“Intolerable y gratuita ofensa”
La intolerable y gratuita ofensa hecha a millones de católicos y argentinos en general por la profanación de la iglesia de San Ignacio es una línea roja que fue sobrepasada y que debe merecer una contundente respuesta de todas las instituciones de la república, incluido el gobierno nacional. Profanar lugares sagrados, en todas las culturas, siempre mereció la más severa condena a sus autores, sean o no creyentes; es más despreciable que profanar un cementerio. Un psiquiatra español afirmó que “no necesariamente el que hace cosas monstruosas es un monstruo”… Se llega a ellas paulatinamente, pasando por encima de los principios morales y de la ley sin haber tenido el freno adecuado. Los alumnos que hicieron esta grave ofensa a la religión y a la cultura sin duda pasaron previamente, sin mayores observaciones, por encima de otros límites. Uno llega al gran delito luego de haber hecho un “cursus honorum” en ese campo. Los límites deben existir y deben ser respetados firmemente, siempre. La democracia debe demostrar que es capaz de hacer respetar la ley y castigar severamente lo que está mal. Es suicida para la sociedad aceptar el principio de que no hay que reprimir nunca. El respeto firme a las leyes es la única forma de evitar un futuro de anarquía. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
La intolerable y gratuita ofensa hecha a millones de católicos y argentinos en general por la profanación de la iglesia de San Ignacio es una línea roja que fue sobrepasada y que debe merecer una contundente respuesta de todas las instituciones de la república, incluido el gobierno nacional. Profanar lugares sagrados, en todas las culturas, siempre mereció la más severa condena a sus autores, sean o no creyentes; es más despreciable que profanar un cementerio. Un psiquiatra español afirmó que “no necesariamente el que hace cosas monstruosas es un monstruo”… Se llega a ellas paulatinamente, pasando por encima de los principios morales y de la ley sin haber tenido el freno adecuado. Los alumnos que hicieron esta grave ofensa a la religión y a la cultura sin duda pasaron previamente, sin mayores observaciones, por encima de otros límites. Uno llega al gran delito luego de haber hecho un “cursus honorum” en ese campo. Los límites deben existir y deben ser respetados firmemente, siempre. La democracia debe demostrar que es capaz de hacer respetar la ley y castigar severamente lo que está mal. Es suicida para la sociedad aceptar el principio de que no hay que reprimir nunca. El respeto firme a las leyes es la única forma de evitar un futuro de anarquía. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
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