La «doctrina Bush» contra el terrorismo, a prueba en Medio Oriente
Por León Bruneau
La aplicación de la «doctrina Bush» condenando el terrorismo en el mundo, así como a los países y entidades que apoyen o protejan a los terroristas, se enfrenta a la realidad en Medio Oriente, afirman expertos.
Seis meses después de que Washington declarara la guerra al terrorismo, la escalada de violencia en el conflicto palestino-israelí representa una verdadera pesadilla para el presidente George W. Bush, quien al mismo tiempo que presiona al jefe de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, a condenar «el terror» por parte de organizaciones palestinas, evita cuidadosamente aplicarle esta «doctrina», generando críticas de los medios conservadores y proisraelíes de Estados Unidos.
«¿Qué sucedió con la fórmula claramente enunciada por el presidente según la cual quienquiera que proteja a un terrorista o ayude a un terrorista será tratado como un terrorista?», se preguntaba esta semana el influyente semanario conservador Weekly Standard, refiriéndose al discurso pronunciado por Bush el 20 de setiembre pasado ante el Congreso.
El periódico señala por ejemplo que «el día en que el secretario de Estado Colin Powell calificaba oficialmente de organización terrorista al grupo armado ligado a Yasser Arafat, las Brigadas de los mártires de Al-Aqsa, la administración Bush se apresuraba al día siguiente a ayudar a Arafat a viajar a Beirut» para participar en la cumbre de la Liga Arabe.
Para Marius Deeb, profesor de la Universidad Johns Hopkins, la administración Bush «está claramente en un aprieto» respecto de Arafat.
Por una parte no quiere aparecer como apoyando de alguna manera al terrorismo y por otra no quiere romper totalmente los nexos con él, señala. La complicación aumenta para Washington, ya que israelíes y palestinos se acusan mutuamente de terrorismo. El primer ministro israelí Ariel Sharon calificó a Arafat de «enemigo de Israel» y alega que su país está en guerra contra el terrorismo. Los palestinos califican la ofensiva militar israelí de agresión que, según el jefe de negociadores Saeb Erakat, «no tiene ninguna relación con la lucha contra el terrorismo».
Según Alton Fyre, un especialista en política exterior estadounidense del Consejo de Relaciones Exteriores, «la doctrina Bush tal como se aplica en Afganistán y potencialmente en otros lugares, no puede ser una solución estándar».
Fyre afirma que Washington no tiene otra alternativa que negociar con Arafat, si no quiere correr el riesgo de perder el único interlocutor «válido» palestino.
Excluyendo a Arafat de su «doctrina», la administración Bush reconoce de facto que «la situación en Medio Oriente es diferente» de otras.
Interrogado ayer en la cadena de televisión CBS, el secretario de Estado Colin Powell indicó que Washington «solicita (a Arafat) que haga más (contra el terrorismo), pero no serviría a nuestros intereses calificarlo en este momento como un terrorista».
El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, ya había indicado el lunes que Bush rehusaba asimilar a Arafat a la red Al-Qaeda. Sin embargo, según Phyllis Bennis, experta del Instituto de estudios políticos, Bush, presionado para comprometerse más en Medio Oriente, es víctima de esta lógica. «La administración Bush se atrincheró globalmente en la retórica contra el terrorismo, por lo que se le hace políticamente difícil decir que quiere entablar negociaciones con Arafat», afirma. (AFP)
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