¿Hacia dónde va la formación docente?
COLUMNISTAS
En un país de interrupciones y discontinuidad de políticas educativas, de “entierro” de programas y planes en cambios de gestiones, muchos integrantes de la comunidad preguntan qué hacen los funcionarios con los insumos que dan las evaluaciones educativas nacionales e internacionales y si lo “invierten” en la formación docente.
También surgen dudas respecto de si los resultados de los operativos nacionales de evaluación (ONE), que Argentina instauró en 1993, y las pruebas internacionales PISA y las regionales de Unesco tienen su correlato en los futuros educadores a través de los institutos nacionales de formación docente.
Por estos días hay un consenso irrebatible: desde el ministro de Educación nacional, Alberto Sileoni, hasta el último de los llanos ciudadanos reconocen que estamos rezagados en el aprendizaje de lengua y comprensión lectora respecto de nosotros y otros países, aunque las explicaciones son tan variadas como los interlocutores.
Están los pedagogos que reconocen que “hay inclusión educativa pero sin la calidad correspondiente” o quienes sostienen la teoría de que el actual formato de la escuela primaria y media “caducó” y que “los alumnos reclaman mayor libertad y autonomía de cursada”.
También son muchos los que defienden la “ausencia de cultura del esfuerzo y de la superación que se transmitía décadas atrás en el aula”, producto de la decadencia educativa de los 90. La directora del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD), Verónica Piovani, inquirió días atrás en un seminario internacional desde su lugar: “¿De qué manera producimos transformaciones institucionales y pedagógicas en las prácticas y formamos a los docentes para que crean en el derecho a la educación?”.
Piovani admitió que “a veces creemos que honramos el derecho a la educación, pero las prácticas de formación no lo hacen”, dijo algo autocrítica con algunos resultados y también sostuvo la necesidad de definir “cuál es el lugar del Estado para garantizar el derecho a la educación”.
Graciela Krichesky, doctora en Educación y directora del programa para directores de secundaria de Fundación Cimientos, explicó a DyN que las pruebas nacionales e internacionales, “son mediciones que colaboran con la toma de grandes decisiones vinculadas con las políticas educativas”. Para ella, no obstante, la información o insumos que dan las evaluaciones debería complementarse con una profunda indagación sobre las prácticas de enseñanza que se llevan a cabo en las aulas.
Para la pedagoga, es importante “correrse” de lo que aprenden los estudiantes hacia “qué se enseña y cómo lo enseñan los docentes”.
La formación docente gratuita y en servicio -es decir, dentro del horario normal de actividad de los maestros- fue impuesta en los últimos años. Actualmente está a cargo de organismos del Estado en trabajo conjunto con los sindicatos del magisterio, por lo que los resultados no se verán en el corto plazo.
En las dos gestiones del menemismo los educadores que eran empujados a capacitarse para ganar la “carrera del puntaje” y promover, sólo así y no por su capacidad, a cargos superiores debían costearse de su bolsillo con magros salarios la capacitación que brindaban instituciones particulares, en muchos casos de dudosa reputación.
LAURA HOJMAN
Analista en educación
LAURA HOJMAN