Femicidio de Agostina: el nuevo «fui yo» de Monsalve, una remake de bajo presupuesto

El principal acusado del femicidio brindó una versión corregida y aumentada en la primera jornada del segundo juicio por jurados. Qué cambió y cuál es su objetivo. La reacción de la fiscalía.

Como un calco del primer juicio por jurados, que fue anulado por una burda amenaza escrita en la pared del baño de varones, Juan Carlos Monsalve atrajo todo el protagonismo en la apertura del segundo juicio por el femicidio de Agostina Gisfman. Una vez más se atribuyó la autoría, aunque esta vez abundó en detalles que antes había pasado por alto. Pese a que se esmeró, fue una remake de bajo presupuesto llena de interrogantes que quedaron sin respuesta, y que abrió nuevas preguntas.

«Quiero decirles que fui yo el que mató a Agostina. Soy la única persona que estuvo ahí presente», dijo Monsalve al jurado. Aunque minutos más tarde cayó en una de las tantas contradicciones: admitió que en el lugar del crimen, un basural de la meseta de Centenario, también estuvieron su sobrino Enzo Monsalve y su empleado Maximiliano Zapata.

Es más: el defensor de Enzo, Sebastián Perazzoli, le dijo al jurado que su cliente reconoce que además de haber concurrido al lugar donde mataron a Agostina, roció su cuerpo con combustible y lo prendió fuego. Pero no la mató, afirmó. Pidió que lo condenen por encubrimiento.

Los encuentros

Natalia Pelosso y Leandro Seisdedos, defensores públicos de Juan Carlos Monsalve. (Matías Subat)

Volviendo a la «confesión» de Monsalve, fue una declaración sin juramento de decir verdad. Dicho de otro modo, tenía derecho a mentir, porque estaba ejerciendo su defensa.

Admitió que conoció a la víctima a través del imputado Gustavo Chianese y estuvo con ella en un hotel alojamiento en marzo del 2021. Añadió que se volvieron a encontrar en abril, por casualidad, y tuvieron otro encuentro que «no pasó por lo sexual».

Según la acusación de la fiscalía, en esa oportunidad Agostina tomó una foto de ambos en el hotel y la subió a las redes sociales. La esposa de Monsalve, Ana María Perales, vio la imagen y le exigió a su esposo que «le hiciera daño» a la joven a cambio de recomponer la pareja. «Desde que esa mujer se cruzó en mi vida, mi vida quedó arruinada», le confió Perales a su cuñada Nieves. Por eso está acusada de instigadora.

En su relato de ayer el imputado no hizo mención a ese hecho, que está documentado: la foto existe, y le será exhibida al jurado.

El robo insólito

Guadalupe Inaudi, Agustín García, Diego Vázquez, el equipo de la acusación. (Matías Subat)

En cambio, lo que contó Monsalve fue que la noche de ese encuentro, su esposa lo llamó para pedirle que le comprara una gaseosa y un alfajor, porque estaba trabajando desde las 9 de la mañana, eran «las 11 o 12 de la noche» y no había comido.

Era en plena pandemia. El imputado aseguró que había un quiosco abierto en Yrigoyen y 9 de Julio de Cipolletti, bajó a comprar y dejó en la camioneta Chevrolet S10 a Agostina.

Afirmó que ella aprovechó ese momento para sustraerle una bolsa con 1,3 millón de pesos, marihuana y cocaína que escondía entre los asientos. El relato es inverosímil: primero habría que probar que en ese espacio hay lugar para semejante cantidad de dinero. Y segundo, ¿cómo no se dio cuenta que ella se bajó del vehículo con ese paquete? El taxista con 16 años de experiencia, conocedor de la noche, narcotraficante, frecuentador de prostitutas, tal como se describió, ¿no vio que una joven delgada y de baja estatura, que ni cartera tenía, descendió con algo voluminoso que le pertenecía?

El error del manipulador

Monsalve se negó a que le realicen una pericia psicológica, pero de sus palabras se desprende que es el típico maltratador que pone la culpa en los demás, en especial las mujeres, y que considera «un error» a todos los actos de su vida que han dañado al prójimo: desde las infidelidades a su esposa hasta el femicidio de Agostina, pasando por haberse dedicado a la venta de drogas, o prestarle plata a un amigo que nunca se la devolvió.

«Ella me robó, rompió mi confianza. Yo muchas veces hasta le pagué de más», afirmó, creyéndose con derechos sobre ella. Como dijo el fiscal jefe Agustín García, el imputado considera a la mujer «un escalón inferior» al hombre, y a la mujer adicta y prostituta «varios escalones más abajo».

A su esposa también la definió con adjetivos de baja relevancia: «mujer humilde, callada, sencilla, trabajadora». Pero Ana Perales es una mujer con estudios universitarios, enfermera, de personalidad fuerte, capaz de tomar sus propias decisiones como quedó demostrado cuando abandonó a su marido.

Un nuevo encuentro

Más adelante, Monsalve atribuyó a un dirigente de los taxistas cipoleños, Luis Palma -y no a Chianese- haberle «marcado» el lugar donde vivía la víctima. Se produjo entonces un tercer encuentro, en el cual ella prometió devolverle el dinero.

Citó un recorrido que hicieron por Cipolletti y luego fueron a su casa en Centenario, compraron comida, escucharon música. La hija de 2 años de ella los acompañó. Conducta despreocupada para un hombre que al mismo tiempo se describía apremiado por narcos de la provincia de Buenos Aires debido al dinero y droga que la joven supuestamente le había robado.

El relato de Monsalve suena falaz. No encaja con lo declarado por otros testigos. Parece tener como finalidad acomodarse a las pruebas de la fiscalía, que tiene registrados sus movimientos en base a cámaras y antenas de telefonía.

Dijo Monsalve que quedaron en volver a verse a las 19. No dio fechas, pero se infiere que era el 14 de mayo del 2021, día del femicidio.

Explicó livianamente por qué alquiló una Chevrolet Tracker en Neuquén para ese encuentro. También brindó una versión sobre las razones por las cuales su esposa lo abandonó y se fue a vivir con la madre a San Javier: citó una discusión porque ella lo vio conversando con una mujer.

«Voy con un paquete»

Monsalve (en silla de ruedas), Perales (de rojo), Enzo Monsalve (de negro), Zapata (de azul), Chianese (de gris), los imputados. (Matías Subat)

De acuerdo con el guión de Monsalve, se encontró con Agostina a las 19 en la rotonda de la ruta 151 que lleva al tercer puente, tal como lo indican las cámaras y las antenas telefónicas. El imputado les avisó por teléfono a Enzo y Maximiliano Zapata: «voy con un paquete». Dijo que era una clave para que sepan que llevaba a otra mujer, no a su esposa.

¿Si hablaba en clave para evitar que supieran con quién andaba, como declaró, para qué los citó a reunirse en el basural, donde inevitablemente iban a verse las caras?

Señaló que los vehículos -la Tracker y la S10 en la que iban Enzo y Zapata- se estacionaron a 20 metros de distancia. Reiteró, como en la primera versión, que Agostina estaba descontrolada porque había consumido droga, que lo insultó.

«Que comprueben lo que pasó»

«Empezamos a forcejear y pasó lo terrible que pasó, que por consejo de mis abogados no voy a decir. Eso que lo comprueben», desafió, dando un paso atrás en su confesión. Según la autopsia, Agostina recibió dos puñaladas: una en el hígado y otra en el corazón. ¿Busca Monsalve que lo condenen por homicidio simple, o por homicidio algún atenuante?

Ayer brindó otro dato nuevo: «yo sé que nadie se merece morir por nada, pero quizá cometí el error (otra vez, el error) de defenderme, porque ella sacó un cuchillo y pasó lo que pasó. Me da mucha pena».

Así terminó su relato, y se negó a contestar preguntas.

La fiscalía anunció que pedirá la incorporación de nuevos testigos para confrontar los dichos de Monsalve. La defensa se opuso con el argumento de que en el juicio sólo se puede utilizar la prueba aprobada en el control de acusación.

Pero el juez Luis Giorgetti, en una opinable decisión, le hizo lugar a la fiscalía. Invocó el último párrafo del artículo 182 del Código Procesal Penal, que señala: «Si en el curso del juicio se tuviere conocimiento de nuevos medios de prueba manifiestamente útiles, o se hicieren indispensables otros ya conocidos, las partes podrán solicitar la recepción de ellos».


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