La falta de plata puede más que la crisis educativa

Ante la posibilidad de que el ciclo lectivo 2002 no comience, se suponía que los privados sumarían más alumnos a sus aulas. Pero por ahora, no registran una gran demanda. Y esta parece ser la tendencia casi definitiva. Varios administradores y rectores consultados señalaron que la incertidumbre sobre la situación económica pesa más que el colapso del sistema educativo provincial y todo indica que la mayor parte de los padres no tomarán una decisión hasta febrero.

Por Redacción

A pesar de la fuerte crisis que afecta a la educación pública, los colegios privados de Río Negro no registraron todavía indicios de una mayor demanda de vacantes para el próximo año.

Varios administradores y rectores consultados señalaron que la incertidumbre sobre la situación económica pesa más que el colapso del sistema educativo provincial y todo indica que la mayor parte de los padres no tomarán una decisión hasta fines de febrero del año próximo.

Además, el aumento de aranceles producto de la reciente quita de los subsidios de la provincia actúan como un estímulo a la transferencia de alumnos pero en sentido contrario.

El titular de la asociación que nuclea a las escuelas privadas rionegrinas, Steven Cohen, aseguró que «la crisis económica es tan fuerte que todavía no se observa una tendencia» sobre las opciones que tomará cada familia.

El cuadro de situación permite prever que una franja de alumnos seguirá en las escuelas pagando los aranceles más caros, a costa de un sacrificio mayor; otra porción buscará pasarse a los colegios privados más baratos y un tercer grupo buscará banco en las escuelas públicas. Este último grupo será el mayoritario, obviamente. Por la profunda recesión, en Bariloche por ejemplo, los cálculos compartidos por el CPE y por el sector privado hablan de unos 1.000 a 1.200 chicos que engrosarán los grados y cursos de las escuelas estatales de la ciudad.

Pero hasta ahora el gobierno provincial no anunció nuevas obras para alojar esa mayor demanda, lo cual contribuye a oscurecer el panorama dibujado por los anuncios de la Unter sobre un conflictivo comienzo de clases por el maltrato salarial.

Edgardo Montanaro, administrador del colegio San Patricio de Bariloche, refirió que este año se registra «un atraso en la rematriculación» y que el contexto del país «es muy complicado», de modo que son pocos los padres que están seguros en su trabajo y que pueden planificar la educación de sus hijos.

En Cipolletti, los colegios privados y en los públicos de gestión privada no registran «un gran aumento» de inscripciones como producto de la incertidumbre sobre lo que puede pasar el año próximo en el sistema educativo público rionegrino.

Máxime, cuando por esquemas propios de preinscipciones y continuidad de la misma población estudiantil escalando los diversos niveles los cupos estarían garantizados, aunque siempre quedan opciones para nuevos postulantes.

En cambio, fuentes locales del Consejo Provincial de Educación consideran que por la delicada situación económica de múltiples familias el sistema público podría verse sobresaturado el año entrante, pese a todos los problemas que soporta y que de seguro serán peores en el ciclo lectivo 2002. Y, ante esa hipótesis, en el caso específico de Cipolletti, la actual infraestructura no alcanzaría para albergar a todos los interesados. Por lo menos harían falta dos nuevos establecimientos, uno en la zona norte y otra en el área del barrio Don Bosco.

El Instituto Julio Krause es un tradicional colegio privado, sin subsidio oficial, y el Estación Limay es público de gestión privada que sí tiene aportes oficiales. Y son dos casos que pueden ejemplificar la situación.

En el Krause se dijo que si bien es prematuro aventurar un pronóstico para el año entrante, la institución tiene la suficiente infraestructura como para aumentar su matrícula, y que hay obviamente interesados.

En la actualidad hay unos 400 estudiantes, el colegio tiene niveles inicial, primario y medio, y las cuotas van desde los 100 a los 300 pesos.

Pese a que se firma un contrato con los padres que contempla lo pedagógico y la parte administrativa, es muy difícil que alguien quede desafectado por no cumplir las cuotas, dado que en un concepto que privilegia al alumno y otras variables siempre se buscan alternativas superadoras y de protección a la continuidad del estudiantado.

En Estación Limay -funciona como mutual educativa- la cuota es de 130 pesos, aparte de la societaria, que es de 100 pesos.

