La batalla porteña

Por Redacción

La campaña para las elecciones porteñas del 7 de mayo está perfilándose como una batalla campal entre la plana mayor de la Alianza por un lado y, por el otro, Domingo Cavallo, con éste gozando del apoyo informal de diversos sectores del peronismo que, a falta de hombres propios presentables, lo consideran el único dirigente capaz de derrotar al candidato oficialista. Aunque tanto Cavallo como su rival, el frepasista Aníbal Ibarra, dicen querer tratar de seducir a los votantes debatiendo sesudamente sobre temas edificantes como el supuesto por el estado de la economía, el resultado final de la campaña dependerá del humor de un electorado notoriamente cambiadizo que acaba de ser blanco de un «impuestazo» muy fuerte, razón por la cual es poco probable que incidan en el voto las diatribas de Raúl Alfonsín contra el «neoliberalismo» con las cuales espera incomodar al ex superministro, el que, por su parte, afirma que de tener la oportunidad reduciría la presión tributaria.

En cambio, el ataque vehemente contra Ibarra que ha emprendido la cavallista Marta Oyhanarte, la que lo acusó de ser un mentiroso por haberse atribuido un papel protagónico en el esclarecimiento del asesinato de su marido, Oscar Sivak, podría tener algunos efectos, porque es evidente que el candidato de la Alianza, un hombre relativamente joven, ha exagerado la importancia de su actuación casi trece años atrás. Claro, en el contexto de la política argentina la voluntad de un aspirante a un puesto clave de transformar un rol legal de significancia limitada en una epopeya jurídica debería considerarse un pecado menor: por lo menos, Ibarra no ha tenido que defenderse de la clase de denuncias que podrían dirigirse contra tantos otros prohombres de la vida política nacional.

A diferencia de Ibarra, hombre cuyas perspectivas no dependen tanto de su propia trayectoria, por respetable que ésta haya sido, cuanto de su condición de representante de la Alianza, Cavallo es mucho más importante que el vehículo partidario que se ha conformado en torno de su figura. Es por eso que el presidente Fernando de la Rúa, el vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez y el ex presidente Alfonsín y otros dirigentes oficialistas se han movilizado en su contra, actitud que si bien fortalece la posición de Ibarra, supondría que una eventual derrota sería muy dolorosa. Por cierto, en tal caso a la Alianza no le sería dado achacarla a las presuntas deficiencias de Ibarra, mientras que un intento de insinuar que otro candidato, por preferencia un radical, hubiera hecho una elección mejor pondría en peligro la supervivencia de la coalición frepasista-radical. Desde el punto de vista de los oficialistas y de buena parte del resto del país, de caer derrotado Ibarra el gran responsable no sería el joven titular de la Legislatura porteña sino el mismísimo presidente de la República, de ahí la decisión de De la Rúa de pedirle a la interventora del PAMI, Cecilia Felgueras, que acompañara al frepasista.

Si no fuera por la candidatura de Cavallo, la elección porteña sería un trámite sin muchas dificultades para la Alianza, movimiento cuyo dominio sobre el distrito ha sido últimamente tan completo como el del peronismo en ciertas provincias del Noroeste. Pues bien: el que en opinión de muchos líderes aliancistas el ex ministro de Economía podría triunfar -de lo contrario, no estarían revelando el temor que les ha producido la idea de una derrota en su único reducto- nos dice mucho sobre la evolución política del país. Con razón o sin ella, hombres como Alfonsín ven en Cavallo una nueva cara posible del peronismo, una que los inquieta, no porque crean que el principal candidato opositor a la jefatura de la Capital Federal sea peor que Carlos Ruckauf o Carlos Menem, sino porque sospechan que sería capaz de modernizar el PJ, convirtiéndolo en una versión argentina del PP español de José María Aznar. Asimismo, el que en esta ocasión tantos peronistas se hayan alineado detrás de Cavallo supone que si en los años próximos ningún dirigente tradicional logra erigirse en caudillo indiscutido del movimiento, en el 2003 ó 2007 el ex ministro podría verse convocado a desempeñar el mismo papel en todo el país.