Idilio con Francisco

Con la designación de Valdés como embajador ante el Vaticano, hay trato directo entre Cristina y el papa. Enfrascado en la resolución de problemas universales, el Santo Padre no descuida la Argentina. Apuesta a un nuevo liderazgo juvenil en América Latina y actúa ecuménicamente. Recibirá a Massa.

Redacción

Por Redacción

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Sin tratar de pecar de irrespetuoso, parece cosa de peronistas. Proliferan las peleas en ese movimiento, pero, a diferencia de otras fuerzas, este sector se reproduce alrededor del poder y el máximo representante de la Iglesia Católica en la tierra, enfrascado en una tarea de reforma y pacificación universal, está empeñado en que el tercer turno presidencial del kirchnerismo concluya con relativa normalidad.

Es un momento duro, pero estamos esperanzados en que la política le ganará a la economía y se aplacarán los ánimos, se le escuchó decir a Eduardo Valdés, futuro embajador de Cristina Fernández ante el Vaticano. El exjefe de gabinete de Rafael Bielsa espera la aprobación del Senado para trasladarse a Roma y servir de nexo directo con el papa Francisco. ¿Objetivo? Que durante un año, no más, la relación personal, distante y conflictiva mientras Jorge Bergoglio fue jefe del Episcopado argentino, se preserve armoniosa, como se vio a fines de septiembre en la residencia de Santa Marta.

Algunos analistas duchos en bucear en el Justicialismo se atreven a decir que así como Juan Domingo Perón desairó en la década del 70 a miembros de la Tendencia Revolucionaria, Francisco (quien en la intimidad se vanagloria de ser peronista desde los 16 años), produjo un menoscabo de la dirigencia anti-K, detractora de La Cámpora y ansiosa por bajarle el telón al proceso inaugurado el 25 de mayo del 2003.

El ascenso de Valdés en reemplazo de Juan Pablo Cafiero significa un desplazamiento de la burocracia vaticana encarnada por el secretario Pietro Parolin. Se vio con claridad cuando el proyecto de las escuelas ocurrentes fue llevado adelante en las Naciones Unidas por Cristina y José María del Corral, al que el papa considera como un hijo.

Para desmentir un supuesto enojo de Francisco por el uso propagandístico de la concurrida audiencia con la delegación cristinista, se difundió un video donde se observan gestos de simpatía hacia Andrés Cuervo Larroque (el Santo Padre se prestó a llamar por celular a su abuela de 96 años que le había hecho leer la Biblia durante el bachillerato), y Victoria Montenegro, hija de desaparecidos.

La actitud de Francisco valió más que mil palabras, se confió a Río Negro. En efecto se ve cuando el Santo Padre reconoce como oriundo de Villanueva, a 40 kilómetros de la localidad cordobesa de Villa María, al secretario legal y técnico, Carlos Zannini, a quien en el PJ se desvaloriza por su pasado maoísta.

Por pedido de Francisco, también viajó a Roma el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli, quien puso la cara en ocasión de la carta trucha, tal como la caracterizó, para luego volver sobre sus pasos, el vocero Guillermo Karcher. Se trató de una misiva de rutina redactada por el nuncio suizo alemán Emil Paul Tschering, en ocasión de la última fecha patria, con errores ortográficos y donde el Papa tuteaba a Cristina.

Pobre Parrilli, se comió lo de la carta aquella… Yo lo quiero a Parrilli. Me invitó a la Iglesia de San Patricio para el homenaje a los asesinados padres palotinos, comentó Francisco a propósito de ese acto, que se realizó cuando el vínculo con el kirchnerismo pasaba por su peor momento.

Es un tipazo, se escucha en el video decir a Francisco, a un Parrilli entusiasmado por las perspectivas que se abrían con ese encuentro, en la previa a la pelea contra los fondos buitre en la ONU.

Al abordar el tema de los regalos, el papa mandó a preguntar si a Cristina le iba a parecer correcto que le hiciera entrega de tres bendiciones apostólicas (que por disposición suya se han prohibido vender desde hace tres semanas en la Plaza San Pedro). Los pergaminos fueron mostrados a la presidenta con dedicatorias para Néstor Carlos Kirchner, Florencia Kirchner y Máximo Kirchner y familia. La emoción de Cristina fue favorable y muy fuerte.

Llegó la hora de la despedida y Francisco rompió las formas. Convocó a todos a su recámara. Uno de los jóvenes que había llegado a cuestionar su nombramiento se apersonó rendido incondicionalmente ante el contenido de la alegría del Evangelio. Le entregó al papa un ejemplar de Imperio, del escritor Toni Negri, donde éste afirma que la redención de la humanidad empezaría a lograrse con la llegada de un papa que reivindicase la figura de San Francisco de Asís.

En medio de bromas, Francisco devolvió todas las paredes de sus visitantes. No ocultó sus críticas al sistema financiero internacional y cuando se lo quiso encuadrar en el termino compañero, contestó: ahora soy una estrella superstar.

Como constructor de puentes, se puso por encima de algunas cuestiones, pero no ocultó su confianza en que América Latina alumbrará nuevos líderes que surgirán de las filas juveniles en desarrollo como las que lo distinguían con su presencia.

Algunos miembros de la delegación cristinista, entre los que se contó el diputado Julián Domínguez (actualmente internado), confiaron en que pronto se resolverá el pleito con los capitales que tienen en jaque a la Argentina desde Nueva York. Así se tranquilizarían las aguas de la economía, rogaron.

Aperturista a ultranza, llamó la atención que el papa aún no haya levantado la barrera para que lo salude en el Vaticano el líder del Frente Renovador, Sergio Massa. Un resquemor se remonta a cuando el exjefe de Gabinete de los Kirchner, apoyado en el ala más conservadora de la Iglesia nacional, trató de desplazarlo del Episcopado, con ayuda del nuncio Adriano Bernardini. El intento fue reemplazarlo por el obispo de Zarate-Campana, Oscar Saringa.

¿Lo recibirá? Seguro que sí, pero sólo será una reunión protocolar, se avisó a este diario.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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