Hombres violentos: ¿cómo se les enseña a dejar de pegar?

El Ruca Quimei en Cipolletti y el DAV en Neuquén son dispositivos estatales que tratan a varones que en una abrumadora mayoría llegan como consecuencia de una orden judicial.

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Repensar la masculinidad. Estos espacios estatales intentan intervenir sobre el ejercicio de la violencia del hombre sobre la mujer. (Foto: Juan Thomes )

Ciertas masculinidades caminan por una cuerda floja, están a punto de caer. Están en jaque ciertos hábitos empleados históricamente por los hombres y que hoy son interpelados, principalmente como consecuencia de la oleada feminista que movió los cimientos de eso que denominan “sistema patriarcal”.

En este contexto, hay ciertos espacios que dan lugar a los varones violentos a deconstruir modos de operar sobre las mujeres –también sobre su entorno– y construir otras formas: nuevas masculinidades. Poder ceder en ciertos privilegios en estructuras de poder a cambio de una ganancia más que tentadora, la emocional. El enojo y el pasaje al acto parece esconder una sensibilidad castrada en el hombre que el sistema estructuro del estereotipo de hombres explica uno de las profesionales que trabaja en la temática.

“Está idea de que los varones somos los que tenemos que mantener la casa, somos los que tenemos que traer el dinero a casa, somos los que tenemos que avanzar sexualmente, todo el día que estamos deseando una sexualidad avasallante, que se proyecta hacia el cuerpo de las mujeres permanentemente, una sexualidad que esta construida como una cuestión natural, los varones nos vamos a enfrentar a estas cuestiones”, detalla Mauro Andrade, operador del Dispositivo de Atención de Varones (DAV) que funciona en Neuquén.

Es cierto que hay pocas instituciones estatales que abordan la subjetividad masculina en contextos del ejercicio de violencia, principalmente de género.

En Cipolletti el Ruca Quimei y en Neuquén el DAV son algunas de las herramientas para intervenir esta problemática que desde hace un tiempo se instaló en la agenda y que no tiene intenciones de marcharse sin generar cambios estructurales.

También es cierto que el 99% de los hombres que llegan a estos dispositivos los hacen como consecuencia de una orden judicial y no con una demanda subjetiva, hay algunas excepciones (ver aparte).

Por esta razón no todos los varones que ingresan son admitidos, ya que hay si esa demanda no se construye en las entrevistas preliminares “no hay trabajo posible”.

Los profesionales de ambos dispositivos advierten ciertos procesos homogéneos en las estructuras psíquicas de los hombres que ejercen violencia.

Sostienen que responden a estructuras culturales y sociales que y que se define como “sistema patriarcal”.

El hombre interpelado

“El hombre puso a las mujeres en las revistas, desnudas, mostrando un cuerpo ya casi un objeto de consumo de los varones. Ahora los que estamos puestos ahí y no como objetos sino como sujetos a los cuales interpelar, ahora los que estamos en la vidriera somos nosotros”, afirma Andrade.

Angélica Riquelme, asistente social y parte del equipo del DAV y con un vasta experiencia de más de 15 años en este tipo de tratamientos, asegura que es importante la construcción de la demanda.

“Se pone en jaque este sistema social donde los privilegios y los derechos fueron siempre para los varones. A las mujeres nos se nos ha regalado nada, cada derecho ha sido una conquista, al varón le es dado. La sociedad se mide con el parámetro del varón. Pensemos cuántas mujeres aparecen en la historia, cuántas calles tienen el nombres de mujeres”.

En el Ruca Quimei la lógica es similar, los hombres que llegan los hacen porque la Justicia los mandan y muchas veces no se produce la admisión porque no se reconoce el problema. “Tratamos de generar esa demanda que es lo más difícil. Ese es el primer obstáculo. El hombre debe saber que tiene un problema no porque la Justicia lo manda, sino de entender que la violencia responde a una cultura patriarcal. Un machismo como se conoce socialmente y que ellos tiene el poder”, explicó Miguel Egido, psicólogo y miembro del equipo del Ruca.

El costo de la violencia

Todos coinciden en que hay un costo muy grande en sostener ese espacio de poder que el sistema le ha otorgado al hombre. “Toda la parte de la sensibilidad. Esta idea del hombre que puede con todo, que no llora, que no puede mostrar debilidad”, explica Juan Delgado psicólogo del Ruca y agrega: “perder el poder que nos da el patriarcado pero se da cuenta que gana por otro lado, por el lado afectivo, es muy importante porque es la única manera que se puede generar un cambio. Es un trueque”.

Ambas instituciones están abierta a todos los varones interesados. El Ruca Quimei funciona en Cipolletti. Número de contacto 4790711. Para recurrir al DAV se pueden comunicar al 155818627.

“Se pone en jaque un sistema donde los derechos siempre fueron para los hombres. Cada derecho de la mujer fue una conquista”.

Angélica Riquelme, asistente social y miembro del DAV.

“Se ven cambios. Sobre todo en aquellos que terminan el tratamiento, no vuelven a ser denunciados”.

Juan Delgado, psicólogo y miembro del equipo del Ruca Quimei.

“Hay un común denominador en todos los hombres. Cuando surge un desacuerdo, la solución es a través de la violencia”.

Miguel del Egido, psicólogo y miembro del equipo del Ruca Quimei.

El Ruca Quimei es un dispositivo municipal. Juan y Miguel están a cargo del programa.
Juan Thomes

Ambos dispositivos trabajan en terapias grupales. Antes hay un proceso de admisión que consta de entrevistas individuales.

El doble femicidio en Las Ovejas, que ocurrió a fines de febrero pasado y conmocionó al pequeño pueblo neuquino, fue el motor para dar marcha a este Dispositivo de atención a Varones (DAV) que depende del ministerio de Ciudadanía y que se puso en funcionamiento hace cinco meses.

Después de muchos años el Estado provincial de Neuquén volvió a tener un espacio para trabajar con hombres que ejercen violencia sobre las mujeres y también sobre su entorno.

“Invita a los varones a desaprender todo lo que tiene que ver con la emoción. Necesitamos que el varón quiera cambiar”.

Mauro Andrade, operador del DAV que funciona en Neuquén.

Todos los casos que llegan a estos espacios vienen de la mano de una orden del Poder Judicial, es decir que al principio en todos los casos la demanda prácticamente es nula. Sin embargo en el DAV se dio un hecho bastante particular. Un hombre de Centenario decidió ir por su propia voluntad a consultar sobre el dispositivo luego de varios amigos le dijeran que necesitaba hacer una consulta.

En un asado, los amigos del violento le solicitaron que haga una consulta porque trataba “muy mal” a su pareja.

En el Ruca Quimei también llegó un hombre por propia voluntad. También es común que hombres que haya terminado el proceso vuelven a consultar.

Datos

“Se pone en jaque un sistema donde los derechos siempre fueron para los hombres. Cada derecho de la mujer fue una conquista”.
“Se ven cambios. Sobre todo en aquellos que terminan el tratamiento, no vuelven a ser denunciados”.
“Hay un común denominador en todos los hombres. Cuando surge un desacuerdo, la solución es a través de la violencia”.
Ambos dispositivos trabajan en terapias grupales. Antes hay un proceso de admisión que consta de entrevistas individuales.
“Invita a los varones a desaprender todo lo que tiene que ver con la emoción. Necesitamos que el varón quiera cambiar”.

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