Y este establecimiento tiene el cupo prácticamente cubierto, por lo que serían muy contadas las inscripciones.

También son flexibles respecto al cumplimiento, porque -se dijo- se busca regularizar las situaciones de atraso, si las hubiera, con medidas concertadas.

La mora aquí es ínfima, el dos por ciento.

En el Instituto Fátima -religioso, público de gestión privada- la cuota no supera los 200 pesos y también tendrían allí garantizado el cupo para el ciclo 2002, aunque existen aún algunas disponibilidades.

En Roca, entretanto, los dos colegios privados que marcan tendencias -Instituto Nuevo Siglo y Escuela del Sur- no escapan a lo que pasa en el resto de la región.

La preocupación por la estabilidad laboral lleva a los padres a ser muy cautelosos a la hora de asumir un compromiso educativo, sostiene Elena de Diniello, de Nuevo Siglo. Este es un momento de consulta, acota Patricia de Chechile, de la Escuela del Sur. Y recién en febrero se terminan de decidir. «Es en ese momento cuando está más claro el año», concluyó.

(AR, AC y AB)

Alternativas para mejorar la oferta

Algunas alternativas que apuntan a seguir manteniendo la oferta educativa están barajando los institutos privados de la región.

En el caso de uno de los establecimientos privados con primaria y secundaria en Viedma, sus autoridades desdoblaron el turno ofreciéndole a los padres la posibilidad de que sus hijos puedan cursar en jornada simple para abaratar la cuota.

«El gran negocio de la escuela privada desapareció», comentó Liliana Arriaga, una de las responsables del establecimiento viedmense. Atribuyó la actual situación a la realidad social económica que atraviesa Viedma -lo que imposibilita a muchos estar al día con las cuotas- y el incremento de los aportes previsionales.

Por su parte, Diego Miguel, representante de otro colegio mencionó que «hay que agudizar el ingenio» para estimular la incorporación de alumnos como ofrecer más materias extracurriculares o actividades recreativas y deportivas.

Dentro de las complicaciones, señaló que un punto a favor de los institutos privados es cierta disminución en la calidad educativa pública en el ingreso al secundario. Indicó que en el caso específico del instituto que dirige se decidió no otorgar más vacantes por falta de espacio.

Efectos de la crisis

Los pocos privados que hay en Viedma nunca tuvieron subsidio del Estado a excepción de una entidad adventista que figura como escuela pública de gestión privada.

Su responsable, Norberto Zaragoza, indicó que «nosotros también estamos sufriendo las consecuencias de funcionar en una ciudad eminentemente administrativa, por lo tanto, como sólo nos envían unos 4.900 pesos mensuales para las maestras de grado, nosotros tuvimos que imponer una cuota promedio de 30 pesos para sostener las materias especiales». Indicó que «hemos hablado de la situación con los padres de alumnos y en algunos casos cuando no hemos podido becarlos, hicimos un convenio para que aporten de acuerdo a sus posibilidades». (AV)

La explosión que amenaza

Es cíclico. Ocurrió en el «91, en el «95 y ahora. Ante la posibilidad de que el ciclo lectivo del año siguiente no comience, un porcentaje de padres decide pasar a sus hijos de la escuela pública a la privada, como un modo de garantizarse educación.

Como en general las mensualidades a pagar escapan a los presupuestos familiares que manejan, algunos padres hacen cuentas de desembolso para el primer semestre; luego, dejan de pagar hasta fin de año. Así admiten en off quienes llevan las finanzas de los colegios privados. Por normas establecidas, nadie puede expulsar a un alumno porque deje de pagar la mensualidad. «Y así zafan el ciclo lectivo», razonan. «Son los autobecados», acepta una de las responsables de un colegio privado de Roca.

Ahora, ante la depresión económica, pareciera que esta cuestión cíclica se está terminando. Ante cuotas mensuales próximas a los $200 o más de $300 según el nivel y la escuela no son muchos los que van a poder pasar a sus hijos de la escuela pública a la privada. Al contrario: desde el Consejo Provincial de Educación se ve que ocurrirá lo contrario. Los nuevos pobres abarrotarán la educación estatal. Y esto será explosivo en más de un sentido. Habrá que esperar para ver.