Javier Martínez, un músico al ataque
Habla del público, Cromañón y de la relación con las discográficas.
Por primera vez en la región, se presenta el baterista Javier Martínez junto a Maximiliano Delli Carpini en guitarra y el bajista Héctor Fabián (Clavito) Actis, en una gira que abarcará Bariloche, El Bolsón y Esquel, interpretando temas ya clásicos y de su último disco, “Basta de boludos”. La cita, a orillas del Nahuel Huapi, es en el bowling de Onelli y Elflein, el jueves 7 de abril, a las 22. Baterista, compositor y cantante, Javier se inició musicalmente en La Cueva, mítico refugio del rock nacional. De allí surgió como líder de Manal, entre 1967 y 1973. Una vez disuelto este trío -que completaban el guitarrista Claudio Gabis y Alejandro Medina en bajo y voz- se incorporó a La Pesada del Rock and Roll, grupo de Billy Bond. Tras radicarse en Barcelona, regresó al país para la reunión de Manal en el 80, pero el proyecto duró menos de un año. A fines del 81 comenzó una carrera solista que lo llevaría a editar “Sol del sur” y presentarse en el B.A.Rock 1982. Volvió a Europa, para afincarse esta vez en Francia, más precisamente en Toulon, donde permaneció hasta su definitivo retorno en el 87. Manal reapareció fugazmente en agosto de ese año, pero con Aldo Yacomino en guitarra, el batero Jorge Iacovelli, Jorge Szayso en teclados y saxo, Luis De León en bajo, y Javier, que hoy vive en su Berazategui natal. “Yo estoy luchando como si fuera un tipo que empezó ayer… Pero no me quejo, porque soy un outsider y sé que voy a cosechar. Creo que hay dos verdades solamente, que son una… El artista y el público. Lo que está en el medio, tiene que demostrar que es bien intencionado. Hay mucha basura allí, entre la gente y el artista. En términos generales, digo… El creador debe estudiar qué hay en el medio entre el público y él. Y la gente, analizar qué diablos hay en el camino hacia el artista. Si es una mierda, denunciarlo, y si no lo es, decir este señor produce bien o este bolichero cumplió bien. Y no callar más”, se larga Martínez en la entrevista con “Río Negro”. Y el tema, claro, lo deja en la oscura orilla de Cromañón: “Cuando yo vi lo que ocurrió en Cromañón, la futbolización del rock, me dije que era la derrota de la buena gente y el triunfo de la demagogia. Quienes están arriba del escenario no tienen autoridad para frenar la boludez de los que se hallan abajo, están para hacer felices a una barra brava de inconscientes que tiran bengalas en un lugar cerrado. El aliado más grande que tiene la maldad es la estupidez. Es triste, no?”, dice. “Los que desprecian al público son suicidas. Por ejemplo, esos productores, pseudo productores que sentados detrás de un escritorio, en una discográfica, menosprecian al público, piensan que es grasa, que sólo le gusta la basura. ¡Es mentira, flaco! Eso, una vez, nos lo explicó en el hall de Sadaic, el Maestro Horacio Salgán… Nos dijo: ‘Ustedes no se amarguen y acumulen obra, que haciendo eso, les van a ganar a todos esos mediocres que están de paso’. Como el tipo de la Decca (Studios en West Hampstead, north London) que les dijo no a Los Beatles, que los cuartetos de guitarras estaban terminados en Inglaterra. Y un año después se suicidó. Pobre hombre, no? Cuando vio que habían vendido diecisiete millones de singles en un mes, los cuatro músicos que él, un año antes, había pateado, se pegó un tiro en la cabeza. No es una leyenda, lamentablemente. ¡Qué cosa de locos, decirle que no a Los Beatles…” “Cuando veo que crece la envidia a mi alrededor o que hay tipos que me quieren poner el palo en la rueda, antes me amargaba y ahora –será por los años que ya cumplí, 65- que adquirí una cierta sabiduría, me alegro. Si alguien se pone envidioso y me quiere trabucar, qué alegría, debe ser que estoy haciendo algo groso”, se anima. En 1993 formó la Javier Martínez Blues Band, acompañado por el bajista Antonio García López, Enrique Weimann en armónica, el guitarrista Pino