Alberto

<b>El talentoso escritor trasandino ha estrenado con éxito de crítica y premios su última película “Música campesina”. A su vez, su nueva novela “Aeropuertos” ya lleva cinco ediciones vendidas en Sudamérica. Elogiado por Mario Vargas Llosa, Fuguet va por más. Conversó en exclusiva con “Río Negro”.</b>

Redacción

Por Redacción

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

Han sido años muy productivos para Alberto Fuguet. El escritor chileno ya había trascendido hace un par de décadas las fronteras de su país gracias a su novela “Mala onda”, un verdadero manifiesto generacional que denunciaba con verbo inteligente y ácido los avatares de una cultura represiva y conservadora con obvias fisuras sociales y que los movimientos estudiantiles trasandinos empiezan a cuestionar por estos días.

Su otro momento bisagra fue la publicación del volumen recopilatorio “McOndo”, donde se reunían algunas de las mejores y más atrevidas plumas jóvenes del continente, no pocas de ellas aburridas del predominio sacrosanto de la camada de escritores –padres e hijos maduros– del llamado “boom latinoamericano”.

Fuguet y compañía pasaban de la realidad en colores alucinados y de los barcos perdidos en la jungla para centrar sus historias en el ordenado caos de los shoppings y demás espacios comerciales tercermundistas. Si alguno de sus personajes descubría raros milagros en torno a la realidad cotidiana no era debido a la magia sino a la cocaína.

Paradójicamente fue un miembro de este selecto club, uno de los más destacados dicho sea de paso, quien reivindicó la figura de este escritor ya sin fronteras.

Fue Mario Vargas Llosa quien calificó la novela de Fuguet “Missing” de un modo, y con una altura, que nadie más en el ambiente literario podría haberlo hecho.

El ganador del Premio Nobel 2010 dijo de la novela: “Missing es, sobre todo, algo que, estoy seguro, su autor no se propuso nunca que fuera y que es, tal vez, su mayor logro: las ilusiones, éxitos y derrotas de los latinoamericanos que fugan a Estados Unidos en pos del sueño americano”.

Después de este elogio en forma de extensa columna de opinión que formó parte de la tapa del diario “El País” de España y que también fue publicada por “Río Negro” pasaron muchas cosas en la vida de Fuguet, quien no dejó de buscar tesoros en el mar con el mismo ímpetu y obstinación de siempre.

Caminos de ida y vuelta

Una de esas muchas cosas tuvo relación con su pase constante de un universo al otro. De la literatura al cine y de regreso. El cine, su por años segunda y ahora primera actividad. Porque aunque Fuguet ha quedado grabado en los libros de historia recientes como un autor destacadísimo, sus talentos como realizador tampoco son menores.

No es casual que tiempo atrás haya dicho: “Nunca quise ser escritor, siempre quise ser cineasta. Y creo que ahora lo logré”.

En el 2005 había sorprendido a la crítica de su país con un filme inteligente y minimalista, “Se arrienda”, en el que retrataba, a través de la figura de un joven de clase media con aspiraciones de artista, los sueños rotos de una generación entera. La Generación X con salsa latinoamericana.

En el 2011, y luego de mucho andar, Fuguet dio a luz una nueva película, “Música campesina”.

El filme retrata el inesperado peregrinaje de Alejandro Tazo (Cerda), un joven chileno quien luego de romper con su novia americana, justo cuando se encontraba visitándola en Estados Unidos, termina dando vueltas por Nashville, ciudad símbolo de la música country.

“Música campesina” fue premiado como el Mejor Largometraje Nacional en el Festival Internacional de Cine de Valdivia 2011 y recibió elogios muy diversos por parte de la prensa internacional.

Su novela más reciente –“Aeropuertos”, que ya lleva cinco ediciones en Sudamérica– posee la impronta de ambas artes: el cine y la literatura.

El libro aparece escrito en un formato que remite al guión cinematográfico pero sin llegar a serlo en su totalidad. Maestro de los diálogos posmodernos y existenciales, Fuguet trenza a sus personajes en entretenidas pero al mismo tiempo devastadoras conversaciones acerca de la paternidad, la libertad y los deseos que nos mantienen vivos.

–¿Qué sensaciones dejó y, por ende, qué proyectos te disparó el reconocimiento recibido por “Música campesina”?

–Fue raro pero fue bueno. Como que llegó más rápido este “supuesto reconocimiento” con el cine que con la literatura pero, por otra parte, ocurre que yo siempre quise ser director más que escritor y llegué más viejo al cine… y ganar un premio o ser más aceptado por la industria o los circuitos de festivales la verdad es que, más allá de la vibra y la buena onda (es mejor que ser atacado, digamos), en efecto ayuda a disparar proyectos. Sobre todo aquel en el cual estaba involucrado antes de que se estrenara MC y que es una cinta algo más grande y que deseo filmar en la selva. Ahora capto que sólo depende de mí hacerla; antes sentía que dependía de la decisión de otros. Eso es un gran cambio.

–El elogio de Mario Vargas Llosa a tu obra literaria seguramente te ubicó de nuevo, en lo íntimo digo, en el plano literario, luego de que habías estado intensamente comprometido en una fase cinéfila. ¿Qué situaciones o consecuencias te trajo la opinión del Premio Nobel?

–En lo íntimo: sentir que puedo jubilar. Algo así. Sentí que yo me gané un poco el Nobel; tener un elogio de alguien que uno admira desde siempre, que ha intentado imitar, que fue uno de los responsables de que te dieran ganas de escribir, es algo bien alucinante. “Missing” ha sido raro; justo cuando de alguna manera sentía que estaba “abandonando” la literatura, apareció este libro y ahora capto que perfectamente puedo ir combinando el cine con escribir: que ambos se potencian y se comunican. El apoyo crítico y el de Vargas Llosa en particular hicieron que mis obras llegaran a un público nuevo: a un público mayor que yo que no me había leído.

–Cinematográficamente hablando, ¿qué ha evolucionado en vos como director de cine desde “Se arrienda”, tu primer largo, hasta llegar a “Música campesina”?

–You live, you learn. Uno aprende. Sobre todo en un arte que es colectivo y está ligado a la técnica. Creo que sé más del poder de la imagen y confío más en ella. Pero creo que la mayor evolución pasa por que justo en estos años se produjo la revolución digital. Ahora filmar se parece más a escribir. No me siento en sitio ajeno; ahora me siento en casa. Y esto no es algo menor.

–Bien, ahora estarás condenado a esta pregunta por parte de la prensa, pero ¿cuál es tu próximo proyecto en cine y cuál en literatura?

–Estoy en varios. Tengo un libro híbrido listo que fusiona cine con escritura. Se llama “Cinépata” y sale a mediados de año. Estoy comenzando una investigación literaria acerca del cine norteamericano de los setenta. En cine, ahora escribo “Sudor” pero estoy afinando en la mesa de edición locaciones para “Buscando a Rusty James”, que es un documental/ensayo acerca del impacto de “La ley de la calle” de (Francis Ford) Coppola en el cono sur (que es el único sitio del mundo donde tuvo éxito).


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