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Incógnitas nucleares en el 2018





La industria nuclear en la Argentina es una de las pocas actividades que ha tenido continuidad desde sus inicios. Ha formado una cantidad importante de profesionales y contribuyó fuertemente al desarrollo de tecnología de punta en el mercado nacional en áreas muy importantes como la salud, la energía eléctrica y los alimentos creando “paquetes tecnológicos” de alto valor agregado. La exitosa experiencia adquirida en las décadas del 50 y 60 posibilitó que en las siguientes nuestro país, por intermedio de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) o de la empresa estatal Invap, exportara reactores experimentales y plantas de producción de radioisótopos y radiofármacos.

La gestión del conocimiento desarrollado por el sector refleja exportaciones donde los casos de éxito son muchos. Perú, en los setenta, de un reactor experimental, un centro atómico “llave en mano” y una planta para la producción de radioisótopos para uso médico. Argelia, en los ochenta, de un redactor experimental y una fábrica de elementos combustibles para reactores de investigación. Pasando luego por Egipto, en los noventa; Australia, en el 2000, y hasta Holanda en 2017, en el mismo sentido.

Esto no ha sido un producto del azar, sino el resultado de varias décadas de esfuerzo sostenido llevado a cabo por científicos, técnicos y emprendedores. En la actualidad no hay dudas de que se están transitando tiempos difíciles.

En un contexto donde, además de los recurrentes despidos de trabajadores de las plantas en Atucha, otros proyectos como el reactor nuclear argentino multipropósito (RA-10), que aseguraría el 100% del abastecimiento en materia de radioisótopos para uso médico necesario en el mercado nacional, están sufriendo un serio desfinanciamiento.

Esta conciencia situacional genera mucha incertidumbre sobre el resto de los proyectos como el Carem (Central Argentina de Elementos Modulares), que permite el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o polos fabriles con alto consumo de energía, también exportable.

Básicamente, a estas situaciones se suma la desorganizada comunicación sobre el rumbo que tomarán las construcciones de los proyectos denominados Cuarta y Quinta centrales nucleares.

El costo estimado de ambas centrales sumaba u$s 14.000 millones. Sin dudas sería un fuerte traccionador para el clúster nuclear argentino. Según las autoridades 6.000 millones serían para Atucha III y 8.000 para la Quinta Central, de los cuales unos aproximados 12.500 millones de dólares serían financiados por China. Dicha subvención sería a 20 años, con 8 de gracia y 12 para el repago del crédito.

La Cuarta Central iba a tener tecnología canadiense, en tanto que la Quinta Central iba a ser de tecnología china y utilizaría uranio enriquecido. De esta última, luego de la crisis en Río Negro, no se ha definido ni siquiera su localización. Ciudades como Bahía Blanca, Formosa y otras ya han sido contactadas, pero más allá de la algazara inicial de algunas autoridades también sienten pavor ante la reacción de agrupaciones de vecinos autoconvocados y ONG ambientalistas antinucleares, que hoy sin un marco explicativo claro y de trabajo en conjunto son una picadora de carne para cualquier color partidario.

En cualquiera de los escenarios, hoy habría una caída en términos presupuestarios para el área en el 2018, y si se toma en cuenta la inflación proyectada la quita real sería mayor. De hecho, a la situación de los despedidos de Uocra se suma el estado asambleario de los sindicalizados por Luz y Fuerza, que ya vislumbran que recibirán propuestas “a la baja” en la mesa paritaria.

En varias oportunidades las autoridades fueron anunciando fechas de inicio que no se cumplieron. Desde octubre afirman que la construcción de la Cuarta Central Nuclear comenzaría en el primer trimestre del año próximo, pero otros importantes referentes del sector expresan que por la desaceleración real del plan nuclear podría extenderse hasta fines del 2019 o incluso quedar para el próximo gobierno.

El problema se agudiza porque las definiciones finas del proyecto técnico y su licencia ambiental demorarían el arranque de las obras de construcción del reactor unos dieciocho meses después de poder dar inicio a las primeras tareas sobre el lote lindante a Atucha II.

Por estas razones, la compleja coyuntura representa todo un desafío para quienes hoy llevan las riendas del sector. Porque deberán explicar claramente cómo harán para que la industria siga estando a la cabeza de la innovación tecnológica y a la vez avanzar en alianzas estratégicas, con todas las partes involucradas, para generar energía más eficiente, una transmisión más económica y dar a los ciudadanos un futuro más sustentable. Sin dudas, esto significaría un salto cualitativo en la capacidad de producción de tecnología nuclear y, además, permitiría apuntar a generar un sostenido mercado internacional para beneficio de nuestra actual economía.

*Director ejecutivo del Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (Cedyat) y experto en energía y cambio climático

La industria nuclear en Argentina es resultado de décadas de esfuerzo sostenido de científicos, técnicos y emprendedores. Hoy se transitan tiempos difíciles.

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La industria nuclear en Argentina es resultado de décadas de esfuerzo sostenido de científicos, técnicos y emprendedores. Hoy se transitan tiempos difíciles.

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