La espera nacional
Río Negro acopla sus ritmos al próximo gobierno. Parte de los recursos petroleros se van consumiendo.
Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
panorama de río negro
Hay que esperar a ver qué pasa. Río Negro ata sus movimientos al proceso nacional, que surgirá del balotaje del 22 de noviembre. La provincia está ordenada y mejor que muchas otras. Sus problemas se integrarán al padecimiento general. Hasta allí el argumento oficial, que es verídico en sus trazos superficiales. La deuda pública disminuyó y estruja menos. A Río Negro –como a todas las provincias– la favoreció la prórroga de pagos otorgada por el Plan de Desendeudamiento. Refinanció vencimientos por casi 350 millones en el 2015. Las obligaciones del 2016 estarán en los 400 millones. Su exigencia mensual no será algo terminal, pero serviría bien mantener ese instrumento nacional. Esa resolución emergerá recién con los próximos gobernantes. El borrador del presupuesto incluye artículos para afrontar una urgencia financiera, previéndose la posibilidad de emisión de letras de la Tesorería o, directamente, de bonos, con garantías de las regalías. En la futura política cambiaria de Nación también conviven expectativas económicas y temores salariales. El turismo y la fruticultura confían en que el valor del peso se acomodará para mejorar sus rentabilidades. El gobierno entiende que habrá medidas en ese sentido, aunque existe inquietud porque la reacción será extemporánea para la fruticultura. “Nada llegará a tiempo para la próxima cosecha”, advierten. El gobernador se ajusta a esos plazos y posterga toda negociación salarial. La pauta del 2015 salió del acuerdo con Unter de diciembre. Variaron las condiciones: existía “mayor previsibilidad” y, además, Weretilneck tenía prisa electoral para un entendimiento con los docentes. El nuevo debate por haberes se estima para el primer trimestre. Con su reelección garantizada, Weretilneck se focalizó finalmente en las erogaciones de personal y ensayó ciertas revisiones, como ausentismos, licencias, horas extras y guardias. Propuestas, aún, en los papeles. Queda por cumplir con la restitución plena de la antigüedad. Ya se paga la mitad, pero el resto del adicional deberá completarse –según la ley– en lo que queda del año. Se preveía para noviembre, pero no está confirmado. El monto no es significativo, pero hay cuidado extremo en los desembolsos. Ocurre que despunta otra prioridad salarial: aguinaldos y salarios de fin de año. Para su formal cumplimiento, Economía deberá disponer de cerca de 1.500 millones entre la segunda quincena de diciembre y la primera de enero. El problema es estructural. La composición salarial rionegrina superó el nivel medio de sus pares. Lidera el ranking. Sus remuneraciones significan un 68% de los ingresos corrientes. Las segundas –Jujuy, Chubut y Catamarca– alcanzan el 63%. Ese monopolio –que se acentuó este año con un alza del 44% de la masa– arrincona al gobierno, pues no deja mayores recursos al Estado para otras políticas de crecimiento e infraestructura. Todo queda supeditado a los aportes nacionales o ingresos ocasionales, como ocurrió en el 2015 con las prórrogas petroleras. La escasez y la urgencia pueden alentar salidas desventajosas. La provincia conserva un ahorro de parte de los pagos petroleros. Dispone de unos 300 millones y esas letras del Tesoro vencen en diciembre, cuando Río Negro tendrá la mayor necesidad de fondos para sus obligaciones salariales. Ya hay una noticia preocupante. Esa reserva cayó a un tercio. En febrero, Weretilneck apartó casi 800 millones de los 1.100 netos recibidos de las petroleras. Preveía, con los intereses, sumar 900 millones. Ese ahorro se redujo a 300 millones. “Se pagaron equipos y vehículos licitados”, se justifican en Economía. Ese argumento evidencia que no ocurrió lo que Weretilneck anunció en sus sucesivos actos. Allí repetía su reparto de casi 380 millones para equipamientos y rodados y el atesoramiento de 800 millones para obras. Explicaba –con razón– que la inversión en letras intentaba preservar su valor mientras se cumplía con los proyectos y las construcciones pretendidas. Ese temido cuadro inflacionario actuó y deterioró los fondos recibidos en enero. Su combinación con las demoras administrativas siguen erosionando –mucho más de lo esperado– las posibilidades y compras anunciadas. Existieron licitaciones de vehículos y equipos. Pero faltan las principales, que incorporarían equipos pesados, ambulancias y patrulleros. Superan las 150 unidades. El fin de esos trámites coincide con el freno de vetas en la industria automotriz, que espera la renovación en la presidencia de la Nación. El costo de los vehículos subió entre un 15 y 20% en seis meses. Así, varias unidades del listado inicial ya se esfumaron con la depreciación del peso durante las largas tramitaciones estatales. Weretilneck continúa gobernando ese Estado y sumará una instancia de turbulencia financiera, más allá de que su propagación aminore el peligro. Ese elemento se transforma en un enigma frente al mando personalista del gobernador, que –hasta ahora– supo convertir en ganancia política hasta sus despropósitos.
Comentarios