La educación no puede seguir esperando

Redacción

Por Redacción

Por Juan Martin *

La pandemia trajo consecuencias evidentes desde lo sanitario y lo económico, con más de 100.000 muertes, una caída récord del PBI y un aumento de la pobreza y el desempleo. Pero existen otros efectos que apenas logramos vislumbrar, que tendrán impacto en el largo plazo.

El debate sobre la presencialidad puso sobre la mesa el problema de la educación, pero apenas mostró la punta del iceberg.

Una investigación de Agustín Claus, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, estima que 1,5 millones de estudiantes argentinos se desvincularon totalmente de la escuela durante la pandemia.

UNICEF, por su parte, mostró que en la Argentina un 23 por ciento de los estudiantes no tuvieron ningún contacto con sus docentes durante la pandemia. En gran parte, esto se explica por la imposibilidad de acceder a la virtualidad educativa, ya que el 37 por ciento no dispone de computadora y que el 18 por ciento no tiene acceso a Internet.

La educación, que debe generar igualdad, nunca antes fue más desigual. De acuerdo con otros datos también publicados por UNICEF, 3 de cada 4 estudiantes de escuelas privadas tienen acceso a clases virtuales, cifra que se reduce a 1 de cada 2 de las escuelas públicas. Es decir, los hijos de las familias que pueden pagar una cuota, tienen mayores oportunidades que los de hogares más pobres.

Cabe preguntarse si los chicos que salieron del sistema podrán reincorporarse alguna vez y qué será de su futuro. Incluso, habría que plantearse qué pasa con aquellos que recibieron una educación “a medias” como producto de una virtualidad forzada e improvisada.

También vale reflexionar sobre la situación en nuestra provincia. Hace meses que le venimos pidiendo datos a la ministra de Educación de Río Negro. Hasta ahora, lo único que escuchamos fue un silencio preocupante.

El impacto de la pandemia y la cuarentena sobre los chicos no sólo se relaciona con la adquisición de conocimientos. Un estudio publicado por la Sociedad Argentina de Pediatría, realizado en Bariloche, muestra que el 96,3 por ciento de las familias informaron cambios emocionales en sus hijos y cerca de un 50 por ciento refirió síntomas de ansiedad.

Las luces de alarma son muy claras, pero al parecer la enorme mayoría de la clase política prefiere ignorarlas. En cambio, las familias advierten claramente los riesgos para el futuro de sus hijos y por eso estuvieron en la primera línea de la lucha por la reapertura de las escuelas.

De esa sociedad civil que parece estar a años luz de distancia de su dirigencia surgió la idea de declarar la Emergencia Educativa. Esto permitiría, entre otras cosas, priorizar las inversiones en infraestructura escolar, garantizar la conectividad, promover la presencialidad, mejorar las condiciones de trabajo para los docentes, desarrollar un plan para revincular a los estudiantes que salieron del sistema y recuperar los contenidos que no se pudieron dictar y, en definitiva, garantizar el derecho humano a la educación.

Los 46 legisladores rionegrinos, sin distinción de pertenencia política, recibimos un proyecto con sólidas bases jurídicas y científicas y un amplio respaldo ciudadano. Nosotros, desde Juntos por el Cambio, decidimos apoyarlo haciendo la presentación formal para que tenga estado parlamentario.

La educación no puede seguir esperando. Por eso, así como hoy tenemos en vigencia una ley de emergencia económica y otra de emergencia sanitaria, es necesario declarar la emergencia educativa para poner este tema en un lugar preponderante de la lista de prioridades en materia de políticas públicas.

Ojalá la grieta, las disputas de poder y los egos no se apoderen de este debate. Nuestros hijos no se lo merecen.

* Legislador rionegrino (Juntos por el Cambio)


Por Juan Martin *

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora