Juan Pisano, el escritor que imaginó la pandemia un año antes del coronavirus

En "El viento de la pampa los vio", su flamante novela, una invasión zomnbie desata un virus que genera síntomas y reacciones físicas y emocionales idénticas a las de la actual pandemia. Claro que el texto fue escrito en... 2019.





El escritor Juan Ignacio Pisano, ganador del Premio de Novela Fundación Medifé Filba en 2020 por «El último Falcon sobre la tierra», retoma la gauchesca, el apocalipsis y la distopía en su nueva novela, «El viento de la pampa los vio», una historia que plantea una noción radical de la otredad a partir de una invasión zombi que se anticipa con rasgos similares a los de la actual pandemia.

«Lo más interesante de las novelas de zombis no es el zombi comiendo cerebros, sino qué hace el humano frente a eso: cómo se reorganiza, qué papeles toman cada uno de los personajes, cómo sobreviven», sostiene.

Una pareja de vacaciones en la Patagonia atraviesa una crisis que anuncia la inminente separación. Transitan el letargo de una rutina agotadora con su beba Mara, en una zona del sur argentino que tiene algo de mar, algo de desierto y algo de llanura. Están desconectados, la pareja se ha transformado en un sinsentido. Pero de repente una escena irrumpe en esa cotidiana: un día de playa, una señora empieza a tener fiebre. Otro tose sin parar. Más allá un hombre se obsesiona con el uso de alcohol en gel.

Si no se supiera que Pisano escribió esta novela en 2019, se podría pensar que se trata de una distopía basada en la pandemia por Covid-19 (¡todos los síntomas son iguales!). Sin embargo, la irrupción de este virus marca el inicio de un apocalipsis zombi y el peligro funciona para Hilario y Amalia, los protagonistas, como un bálsamo de reconstrucción de su lado más humano y también el florecimiento de un costado más salvaje, dispuestos a todo para sobrevivir.

Me gusta pensar el zombi como un sujeto humano zombificado. En la novela los protagonistas están un poco zombificados en su vida diaria y el apocalipsis los despierta, los saca de ese letargo».

Zombis a caballo trotando en el horizonte y despedazando hombres y mujeres, otros humanos que no logran torcer el destino apocalíptico, un matrimonio que se dedica a rezar para «ahuyentar al diablo» y tantos personajes se cruzan en el camino de los protagonistas, cuyo objetivo es llegar al Parque Nacional los Alerces, en Chubut, donde pareciera el fin del mundo todavía no llegó. Aunque tampoco tienen certezas.

Después de convertirse en una de las revelaciones literarias de 2020 con «El último Falcon sobre la tierra», que le valió el Premio de Novela Fundación Medifé-Filba, Pisano entrega ahora esta ficción también publicada por Baltasara Editora y planea una saga distópica que, según adelanta en entrevista con Télam, se articulará con su primera novela, con «más componentes del género terror, una impronta fuerte de la dictadura» y como protagonista a un personaje secundario de «El último Falcon…»..

P: «El viento de la pampa los vio» trabaja con uno de los temas fundamentales del siglo XIX que es el encuentro con lo diferente, en este caso el mundo zombi. ¿Podemos decir que esta es una novela sobre la violencia y la otredad?

Juan Pisano: Sí. La otredad es un tema que a mí me interesa particularmente, mis proyectos de investigación están pensados sobre ese eje. Hay un libro que escribió un filósofo español, Jorge Fernández Gonzalo, que se llama Filosofía zombi, que plantea que el zombi viene a representar una especie de otredad radical y absoluta, que no tiene ningún tipo de contemplación por la vida y que lo único que busca es satisfacer su deseo. Pero a mí me gusta la mirada un poco más ambigua, pensar el zombi como un sujeto humano zombificado. En la novela los protagonistas están un poco «zombificados» en su vida diaria y el apocalipsis los despierta, los saca de ese letargo.

P: ¿Hay una intención narrativa de que «el apocalipsis» funcione como un elemento de unión o reencuentro para los protagonistas, que estaban en crisis?

J.P.: Diría que sí. Lo más interesante de las novelas o contenidos audiovisuales de zombis no es el zombi comiendo cerebros, sino qué hace el humano frente a eso. Cómo se reorganiza, qué papeles toman cada uno de los personajes, cómo sobreviven. Las formas de comunidad que van surgiendo en esa sociedad diseminada, fracturada. Experimentar con distintas maneras de conformación de comunidad para lo humano, algunas más utópicas, otras más prácticas. Hay una novela de Max Brooks («Zombie Survival Guide») que después se hizo película («World War Z»). Es toda una investigación sobre la búsqueda del primer caso de zombi en Corea del Sur, la historia de un periodista que habla con distintos protagonistas. Juega todo el tiempo con el non-fiction. Ese fue un puntapié para pensar mi novela: Hilario y Amalia no se sentían cómodos en el mundo tal cual estaba, pero ahora tienen un motivo para vivir. Ante todo el caos en la playa, la gente desesperada por la aparición de un virus extraño, ellos tienen algo. Algo en lo que creer. Me parece que una pregunta interesante siempre es ¿qué puede una ficción? La ficción te da una posibilidad. La posibilidad de un posible, ese es el juego: la ficción les da a ellos la posibilidad de seguir viviendo y rearmar su pareja, su familia.

