Historia del monstruo y de los frágiles héroes

El libro, de Laurent Binet, recibió el premio Goncourt

Por Redacción

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

“¿Cuántas veces puede reinventarse el género novelístico?” es una pregunta que podría responderse con otra del mismo tenor: “¿Cuántas veces ha muerto la novela desde su aparición en la escena literaria?”.

Muchas, sin duda. A mediados de los 60 Truman Capote aseguró haber creado la novela de “no ficción”, dándole así nuevo aire y sangre al género.

Laurent Binet, bastante más humilde que Capote, no ha dicho nada semejante pero escribió una obra que marca un cambio de rumbo en materia de originalidad y composición estilística.

Se entiende que detrás de Binet sólo hay dos libros anteriores, uno de ellos desconocido, y éste, una auténtica genialidad contemporánea.

“HHhH” –premio Goncourt– merece ingresar con honores a la extensa, rica y siempre polémica historia de la novela. Porque, al tiempo que narra puntillosamente hechos del pasado –el atentado y muerte de jerarca nazi Reinhard Heydrich–, describe cuestiones personales que involucran la vida íntima del escritor durante la escritura y una serie de hechos que iluminan la realidad sin que por eso sean total y absolutamente ciertos.

Binet nos advierte una y otra vez que entre una escena y otra se ha puesto a fabular en nuestras propias narices de lectores. Como en el cuento de Pedrito y el lobo, uno termina por desconfiar totalmente del autor.

¿Qué ha pasado aquí? ¿A qué se debe tanta verdad sin maquillaje y tanta mentira exhaustiva? Básicamente, Binet ha obrado con la obsesión de un científico que desea reconstruir el ADN de un dragón. Pero, al no tener en su mano la secuencia completa que le permitiría traer a la bestia hasta la actualidad, ha ido colocando en el relato genético pequeños ladrillos ficcionales, ADN de laboratorio, con los que completa la demencial escalera de la historia.

Binet consigue lo impensado: recrear la verdad utilizando elementos ficcionales.

Al interior del cuerpo paramilitar, las SS, había un dicho: “El cerebro de Himmler se llama Heydrich”. Con este fundamento nace el título del libro, que originalmente iba a llamarse “Antropoide”, tal cual había sido bautizada la operación que acabaría con la vida del “carnicero de Praga”.

Binet realiza un brillante trabajo de documentación. Según ha contado en una entrevista, el esfuerzo le llevó alrededor de una década. Lo irónico es que Binet no se reivindica como escritor. Y de ningún modo forma parte del mainstream literario europeo.

El libro que Binet escupió está a la altura de sus sueños. Binet describe la vida y la horrorosa obra de Heydrich. Explica sus orígenes, revela sus motivos y, en más de un sentido, se introduce en su mente perversa y desalmada.

En 1942 la Resistencia checa decide elaborar un plan que la saque de las sombras. Un hecho de tal envergadura que conmueva los cimientos del Reich y al mismo tiempo sirva para ajustar cuentas con los otros países que ven a la invadida Checoslovaquia como un mártir sin energía ni esperanza.

El proyecto se llama “Antropoide” e implica eliminar en una operación suicida a Reinhard Heydrich probablemente junto con Adolf Hitler, uno de los hombres más crueles y peligrosos que ha visto la humanidad. Heydrich –segundo de las SS, líder de la Gestapo, protector de Bohemia y Moravia, ejemplo viviente de lo que debía representar un nazi según Hitler– fue el autor y principal impulsor de lo que pasó a conocerse como “La Solución final”.

Dos paracaidistas fueron entrenados para llevar a cabo el plan urdido en Londres. Binet se detiene en ellos porque, en verdad, los venera y los admira. No obstante, Heydrich es un personaje vampiresco, monstruoso, que se lleva gran parte de la atención del escritor. Hay razones de sobra.

Una y otra vez Binet utiliza brillantes giros narrativos y se vale de curiosas herramientas para mostrarnos esa escena del pasado llena de heroísmo, brutalidad y devoción por la dignidad humana y la libertad escrita con mayúsculas.

Binet nos habla de su vida convertida en un sacerdocio, de sus amores turbulentos y que no encajan en su rutina de monje fanático, para de inmediato pasar al amor temeroso y breve que supieron alimentar los paracaidistas con sus novias checas antes de lograr su objetivo. Y nos lleva de la década del 40 al 2008 a la velocidad de la luz con la maestría de quien domina el secreto de todos los verbos.

Bidet hace algo muy extraño: describe la secuencia final de la historia (el acoso de los paracaidistas por parte de más 800 militares, policías y miembros de las SS) y de su novela como si ésta estuviera ocurriendo en el 2008 y con él como un testigo presente.

“HHhH” es arte mayor. Un objeto que trascenderá el tiempo por lo que constituye como obra y por las posibilidades descriptivas que deja abiertas. Eso en el terreno literario, porque en el de la historia, en el de la verdad escrita con joven ímpetu, nos muestra qué tan valerosos y abismales podemos llegar a ser los humanos.