La crisis poselectoral



El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aseguró que a partir de diciembre “la economía comenzó a recuperarse gradualmente” y que “se está generando empleo” en la mayor parte de las actividades.
El funcionario dio varias definiciones sobre la situación actual, y afirmó que el salario también comenzó a recuperarse desde principio de año remarcando que “la inflación va a comenzar a ceder” en forma progresiva. Todo por venir, según palabras del joven ministro.


Pero los últimos datos dados a conocer por el Indec y las proyecciones de las consultoras privadas dan cuenta de que la economía sigue mostrando una preocupante tendencia negativa en la mayor parte de sus indicadores y no existen claras señales de recuperación para los meses que se avecinan. El efecto del desplome económico no es otro que el incremento en la tasa de desempleo. Los datos oficiales confirmaron una suba interanual de casi dos puntos (9,1%) de la desocupación en el cuarto trimestre del 2018. Se trata del valor más alto desde el 2005 en la comparación cuatrimestral.


Pero más allá de los resultados, el gobierno busca vender optimismo pretendiendo modificar las expectativas negativas existentes. Una estrategia que nunca dio resultado. ¿Por qué lo daría ahora? Por el contrario, si se continúa haciendo lo mismo, lo más probable es que se sigan obteniendo, en el mejor de los casos, resultados similares.

El mensaje de los funcionarios no parece tener fisuras. Irónicamente muchos de ellos vuelven a hablar de una recuperación a partir del segundo semestre.


“Confiamos en que en el segundo trimestre comenzará a desacelerarse la caída del nivel de actividad y a partir del tercero aparecerán los primeros brotes verdes”, señaló un importante asesor del ministro Dujovne al ser consultado por el tema. El mensaje de los funcionarios no parece tener fisuras. Irónicamente muchos de ellos vuelven a hablar de una recuperación a partir del segundo semestre, algo que ya se había escuchado en 2016 con los resultados por todos conocidos. En su intimidad, pocos son los cercanos al presidente Macri que creen que la economía pueda mostrar brotes verdes durante el año en curso. La expectativas oficiales llegan sólo a contener las arritmias que muestra la divisa norteamericana en el mercado doméstico hasta, por lo menos, días antes de las elecciones de octubre.

Desde Macri para abajo, todo el gabinete cree que tanto la gobernabilidad como las chances electorales crecerán en la medida en que el billete verde se mantenga en valores previsibles. El dato positivo: están los dólares para llegar sin problemas hasta fin de año.

Sin dólares genuinos generados por la producción no hay posibilidades de sobrevivir al 2020 sin una nueva crisis que atraviese a toda la sociedad.


Pero los interrogantes están puestos en el día después. ¿Qué se puede esperar frente a un escenario recesivo, de alta inflación y dólar anclado? Lo que viene sucediendo en las últimas décadas en materia económica: un ajuste sobre el tipo de cambio, por demanda sostenida y oferta restringida de divisas, que sólo traerá un alivio transitorio al sector exportador del país. Pero que quede claro: sólo transitorio.


Pareciera que el gobierno nacional no tiene capacidad de impulsar los cambios necesarios para romper con este histórico círculo vicioso. “Necesitamos generar más oferta a través de mecanismos legítimos como mejorando la balanza comercial, compitiendo mejor en el mercado internacional y no sólo porque hubo una devaluación. Argentina sigue pensando la competitividad sólo en términos cambiarios y esa es la raíz de su tragedia”, comentó días atrás Mario Blerjer, expresidente del BCRA, en una entrevista concedida a un medio nacional. Sabia reflexión.


Sin dólares genuinos generados por la producción no hay posibilidades de sobrevivir al 2020 sin una nueva crisis que atraviese a toda la sociedad. El gobierno cerró al año pasado un programa fiscal, cuestionado o no, pero carece de otro económico. Y, sin este último, difícilmente aparezcan las divisas que se requerirán para hacer frente a los compromisos de deuda que hoy el Estado tiene con el mercado.


La historia nos muestra que, si por devaluar fuéramos competitivos, la Argentina sería líder en el comercio internacional. Pero lejos, muy lejos, estamos de esa realidad.


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