P: Hay en el libro una construcción sobre el pasado (los gauchos) y el futuro (la invasión zombi). ¿Cómo conviven esos escenarios a la hora de pensar el texto?

J.P.: Yo enseño literatura argentina del siglo XX pero investigo literatura argentina del siglo XIX, entonces siempre estoy con un pie en un lado y el otro. El siglo XIX está muy fuertemente presente en la literatura argentina, en textos y en discusiones. Me gusta pensar esa relación con cierto anacronismo: que el pasado esté en el presente de un modo superpuesto. Con «El último Falcon…» hice un poco eso: pensar el futuro retomando el pasado. Y además el XIX cristalizó un montón de cuestiones y de temas de la argentinidad que hoy están súper presentes. El gaucho es una de tantas: lo encontrás en el cine de la década del 60, en el Mundial del 78 con el símbolo de un gaucho aniñado. Pero además el Martín Fierro es el premio al espectáculo, y así un montón de ejemplos más. Me interesa pensar esas superposiciones temporales y tergiversarlas un poco.

P: Y creo que esas superposiciones suceden de manera muy natural, lentamente. No generan un choque en el lector.

J.P: Es que lo voy preparando desde la primera página, incluso desde la construcción de los personajes. Hilario es por Hilario Ascasubi, un poeta gauchesco; Amalia es por la novela de José Mármol contra el rosismo, de la década de 1840. Los gauchos, el policía Baigorria, que es un apellido muy de la época también. Mara, la beba, es la única que no tiene nada que ver.

P: ¿Cuánto hay de la realidad pandémica que vivimos hoy en las escenas que anticipan la invasión zombi en la historia de Hilario y Amalia? Pienso en los síntomas, la distancia, el alcohol en gel en la playa.

J.P.: Es completamente azaroso porque esta novela la escribí antes de la pandemia, incluso antes de «El último Falcon sobre la tierra». Las personas tosiendo, que tienen fiebre o se siente mal son un poco las imágenes de las ficciones zombis. No fue algo pensado ni planeado. De hecho cuando la releí, antes de publicarla, me encontré con esas cuestiones y fue bastante sorprendente incluso para mí. Creo que son elementos que están en las ficciones distópicas, o apocalípticas, con infecciones de algún tipo. Esa novela la escribí durante el macrismo y yo tenía una mirada muy crítica de aquella gestión: hay un Estado ausente, al que no le interesa la salud pública. Traté de que eso se refleje también en la novela.

Me parece que una pregunta interesante siempre es ¿qué puede una ficción? La ficción te da una posibilidad. La posibilidad de un posible, ese es el juego».

P: Durante el apocalipsis Hilario sigue leyendo, cita a Sarmiento, piensa el mundo en clave gauchesca. ¿Cuál es la búsqueda que sostiene el personaje en ese contexto?

J.P.: El punto fue: ¿qué pasa si en un apocalipsis uno pierde todo? La presencia de lo gaucho tiene que ver con cierta inercia de que persista el estilo de vida previo, que se conserven los momentos de ocio o de placer. Hay una búsqueda de que en ese apocalipsis no sea todo drama y destrucción. De hecho Hilario consigue un caballo, le pone de nombre Moreira, sale a recorrer la zona, usa un cuchillo y disfruta de ese momento. A ellos encima el apocalipsis no los encuentra en la ciudad sino en la Patagonia, en un espacio abierto. Tienen que escapar pero no tienen nada para hacer. Entonces, elegí que hicieran cosas que disfrutan.

P: Amalia sigue buscando la «belleza» en lo diario, en pequeñas cosas de la rutina, incluso cuando la pareja vive en continuo acecho. ¿Cómo se conjuga la pulsión de vida y la de muerte en este personaje?

J.P.: Su personaje hace un arco narrativo bastante particular. Ella al principio está bastante perdida, y de repente va tomando protagonismo, se va volviendo más combativa y más fría. Yo no quería que ella fuera sólo la mamá que cuida a la hija. Su costado más lúdico y tierno adquiere, después de la invasión zombi, una faceta más calculadora. El juego se le vuelve más hacia la violencia. Y por eso también la escena final de la novela la tiene a ella como centro y faro.

P: Hay varios vasos comunicantes entre esta novela y «El último Falcon sobre la tierra»: la gauchesca y la distopía como género contemporáneo. ¿Estás trabajando en alguna novela que continúe con esta línea?

J.P.: Yo había quedado muy pegado al universo y a los personajes de «El último Falcon..», así que decidí retomarlo. Estoy pensando en una saga, en una zona de novelas relacionadas al universo ficcional del Falcon. Ahora estoy lanzando «El viento de la pampa los vio» y hace muy poquito terminé otra novela que ocurre 25 años después del Falcon, en la ciudad. Esta historia tiene más componentes del género terror, una impronta fuerte de la dictadura, y el protagonista es un personaje secundario del Falcon. Todavía no está editada, pero supongo y espero será en 2022.

 Josefina Marcuzzi/Télam


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