Callejas y Carlos Vidal en teclados. Fruto de esa unión es “Corrientes” (94), disco de rocanrol y letras porteñas bien lunfardas. Al tiempo que produjo otro nuevo retorno de Manal, con Medina pero sin Gabis; sumando a Claudio Rodríguez en guitarra y Carlos Vidal en teclados, en agosto tocaron sus viejos éxitos en la disco The Roxy. En 1998 editó “Swing” y en el 03, “Basta de boludos”, cuarto compacto solista, que firmó como Manal Javier Martínez. Lo acompañó una banda integrada por Maxi Delli Carpini, Javier Acuña en teclados y el bajista Oscar “Mono” López. “Siempre nos quieren desmoralizar, porque tenemos superestructuras en todos los ámbitos, tomadas por fuerzas que no son pro argentinas, son pro bolsillo propio. Desde que empecé mi carrera solista, han intentado sabotearla. Colegas, las compañías (discográficas). Quiere decir que cada vez que saco un disco, cambio la historieta. No me facilitás la salida del disco, atenete a las consecuencias de lo que va a pasar. Cuando edité ‘Basta…’ en Barca, el productor me lo cajoneó. Primero, no doy un compacto más a ninguna compañía, ni chica ni grande. De ahora en adelante, las ediciones discográficas son mías.” –Es el camino de muchos jóvenes que te sucedieron. –Sí, y estoy aprendiendo de ellos… Claro. De Daniel Grinbank no tengo nada que decir, al contrario, el me editó “Corrientes” y fue un gran éxito, “Sol del sur” que fue mi primer álbum. Entre ambos hay casi diez años de distancia. Grinbank cerró su compañía (DG Discos), sin embargo, es el editor de mis partituras. Pasados diez años, ya tengo liberado el repertorio. Con Barca, voy a ver, esperaré hasta el 2013 y lo grabo todo de nuevo. –Mientras tanto, seguís presentando ese material y temas de los comienzos que están en la memoria de varias generaciones, –Están en el público. El premio más grande que tengo es que me vienen a ver pibes y pibas de catorce, quince años y me piden temas nuevos, no solamente “Avellaneda blues” o “Jugo de tomate frío”. Con lo cual, me siento premiado. Me supera… Yo soy músico, compositor, autor, qué sé yo… Y a pesar de haber leído toda la filosofía y la sociología que pude y puedo, leo mucho, no comprendo la razón de esa conexión con la gente. Yo sé que nuestro grado de influencia va mucho más allá de lo que imaginamos.” –Hay mucho tango en tus letras, mucho de su visión reflexiva, a la vez irónica, que también usa el lunfardo. –Por supuesto. Yo soy muy lunfa, sí. La Academia Porteña del Lunfardo me ha distinguido diciendo que el Indio Solari y yo, somos los dos más lunfas del rock, y acaba de publicar un libro donde se analizan mis letras, junto a las de algunos autores más, entre ellos el Indio. Hemos incorporado otro ritmo a nuestro folclore… Así pasó con el vals, con el rock y con cualquier otro género que queramos adoptar. Hay que defender la identidad nacional e influenciar a los demás géneros. El aporte que hemos hecho los roqueros hispano parlantes en la defensa del idioma, no tiene parangón. Es más fuerte, a nivel masivo, que la literatura –lamentablemente– porque es más la gente que escucha música, que la que lee… Yo siento que hemos ganado esa lucha y ahora tenemos el premio. Por eso pienso, cuando me vienen a ver pibes adolescentes y tipos grandes de la generación de sus padres, que los abismos generacionales son superados por los grandes puentes que tiende el arte. Ni mires para abajo, al abismo, seguí caminando por el puente, uní… Salvaguardamos el idioma, por nosotros mismos, e hicimos algo grande por nuestra cultura. Sin darnos cuenta, cada uno con su granito de arena. ¡Fenomenal! Hoy está clarísimo que a nadie se le ocurre, en nuestro país y en los limítrofes, formar un grupo que cante en inglés, porque va al fracaso directo. Y además, porque los que cantan en ese idioma, vienen acá, llenan estadios y se llevan millones de dólares al extranjero y nosotros tocamos en bolichitos. O sea, la colonización sigue, pero nuestro trabajo también…”
Eduardo Rouillet