Guerrico no está ligado estrictamente a su historia ni tampoco a alguien que haya sido parte de la comunidad. Tal vez Martín Guerrico, un Contralmirante de la Armada Argentina que nació en Buenos Aires y que formó parte de la Expedición al Desierto, nunca pisó las tierras que llevarían su nombre.

A la vera de la Ruta 65, cerca de la “Curva de Verani”, se pierde en el olvido una de las postales más significativas de Guerrico. Sólo quedan algunas paredes y en pie y el clásico cartel que indica el nombre de lo que alguna vez fue la estación de ferrocarril de Contralmirante Martín Guerrico. Allí paraba el tren y había movimiento de cargas.

Sólo quedan las ruinas de lo que fue la estación de ferrocarril de Guerrico. La construcción es tan fuerte que a pesar de que fue vandalizada, las paredes se mantienen en pie. El lugar se convirtió en un basurero y allí también los cuatreros carnean los animales que roban. Hay restos de caballos y vacunos. (Andrés Maripe)

Guerrico le dio a Allen buena parte de su fuerza productiva. Fue terreno fértil para emprendimientos agrícola-ganaderos como la mítica Estancia Flügel, un desaparecido establecimiento, modelo para la época, impulsado por una familia alemana y sobre el que aún persiste el mito de que allí se refugiaron algunos jerarcas nazis. Guerrico concentró grandes extensiones de viñedos, además de un buen número de galpones de empaque y frigoríficos que fueron cerrando con el avance de la crisis frutícola.

El zoológico Bubalcó le dio al lugar un costado turístico, pero el emprendimiento no logró arraigo en Allen, tal vez, porque sus oficinas comerciales fueron instaladas en General Roca.

La estación experimental del INTA también es un lugar de referencia en Guerrico. En el 2010 un emprendedor privado intentó lotear 50 hectáreas de un viñedo para generar un gran desarrollo urbanístico pero la comunidad fue a la urnas y a través de una consulta popular le dijo no al loteo de las tierras bajo riego.

La casona de la vieja estancia Flügel, un establecimiento modelo en su época, impulsado por una familia alemana. Mitos y rumores rodean al lugar. (Andrés Maripe)

El tiempo y la perseverancia les dieron a los habitantes de Guerrico la posibilidad de cumplir con un viejo sueño: el del barrio propio para frenar el éxodo cada vez más acentuado desde las chacras a la ciudad. Hace casi dos décadas el ex gobernador Pablo Verani anunció la construcción de un barrio en una parcela lindera a la Ruta 65 y dijo: “acá nace un pueblo”.

Recién el año pasado se entregaron los lotes y la provincia puso a disposición de los vecinos créditos accesibles para que puedan comprar los materiales y levantar las paredes.

El edificio almacén Don Domingo, ex Pobre Onofre, fue construido en 1910. Mirta Herrera alquila el histórico local desde hace 12 años y mantiene abiertas las puertas del comercio para atender al cliente rural. En las chacras cada vez es menos gente y ya ni pasan los viajantes. Es el peor año que estamos atravesando, me hace acordar al 2001. No se hasta cuándo vamos a poder tirar para adelante, cuenta Mirta. (Andrés Maripe)

postal profunda

“Boliches” rurales y la sombra de Bairoletto

Juan Bautista Bairoletto.

Todavía subsisten entre las chacras de Guerrico un puñado de viejos almacenes y “boliches” rurales. Marcaron todo un tiempo, cuando las distancias no se transitaban en autos ni colectivo y la peonada sólo iba al pueblo durante los fines de semana.

El que más se distingue por su fachada e historia es El Pobre Onofre, hoy llamado Don Domingo, donde cuenta la leyenda que estuvo de paso el famoso bandido rural Bairoletto. La Escuela Nº 68 es el lugar de encuentro de la comunidad y existe una sala de salud que asiste a los pobladores del sector.


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